El disparo retumbó por toda la casa.
Durante un instante, nadie entendió lo que había ocurrido.
Después llegó el grito de Paul.
—¡ELIZABETH!
Se arrodilló junto a ella.
La oscuridad era casi absoluta.
—¡Enciendan las luces!
Richard corrió hacia el interruptor.
Nada.
—¡No funcionan!
Michael sacó su teléfono y encendió la linterna.
—¡Aquí!
El haz de luz iluminó el suelo.
Elizabeth estaba de rodillas.
Pero no había sangre.
Paul la tomó por los hombros.
—¿Estás herida?
Ella respiró agitadamente.
—No... creo que no.
Paul la revisó rápidamente.
—¿Estás segura?
—Sí.
Entonces todos escucharon un gemido.
El hombre desconocido estaba apoyado contra una mesa.
Tenía una mano sobre el hombro.
Había sangre entre sus dedos.
Richard levantó la mirada.
—¡Le dispararon a él!
Jack soltó el aire.
—Dios mío.
Michael miró hacia el pasillo.
—Entonces alguien más está aquí.
Gabriel reaccionó inmediatamente.
—¡Al suelo!
Todos se agacharon.
Un segundo disparo atravesó una ventana.
El cristal explotó.
Emma gritó.
Jack la cubrió con su cuerpo.
Paul abrazó a Elizabeth.
Richard empujó a Michael detrás de una columna.
—¡No se muevan!
Un tercer disparo.
Esta vez contra el techo.
La casa quedó nuevamente en silencio.
Paul susurró:
—¿Dónde está?
Richard miró hacia la ventana rota.
—No lo sé.
Gabriel se acercó al hombre herido.
—¿Puedes levantarte?
El desconocido asintió con dificultad.
—Sí.
Gabriel lo ayudó.
—¿Quién te disparó?
El hombre respiró con dificultad.
—El mismo que lleva años intentando borrar esta historia.
Paul se acercó.
—¿Quién?
El hombre lo miró.
—Todavía no.
Paul apretó los dientes.
—¡Acabas de recibir un disparo!
—Precisamente.
El hombre miró a Elizabeth.
—Ahora saben que estoy vivo.
Elizabeth frunció el ceño.
—¿Quién eres realmente?
El hombre respiró profundamente.
—Mi nombre es Mateo Harrison.
Michael abrió los ojos.
—¿Mateo?
El hombre asintió.
—Mateo Harrison.
Richard preguntó:
—¿Y por qué utilizaste el nombre Michael?
Mateo sonrió con amargura.
—Porque Michael Harrison era el nombre que aparecía en los documentos.
Michael se señaló a sí mismo.
—Qué conveniente.
Mateo lo miró.
—No tenía nada que ver contigo.
—Me alegra.
—Aunque debo admitir que tu nombre complicó las cosas.
Michael frunció el ceño.
—¿Cómo?
—Cuando naciste, algunas personas creyeron que eras el heredero que aparecía en ciertos documentos.
Michael abrió la boca.
—¿Yo?
Jack murmuró:
—Esto se está poniendo raro incluso para nosotros.
Emma asintió.
—Muchísimo.
Paul no apartaba la mirada de Mateo.
—Quiero saberlo todo.
Mateo negó.
—No aquí.
—¿Por qué?
Mateo miró hacia la ventana.
—Porque quien disparó todavía está cerca.
Richard tomó el teléfono.
—Voy a llamar a la policía.
Mateo lo detuvo.
—No.
Richard se volvió.
—¿Por qué?
—Porque hay policías que trabajan para él.
Todos quedaron en silencio.
Richard bajó lentamente el teléfono.
—¿Estás diciendo que la policía está involucrada?
Mateo negó.
—No toda.
—¿Algunos?
—Sí.
Paul miró a James.
—¿Tú sabías esto?
James negó.
—No.
Mateo soltó una pequeña risa.
—James siempre supo menos de lo que creía.
James se acercó.
—No empieces.
Mateo lo miró.
—Tú escondiste documentos.
—Para proteger a Paul.
—Y casi destruyes el acuerdo.
James bajó la mirada.
—Lo sé.
Elizabeth intervino.
—¡Basta!
Todos la miraron.
Ella se puso de pie.
—Llevamos años hablando de secretos como si mi vida fuera un tablero.
Miró a Mateo.
—Yo soy la persona que quieren proteger o utilizar.
Después miró a Gabriel.
—Yo soy la hija que todos decidieron mantener en la oscuridad.
Miró a Margaret.
—Yo soy la niña a la que le dijeron que su padre estaba muerto.
Finalmente miró a Paul.
—Y él es el hombre que amo y que ahora está atrapado en una guerra familiar que ni siquiera provocó.
Paul se acercó.
—Elizabeth...
Ella tomó su mano.
—Ya no quiero secretos.
Mateo la observó durante unos segundos.
Finalmente asintió.
—Entonces te diré la verdad.
Se sentó.
Gabriel permaneció de pie junto a él.
Mateo comenzó:
—Hace treinta años, tu abuelo Harrison y tu abuelo materno tenían negocios juntos.
Elizabeth escuchó atentamente.
—Ambos habían construido una estructura empresarial enorme.
Paul preguntó:
—Harrison Group.
Mateo asintió.
—Entre otras empresas.
—¿Y el acuerdo 17-B?
—Fue creado para proteger una parte específica de ese patrimonio.
Elizabeth preguntó:
—¿Por qué?
Mateo miró a Gabriel.
—Porque descubrieron que alguien dentro de las empresas estaba desviando dinero y transfiriendo propiedades.
—¿Quién?
—Todavía no puedo darte un nombre.
Paul frunció el ceño.
—¿Por qué?
Mateo respondió:
—Porque no tengo pruebas suficientes.
Richard preguntó:
—Entonces ¿qué sabes?
Mateo miró a Elizabeth.
—Sé que tu padre no murió en un accidente.
Elizabeth respiró profundamente.
—Eso ya lo sabemos.
—Sé que Catherine murió intentando descubrir quién había dado la orden.
—También lo sabemos.
Mateo negó.
—No.
Todos lo miraron.
—No saben lo más importante.
Paul preguntó:
—¿Qué?
Editado: 30.09.2026