Un mes para enamorarse

Capitulo 30. La verdad que nació con ella

Elizabeth no podía hablar.

La mujer permanecía frente a ella.

Tranquila.

Demasiado tranquila.

Como si acabara de revelar algo insignificante.

Pero para Elizabeth aquellas palabras habían destruido todo lo que creía saber sobre su vida.

—¿Qué acabas de decir? —preguntó finalmente.

La mujer sonrió con tristeza.

—Que yo fui quien te entregó a Margaret cuando naciste.

Margaret no estaba allí.

Y Elizabeth sintió una necesidad desesperada de verla.

—¿Quién eres realmente?

La mujer bajó la mirada.

—Mi nombre es Beatrice.

Gabriel dio un paso atrás.

—Beatrice...

Ella lo miró.

—Hola, Gabriel.

—No debiste venir.

—Ya era hora.

Catherine se acercó.

—¿Dónde está Margaret?

Beatrice respondió:

—A salvo.

Elizabeth apretó los puños.

—Eso no responde mi pregunta.

Beatrice la miró.

—Tu madre está en la casa antigua.

Paul frunció el ceño.

—¿La secuestraste?

—No.

—Entonces ¿cómo terminó allí?

Beatrice respondió:

—Porque necesitaba que todos regresaran al lugar donde comenzó la mentira.

Elizabeth sintió un escalofrío.

—¿Qué mentira?

Beatrice respiró profundamente.

—La mentira sobre tu nacimiento.

Gabriel se acercó.

—Ya basta.

Beatrice lo miró.

—No puedes seguir ocultándolo.

—Lo hice para protegerla.

—Y ahora ella tiene veintinueve años y está rodeada de personas que quieren utilizarla.

Elizabeth levantó la voz.

—¡Dejen de hablar como si yo no estuviera aquí!

Todos guardaron silencio.

Elizabeth miró primero a Gabriel.

Después a Catherine.

Finalmente a Beatrice.

—Quiero saber quién soy.

Beatrice asintió.

—Entonces te lo contaré.

Paul tomó la mano de Elizabeth.

—No estás sola.

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

—Lo sé.

Beatrice observó ese gesto.

—Tu padre biológico se llamaba Andrés Valdés.

Héctor quedó inmóvil.

—No...

Beatrice lo miró.

—Sí.

—Andrés murió.

—Eso fue lo que hicieron creer.

Elizabeth sintió que el corazón le latía con fuerza.

—¿Andrés Valdés?

Beatrice asintió.

—Era el hermano menor de Héctor.

Héctor dio un paso.

—No puede ser.

Beatrice respondió:

—Andrés fue quien descubrió primero el fraude.

Gabriel añadió:

—Y fue quien encontró el acuerdo.

Elizabeth miró a Gabriel.

—¿Y tú?

Gabriel bajó la cabeza.

—Yo era su amigo.

—¿Y aceptaste hacerte pasar por mi padre?

—No.

Gabriel levantó la mirada.

—Nunca fingí ser tu padre.

Elizabeth frunció el ceño.

—Pero todos me dijeron que eras mi padre.

Gabriel respondió:

—Porque Margaret quería protegerte.

Beatrice intervino:

—Y porque Andrés desapareció antes de que pudieran decirte la verdad.

Elizabeth sintió lágrimas en los ojos.

—¿Entonces mi padre biológico está vivo?

Beatrice tardó en responder.

—Sí.

El silencio fue absoluto.

Paul apretó la mano de Elizabeth.

—¿Dónde está?

Beatrice miró a Héctor.

—Eso es lo que él lleva treinta años intentando descubrir.

Héctor negó.

—No.

—Sí.

—Yo sé que Andrés murió.

Beatrice respondió:

—Tú nunca viste el cuerpo.

Héctor quedó paralizado.

Catherine se acercó.

—¿Por qué nadie me dijo esto?

Beatrice respondió:

—Porque tú también estabas siendo vigilada.

—¿Por quién?

—Por Samuel.

James intervino:

—Entonces Samuel sabía que Andrés estaba vivo.

Beatrice asintió.

—Sí.

Elizabeth preguntó:

—¿Y por eso mataron a mi padre?

Beatrice negó.

—No.

—Entonces ¿qué ocurrió?

Beatrice miró a Clara.

—La noche en que Gabriel debía llevarte lejos, Andrés regresó.

Clara cerró los ojos.

—Yo no lo sabía.

—Nadie lo sabía.

Elizabeth preguntó:

—¿Qué pasó?

Beatrice respondió:

—Andrés había descubierto que alguien dentro de la familia había vendido información sobre el acuerdo.

Paul preguntó:

—¿A quién?

—A Samuel.

James apretó los puños.

—¿Quién?

Beatrice respondió:

—La persona que administraba las cuentas.

Gabriel negó.

—No.

Beatrice lo miró.

—Sí.

—Eso no puede ser.

—Lo viste con tus propios ojos.

Gabriel quedó en silencio.

Elizabeth lo miró.

—¿Quién era?

Beatrice respiró profundamente.

—El hombre que llevaba años controlando las finanzas de ambas familias.

Paul preguntó:

—¿Su nombre?

Beatrice respondió:

—Richard Black.

James frunció el ceño.

—¿El hermano de Samuel?

—Sí.

James se quedó inmóvil.

—Entonces había dos.

Beatrice asintió.

—Dos hermanos.

Elizabeth comprendió.

—Samuel manejaba los documentos.

—Y Richard manejaba el dinero.

—¿Y Héctor?

Beatrice respondió:

—Héctor manejaba las empresas.

Elizabeth miró a Héctor.

—Entonces ustedes tres trabajaban juntos.

Héctor negó.

—Al principio.

—¿Después?

—Samuel traicionó a todos.

Héctor parecía cansado.

Por primera vez no tenía una sonrisa.

—Andrés descubrió que Samuel estaba desviando propiedades.

Paul preguntó:

—¿Y qué hiciste tú?

Héctor bajó la mirada.

—Intenté detenerlo.

—¿Y por qué no lo denunciaste?

—Porque Samuel tenía documentos que podían destruir a mi familia.

Elizabeth preguntó:

—¿Qué documentos?

Héctor respondió:

—Pruebas de que Andrés era tu padre.

Elizabeth quedó inmóvil.

—¿Eso era un secreto?

—Sí.

—¿Por qué?

Héctor la miró.

—Porque si alguien descubría que eras hija de Andrés, tú heredabas una parte del patrimonio que Samuel quería controlar.




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