Un mes para enamorarse

Capitulo 27. La nerdad detrás del nombre

—¡CATHERINE!

Elizabeth cayó de rodillas junto a ella.

Paul se lanzó hacia la puerta mientras James empujaba a Gabriel contra la pared.

—¡Abajo!

Otro disparo atravesó el pasillo.

¡PUM!

El cristal de una ventana estalló.

—¡Todos al suelo! —gritó Paul.

Elizabeth abrazó a Catherine.

—¡Tía!

Catherine respiraba.

Débilmente, pero respiraba.

Elizabeth miró su vestido.

No había sangre.

—Paul...

Paul regresó rápidamente.

—¿Está herida?

Catherine abrió los ojos.

—No...

Elizabeth la observó confundida.

—¿No?

Catherine levantó lentamente una mano.

Debajo de su ropa llevaba un pequeño chaleco protector.

Paul soltó el aire que había estado conteniendo.

—¿Estás bien?

Catherine asintió.

—El disparo fue al chaleco.

James miró hacia el pasillo.

—Entonces el tirador quería asustarnos.

Catherine negó.

—No.

Todos la miraron.

—Quería que pareciera que me había matado.

Gabriel comprendió.

—Para que abandonáramos la búsqueda.

Catherine asintió.

—Exactamente.

Paul la ayudó a levantarse.

—¿Puedes caminar?

—Sí.

Elizabeth la abrazó.

Catherine se quedó inmóvil durante unos segundos.

Después correspondió al abrazo.

—Lo siento.

Elizabeth comenzó a llorar.

—¿Por qué nunca regresaste?

Catherine cerró los ojos.

—Porque volver significaba ponerlos a todos en peligro.

—¿Y ahora?

Catherine miró hacia el pasillo.

—Ahora el peligro ya está aquí.

James cerró todas las puertas.

—Tenemos que salir.

Catherine negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque están esperando que lo hagamos.

Paul observó el edificio.

—¿Hay otra salida?

Catherine asintió.

—Sí.

—¿Dónde?

—Por debajo.

Gabriel frunció el ceño.

—¿El túnel?

Catherine lo miró.

—Todavía existe.

Paul abrió los ojos.

—¿Qué túnel?

James respondió:

—El antiguo acceso que conectaba esta empresa con el edificio de archivos.

Michael habría hecho algún comentario.

Pero no estaba allí.

Y por primera vez, Paul echó de menos su humor.

Catherine condujo al grupo hasta una puerta oculta detrás de una estantería.

Introdujo una llave.

La puerta se abrió.

Un túnel oscuro apareció frente a ellos.

Elizabeth miró hacia dentro.

—¿Esto existe desde hace cuánto?

Catherine respondió:

—Desde antes de que nacieras.

Paul tomó la mano de Elizabeth.

—Vamos.

Gabriel se quedó atrás.

Catherine lo miró.

—¿Qué haces?

—No puedo ir.

—Gabriel...

—No.

Gabriel señaló el pasillo.

—Si alguien nos sigue, alguien tiene que distraerlo.

Elizabeth negó.

—Papá, no.

Gabriel se acercó a ella.

—Escúchame.

—No quiero.

—Tu madre y yo hemos cometido muchos errores.

Elizabeth lo miró con lágrimas en los ojos.

—Entonces no cometas otro.

Gabriel sonrió tristemente.

—Por eso precisamente debo ir contigo.

Catherine intervino:

—Tiene razón.

Gabriel la miró.

—¿Tú también?

—Sí.

—¿Por qué?

Catherine respondió:

—Porque esta vez no vamos a separarnos.

El túnel desembocó en una antigua habitación de archivos.

Había cientos de cajas.

Paul miró alrededor.

—¿Aquí guardaban documentos?

Catherine asintió.

—Los originales.

Elizabeth sintió un escalofrío.

—¿Del acuerdo?

—Sí.

James se acercó.

—Entonces el acuerdo podría seguir aquí.

Catherine negó.

—No.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque alguien lo robó.

Paul preguntó:

—¿Quién?

Catherine lo miró.

—Tu abuelo.

Paul quedó inmóvil.

—¿Mi abuelo?

Catherine asintió.

—Él sabía que Héctor intentaría tomarlo.

Gabriel intervino:

—Pero no lo destruyó.

—No.

—Entonces ¿dónde está?

Catherine miró a Elizabeth.

—Tu padre lo escondió.

Elizabeth abrió los ojos.

—¿Mi padre?

—Sí.

—¿Y tú sabías dónde?

Catherine negó.

—No.

Paul frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué dijiste que tu hermano lo tenía?

—Porque mi hermano tenía una copia.

James intervino:

—Alexander.

Catherine asintió.

—Sí.

Elizabeth se apoyó contra una caja.

—Todo vuelve a mi padre.

Catherine la observó.

—Porque él estuvo intentando protegerte.

—Pero todos me ocultaron cosas.

—Sí.

—Todos.

Catherine bajó la mirada.

—Sí.

Elizabeth respiró profundamente.

—Quiero saberlo todo.

Catherine asintió.

—Entonces escucha.

Se sentaron alrededor de una vieja mesa.

Catherine comenzó:

—Hace veintinueve años, descubrimos que alguien estaba utilizando las empresas de nuestras familias para transferir propiedades y dinero.

Paul preguntó:

—Héctor.

—Sí.

—¿Y el acuerdo?

—Fue creado para detenerlo.

Gabriel agregó:

—Pero Héctor no trabajaba solo.

Elizabeth miró a su padre.

—¿Quién estaba con él?

Gabriel respondió:

—Alguien dentro de la familia.

Catherine asintió.

—Una persona que tenía acceso a todos los documentos.

James preguntó:

—¿Quién?

Catherine miró a James.

—Tu padre.

James quedó paralizado.

—¿Mi padre?

—Sí.

—Eso no tiene sentido.

—Él no era el responsable.

James respiró.

—Entonces ¿qué hizo?

—Entregó información.

Paul frunció el ceño.

—¿A Héctor?

Catherine negó.

—A alguien que decía trabajar para nosotros.

Elizabeth preguntó:

—¿Quién?

Catherine respondió:

—El abogado.

Todos quedaron en silencio.

James parecía confundido.




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