La cafetería había quedado en silencio.
Demasiado silencio.
Paul seguía mirando hacia la puerta por donde James acababa de salir.
Las palabras de su tío no dejaban de repetirse en su cabeza.
“No están buscando a Victoria.”
“A ella.”
Elizabeth.
Paul giró lentamente hacia ella.
—¿Qué quiso decir?
Elizabeth no respondió.
No porque no quisiera.
Sino porque ella tampoco lo sabía.
Richard se acercó.
—Tenemos que cerrar.
Michael miró por la ventana.
—El automóvil negro sigue ahí.
Todos voltearon.
El vehículo estaba estacionado al otro lado de la calle.
—¿Desde cuándo? —preguntó Paul.
—Desde antes de que llegara James —respondió Michael.
Paul se acercó a la ventana.
El automóvil permaneció inmóvil.
—No hagan nada —dijo.
Michael frunció el ceño.
—¿Nada?
—Nada.
—Pero...
—Michael.
El tono de Paul hizo que guardara silencio.
—Primero necesitamos saber quién está dentro.
Richard tomó su teléfono.
—Voy a llamar a alguien.
Paul asintió.
Elizabeth permaneció junto al mostrador, inmóvil.
Emma se acercó a ella.
—¿Estás bien?
Elizabeth asintió.
—Sí.
—Mentira.
Elizabeth soltó una pequeña risa nerviosa.
—Un poco.
Emma la abrazó.
—No estás sola.
—Lo sé.
Paul escuchó aquello y se acercó.
—Elizabeth.
Ella levantó la mirada.
—¿Sí?
—Quiero que te vayas a casa.
Elizabeth frunció el ceño.
—No.
—Elizabeth...
—No voy a esconderme.
—No quiero que te pase nada.
—Y yo no quiero que tú te metas en esto solo.
Paul se quedó callado.
Ella tomó su mano.
—Estamos juntos en esto.
Paul suspiró.
—Está bien.
Michael levantó la mano.
—Yo también.
Richard lo miró.
—Nadie te preguntó.
—Pero aquí estoy.
Jack se acercó.
—Yo también me quedo.
Emma lo miró.
—Yo también.
Michael sonrió.
—Perfecto.
Richard negó con la cabeza.
—Esto va a terminar mal.
—¿Por qué? —preguntó Michael.
—Porque somos demasiados.
—O porque somos una familia muy divertida.
—Eso es precisamente lo preocupante.
Una hora después, el automóvil finalmente se marchó.
Richard recibió una llamada.
Escuchó atentamente.
—¿Y?
Colgó.
—Era un automóvil registrado a nombre de una empresa de seguridad.
Paul frunció el ceño.
—¿Seguridad de quién?
Richard negó.
—Eso es lo extraño.
—¿No aparece?
—La empresa existe, pero sus propietarios están ocultos detrás de otras sociedades.
Paul miró a Elizabeth.
—Esto se está complicando.
—Ya estaba complicado.
Michael levantó un dedo.
—Pero tenemos una ventaja.
Todos lo miraron.
—¿Cuál?
—James.
Paul asintió.
—Exacto.
—Sabemos que está asustado.
Richard corrigió:
—No sabemos si está asustado.
—Le temblaban las manos.
Richard lo miró.
—Eso sí lo vi.
Michael sonrió.
—Entonces está asustado.
Paul caminó hasta la mesa.
—Tenemos que averiguar por qué.
En ese momento, el teléfono de Paul comenzó a sonar.
Era James.
Todos guardaron silencio.
Paul respondió.
—¿Sí?
—Tenemos que hablar.
—¿Sobre qué?
—Sobre Elizabeth.
Paul miró hacia ella.
—Habla.
—No por teléfono.
—Entonces dime dónde.
James dudó.
—La vieja estación de tren.
—¿Cuándo?
—Ahora.
Paul no respondió inmediatamente.
Richard negó con la cabeza.
—No vayas solo.
Paul habló por teléfono.
—Voy.
—No.
La voz de Elizabeth hizo que todos la miraran.
Ella se acercó.
—No vas solo.
Paul tapó el micrófono.
—Es peligroso.
—Precisamente.
Richard intervino.
—Tiene razón.
Paul suspiró.
—James, iré con alguien.
—No.
—Entonces no voy.
Hubo unos segundos de silencio.
Finalmente James respondió:
—Está bien.
Paul colgó.
Michael tomó su chaqueta.
—Vamos.
Richard lo detuvo.
—Tú no.
—¿Por qué?
—Porque cuando dijiste que ibas a ayudarnos, pensé que era una metáfora.
Michael puso cara de ofendido.
—Me subestimas.
—Te conozco.
Jack se levantó.
—Voy con Paul.
Paul negó.
—No.
—¿Por qué?
—Porque necesito que alguien se quede con Elizabeth.
Jack miró a Emma.
Después miró a Elizabeth.
—Entendido.
Michael levantó la mano.
—Yo puedo quedarme.
Todos dijeron al mismo tiempo:
—¡No!
Michael cruzó los brazos.
—Qué familia tan poco agradecida.
La vieja estación estaba casi abandonada.
Paul llegó acompañado de Richard.
James ya estaba allí.
Estaba de pie junto a las vías antiguas.
Cuando los vio, negó con la cabeza.
—Te dije que vinieras solo.
Paul se acercó.
—Y yo te dije que no confío en ti.
James aceptó la respuesta con una sonrisa amarga.
—Bien.
Richard permaneció unos pasos detrás.
—Habla.
James miró a Paul.
—Tu madre sabía la verdad.
Paul se quedó inmóvil.
—¿Qué verdad?
—Sobre Elizabeth.
—¿Qué tiene que ver mi madre?
James respiró profundamente.
—Mucho.
—Explícate.
—La familia de Elizabeth no es quien tú crees.
Paul sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué significa eso?
James bajó la voz.
—Ella no es simplemente la dueña de una cafetería.
Richard cerró los ojos.
—Lo sabía.
Paul giró hacia él.
—¿Tú lo sabías?
Richard levantó las manos.
—No exactamente.
—¿Entonces qué sabes?
James intervino.
—La familia de Elizabeth estuvo relacionada con una de las mayores empresas financieras que manejaron el dinero de los Harrison.
Editado: 30.09.2026