La oscuridad dentro de la antigua casa Harrison parecía haberse vuelto más pesada.
Nadie respiraba con normalidad.
Paul mantenía la mano de Elizabeth entre las suyas. Podía sentir que ella temblaba ligeramente, pero no la soltó.
Richard permanecía cerca de la entrada del salón, atento a cualquier movimiento.
Michael, por primera vez desde que habían entrado a la casa, no tenía ningún comentario gracioso.
Jack estaba junto a Emma.
James sostenía el teléfono con fuerza, mirando hacia el pasillo.
Y Margaret permanecía inmóvil.
Había reconocido aquella voz.
—Nunca debieron abrir esa puerta.
La frase volvió a resonar desde el pasillo.
Paul dio un paso hacia adelante.
—¿Quién eres?
No hubo respuesta.
Solo se escuchó un crujido.
Como si alguien hubiera pisado una de las viejas tablas del suelo.
Elizabeth apretó la mano de Paul.
—Paul...
—Estoy aquí.
—No quiero que vayas solo.
Paul la miró.
En otras circunstancias, aquella mirada habría bastado para que sonriera.
Pero no aquella noche.
—No voy a dejarte.
Richard se acercó.
—Nadie va a ir solo.
Michael levantó lentamente una lámpara que había encontrado sobre una mesa.
—Bueno... oficialmente retiro todas las bromas que hice sobre esta casa.
Jack lo miró.
—¿Todas?
—Casi todas.
—Eso no me tranquiliza.
Emma le dio un pequeño golpe en el brazo.
—Cállate.
—Estoy intentando mantener el ambiente ligero.
—Pues no lo estás consiguiendo.
Michael tragó saliva.
—Lo sé.
Paul volvió a mirar hacia el pasillo.
—Sal.
Silencio.
Entonces una sombra cruzó rápidamente al fondo.
Richard reaccionó.
—¡Ahí!
Los tres hermanos avanzaron.
—¡Esperen! —gritó Elizabeth.
Pero ya era tarde.
Paul corrió detrás de ellos.
Llegaron a una pequeña sala.
Vacía.
La ventana estaba abierta.
La cortina se movía con el viento.
Michael levantó la lámpara.
—No hay nadie.
Richard revisó la ventana.
—Acaba de salir.
Paul miró hacia el exterior.
—¿Lo viste?
—Solo una sombra.
James llegó detrás de ellos.
Estaba pálido.
—No era necesario perseguirlo.
Richard se volvió.
—¿Qué significa eso?
James cerró los ojos durante un instante.
—Significa que si esa persona está aquí, probablemente quería que la encontráramos.
Michael frunció el ceño.
—Eso no tiene ningún sentido.
—Precisamente.
Paul lo miró con dureza.
—¿Lo conoces?
James tardó demasiado en responder.
—No.
Richard dio un paso hacia él.
—Mentira.
—Richard...
—¡No vuelvas a decirnos que no sabes nada!
James bajó la mirada.
—No sé quién es.
—Pero sabes que podía estar aquí.
James guardó silencio.
Paul se acercó.
—James.
Su tío levantó los ojos.
—¿Qué?
—Mi madre.
James palideció.
—¿Qué pasa con ella?
—Margaret acaba de decir que mi padre ordenó el asesinato del padre de Elizabeth.
El silencio cayó nuevamente.
James miró a Margaret.
Después a Elizabeth.
Finalmente a Paul.
—Eso no es exactamente lo que dijo.
Elizabeth dio un paso hacia él.
—¿Entonces qué quiso decir?
Margaret respondió antes que James.
—Dije que pertenecía a la familia Harrison.
Paul miró a su madre.
—¿Y estás segura?
Margaret respiró profundamente.
—Estoy segura de lo que me dijeron.
—Eso no responde mi pregunta.
Margaret bajó la mirada.
—No.
Paul se quedó inmóvil.
Elizabeth lo observó con preocupación.
—Mamá...
Margaret se acercó.
—Elizabeth, yo no vi a Alexander ordenar nada.
Paul soltó el aire lentamente.
—Entonces ¿por qué dijiste su nombre?
Margaret tardó unos segundos.
—Porque fue la última persona de la familia Harrison que habló con tu padre antes de que muriera.
Elizabeth sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—¿Mi padre conocía a Alexander?
—Sí.
Paul miró a James.
—¿Tú también lo sabías?
James no respondió.
—¡James!
—Sí.
Richard cerró los ojos.
—Dios mío...
Michael levantó una mano.
—Antes de que alguien diga algo más... ¿podemos establecer una regla?
Todos lo miraron.
—¿Qué regla?
Michael señaló el pasillo.
—Que nadie vuelva a ocultar nada.
Richard suspiró.
—Michael...
—No, hablo en serio.
Michael dejó la lámpara sobre una mesa.
—Llevamos horas descubriendo secretos familiares como si estuviéramos abriendo regalos de Navidad. Y cada uno es peor que el anterior.
Jack asintió.
—Tiene un punto.
Emma lo miró.
—No te acostumbres.
Michael continuó:
—Primero resulta que Elizabeth es heredera de algo enorme. Luego que Catherine sabía cosas. Después que hay un acuerdo secreto. Después que existe una puerta sin número. Después que Margaret fue secuestrada. Después aparece un abogado misterioso. Y ahora resulta que el padre de Elizabeth fue asesinado y posiblemente está involucrado alguien de la familia Harrison.
Miró a todos.
—Yo ya ni siquiera quiero saber qué hay en el sótano.
Jack levantó la mano.
—Yo tampoco.
Michael señaló a James.
—Así que, por favor, si alguien sabe que debajo de esta casa hay un túnel lleno de cadáveres, este es el momento perfecto para mencionarlo.
Emma se tapó la boca para no reír.
Elizabeth, a pesar de todo, soltó una pequeña carcajada nerviosa.
Paul la miró.
Y durante unos segundos, el miedo pareció disminuir.
—Gracias —murmuró Elizabeth.
Michael sonrió.
—Para eso estoy.
Richard negó con la cabeza.
—No sé cómo puedes hacer bromas ahora.
Editado: 30.09.2026