Un mes para enamorarse

Capitulo 28. El hombre detrás de la puerta

Elizabeth no podía apartar la mirada de la fotografía.

Margaret estaba sentada en una silla.

Tenía las manos atadas.

Frente a ella estaba el hombre que todos habían creído muerto.

Adrián.

Pero había algo más.

En el fondo de la fotografía se veía una pared de piedra.

Una ventana.

Y una vieja lámpara.

Elizabeth conocía aquel lugar.

—No...

Paul tomó el teléfono.

—¿Qué pasa?

Elizabeth señaló la fotografía.

—Sé dónde están.

Todos se acercaron.

Richard, que acababa de regresar con Michael, miró la imagen.

—¿Dónde?

Elizabeth respondió:

—La antigua casa de mi padre.

Gabriel palideció.

—No.

—Sí.

—Elizabeth, esa casa fue abandonada hace años.

—Lo sé.

Catherine observó la fotografía.

—No está abandonada.

Todos la miraron.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Paul.

Catherine señaló la lámpara.

—Esa lámpara estaba en el sótano.

Gabriel negó.

—El sótano fue sellado.

Daniel intervino:

—No.

Gabriel se volvió.

—¿Qué?

—Solo sellaron la entrada principal.

Daniel miró a Elizabeth.

—Hay otra entrada.

Elizabeth recordó algo.

—La puerta que no tiene número.

Paul la miró.

—La misma.

Catherine asintió.

—Exactamente.

Héctor seguía en el túnel.

Su presencia había convertido el aire en algo pesado.

Paul dio un paso hacia él.

—¿Dónde está Margaret?

Héctor respondió:

—A salvo.

—Eso no parece estar a salvo.

—Está viva.

Elizabeth intervino:

—Quiero hablar con ella.

Héctor sonrió.

—Lo harás.

—Ahora.

—Cuando llegue el momento.

—¡No eres tú quien decide!

Héctor soltó una pequeña carcajada.

—Elizabeth, llevamos décadas esperando que alguien como tú dijera exactamente eso.

Ella frunció el ceño.

—¿Alguien como yo?

—La heredera.

Paul se colocó delante.

—No vuelvas a llamarla así.

Héctor lo miró.

—Tú eres el problema.

Paul arqueó una ceja.

—¿Yo?

—Sí.

—¿Por qué?

—Porque Elizabeth debía estar sola.

Paul tomó la mano de Elizabeth.

—Ya no lo está.

Héctor suspiró.

—Eso complica todo.

Daniel intervino:

—Héctor, se acabó.

Héctor lo miró.

—Tú no estás en posición de decirme eso.

—Conozco la verdad.

—Conoces una parte.

—Más que tú.

Héctor sonrió.

—No.

Miró a Elizabeth.

—La persona que buscas no soy yo.

Elizabeth sintió un escalofrío.

—Entonces ¿quién?

Héctor se acercó un poco.

—La persona que abrió aquella puerta.

Clara dio un paso.

—Yo entregué la llave.

Héctor la miró.

—Y tú sabes perfectamente a quién se la diste.

Clara palideció.

—Sí.

Elizabeth la observó.

—¿A quién?

Clara cerró los ojos.

—No puedo.

—¡Clara!

—Porque si digo su nombre...

—¿Qué?

Clara abrió los ojos.

—Tendremos que aceptar que alguien de nuestra familia nos ha mentido durante todos estos años.

El silencio fue absoluto.

Paul miró a Gabriel.

Gabriel miró a Catherine.

Catherine miró a Daniel.

James observaba a todos.

Richard fue el primero en hablar.

—¿Estamos hablando de alguien que está aquí?

Clara no respondió.

Michael se cruzó de brazos.

—Eso no me gusta.

Jack levantó una mano.

—A mí tampoco.

Emma lo miró.

—¿Por qué?

—Porque cuando alguien dice "alguien de nuestra familia", normalmente significa que uno de nosotros está a punto de descubrir que tiene un hermano secreto.

Michael lo miró.

—No bromees con eso.

Jack tragó saliva.

—Perdón.

—Ya tenemos suficientes hermanos secretos.

Paul volvió a mirar a Héctor.

—¿Tú secuestraste a Margaret?

—No.

—¿Entonces quién?

Héctor sonrió.

—La persona que la llevó hasta mí.

Elizabeth frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que yo no necesito secuestrar a nadie.

—¿Por qué?

—Porque tengo gente que lo hace por mí.

Paul apretó los puños.

—Dime dónde está.

Héctor sacó un teléfono.

—Puedo demostrarte que está viva.

Marcó.

La pantalla apareció.

Margaret estaba sentada.

Elizabeth dio un paso.

—¡Mamá!

Margaret levantó la cabeza.

—Elizabeth...

—¡Mamá!

Héctor sonrió.

—No te preocupes. Puede escucharte.

Elizabeth se acercó a la pantalla.

—¿Estás bien?

Margaret asintió.

—Sí.

—¿Te hicieron daño?

—No.

—¿Dónde estás?

Margaret miró a un lado.

Su expresión cambió.

Elizabeth lo notó.

—Mamá, ¿qué pasa?

Margaret respondió:

—No vengas.

—¿Qué?

—No vengas aquí.

—¿Por qué?

Margaret comenzó a llorar.

—Porque ya sé quién fue.

Elizabeth sintió un escalofrío.

—¿Quién?

Margaret miró directamente a la cámara.

—Tu padre no fue asesinado por un enemigo.

Silencio.

—Fue asesinado por alguien que él amaba.

La transmisión se cortó.

Elizabeth quedó inmóvil.

Paul la abrazó.

—Estoy aquí.

Ella no respondió.

Gabriel estaba pálido.

—No puede ser.

Catherine lo miró.

—Sí puede.

—¿Tú sabes quién?

Catherine negó.

—No.

Daniel intervino:

—Yo sí.

Todos se volvieron hacia él.

Paul preguntó:

—¿Quién?

Daniel miró a Elizabeth.

—Pero antes necesito que entiendas algo.

—¿Qué?

—La persona que mató a tu padre no lo hizo por odio.

Elizabeth frunció el ceño.

—Entonces ¿por qué?

—Porque creyó que estaba salvando a alguien.

Gabriel cerró los ojos.

—No...

Elizabeth lo miró.

—Papá.




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