Un mes para enamorarse

Capitulo 21. El hombre que no existía

La fotografía permanecía sobre la mesa.

Nadie se atrevía a tocarla.

Richard la miraba fijamente.

Michael también.

Jack se inclinó para verla mejor.

Emma permanecía detrás de ellos.

—Entonces... —murmuró Jack— tenemos un Michael que no existe.

Michael levantó una ceja.

—Eso suena bastante mal.

—¿Por qué?

—Porque yo también me llamo Michael.

Jack lo miró.

—Precisamente.

Michael se quedó pensativo.

—No me gusta compartir nombre con un fantasma.

Emma soltó una pequeña risa.

—No creo que sea un fantasma.

—Después de esta noche ya no descarto nada.

Richard tomó la fotografía.

—Tenemos que enseñársela a Paul.

Michael asintió.

—Sí.

Pero antes de que pudieran moverse, el teléfono de Richard vibró.

Era Paul.

—¿Dónde están? —preguntó Richard.

—Dentro de la casa.

—Encontramos algo.

Paul guardó silencio.

—Nosotros también.

—¿Qué?

Richard miró a Michael.

—Una fotografía.

—¿De quién?

Richard dudó.

—De un hombre llamado Michael Harrison.

Hubo silencio.

—¿Qué?

—Eso mismo dijimos nosotros.

Paul respondió rápidamente:

—Entren.

Dentro de la casa, Paul había colocado los documentos sobre el escritorio.

Elizabeth estaba sentada junto a Gabriel.

Ella no podía dejar de mirarlo.

Era su padre.

Después de tantos años.

Después de haber llorado su muerte.

Después de haber aprendido a vivir con su ausencia.

Ahora estaba frente a ella.

Vivo.

Y, sin embargo, había algo que la atormentaba.

—Papá.

Gabriel levantó la mirada.

—¿Sí?

—¿Por qué nunca regresaste?

Gabriel respiró profundamente.

—Porque cada vez que intentaba acercarme, alguien me hacía saber que sabía dónde estabas.

Elizabeth bajó la mirada.

—¿Me vigilaban?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde que eras niña.

Paul apretó los puños.

—¿Quién?

Gabriel negó.

—No lo sé.

Paul se puso de pie.

—Todos dicen lo mismo.

Gabriel lo miró.

—Porque esa es la verdad.

—Alguien sabe.

—Sí.

—¿Quién?

Gabriel señaló la carpeta.

—La persona que escribió esto.

Paul tomó la hoja.

—¿Catherine?

—Sí.

—Entonces ella sabía quién estaba detrás de todo.

—Sabía una parte.

Elizabeth preguntó:

—¿Y tú?

Gabriel la miró.

—Yo descubrí otra.

—¿Cuál?

Gabriel tomó la fotografía.

—El acuerdo nunca fue solamente financiero.

Paul se acercó.

—¿Qué era?

Gabriel señaló el documento.

—Era una forma de proteger a una persona.

Elizabeth frunció el ceño.

—¿A quién?

Gabriel la miró directamente.

—A ti.

Elizabeth se quedó inmóvil.

—¿Por qué?

—Porque tu padre y Catherine descubrieron que alguien quería utilizar tu identidad para obtener el control de ciertas propiedades.

Paul preguntó:

—¿Qué propiedades?

Gabriel señaló otra hoja.

—Tierras.

—¿De quién?

—De tu abuelo.

Elizabeth se sorprendió.

—¿Mi abuelo tenía tierras?

Gabriel sonrió ligeramente.

—Tenía mucho más que eso.

Paul miró los documentos.

—Entonces la herencia...

—Es mucho más grande de lo que imaginan.

Elizabeth cerró los ojos.

—Yo nunca quise nada de eso.

Gabriel tomó su mano.

—Lo sé.

—Solo quería mi cafetería.

—Y por eso te protegimos.

Paul sonrió.

—Eso no va a cambiar quién es Elizabeth.

Gabriel lo miró.

—Espero que no.

Entonces Richard entró acompañado por Michael, Jack y Emma.

—Tenemos algo.

Paul levantó la cabeza.

—¿Qué?

Richard dejó la fotografía sobre la mesa.

Gabriel la vio.

Y se quedó completamente inmóvil.

Paul lo notó.

—¿Lo conoces?

Gabriel tardó varios segundos en responder.

—Sí.

Michael dio un paso adelante.

—¿Quién es?

Gabriel tocó la fotografía.

—Michael Harrison.

Michael levantó una ceja.

—Sí, eso ya lo sabemos.

Gabriel lo miró.

—No.

—¿No?

—Ustedes creen que Michael Harrison era una persona.

Todos quedaron en silencio.

Gabriel continuó:

—No era una sola persona.

Paul frunció el ceño.

—Explícate.

Gabriel tomó aire.

—“Michael Harrison” era un nombre utilizado para ocultar la identidad del verdadero custodio del acuerdo.

Richard preguntó:

—¿Quién?

Gabriel negó.

—Nunca supe su verdadero nombre.

Michael cruzó los brazos.

—Entonces ¿por qué utilizaron mi nombre?

Gabriel lo miró.

—Porque tú no existías cuando se creó el nombre.

Michael se quedó callado.

Jack abrió la boca.

—Eso sí que es raro.

Emma le dio un pequeño golpe.

—No ayudes.

Gabriel continuó:

—El nombre apareció por primera vez en documentos hace casi treinta años.

Paul preguntó:

—¿Y qué hacía?

—Firmaba.

—¿Qué firmaba?

—Transferencias.

Richard tomó la fotografía.

—¿Transferencias de qué?

Gabriel señaló los documentos.

—De las propiedades que forman parte del acuerdo 17-B.

Elizabeth abrió los ojos.

—Entonces quien tenía ese nombre controlaba mi herencia.

Gabriel asintió.

—Durante un tiempo.

Paul preguntó:

—¿Y después?

Gabriel miró a Elizabeth.

—Después pasó a tu padre.

Ella se quedó inmóvil.

—¿A mí?

—Sí.

Michael señaló la fotografía.

—Entonces este hombre...

Gabriel lo interrumpió.

—No es necesariamente el custodio actual.

—¿Entonces?

—Puede ser quien intentó recuperar el acuerdo.

Paul observó la fotografía.

—¿Cómo sabes que es la misma persona?

Gabriel señaló el reloj que llevaba el hombre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.