El viaje fue programado al siguiente día por la madrugada, así que Maite podría dar un paseo por el conjunto de apartamentos sin peligro, en los exteriores custodiaban agentes encubiertos pese a eso determino ignorarlos de cualquier modo no sabia el motivo de su presencia, ahora buscaba toparse con Emilio calculo que a esa hora paseaba a su perro poddle, el chico solitario como lo describían algunas vecinas pretendía esa misma noche salir a beber unas copas era sábado, acertó porque enseguida lo vio venir hacia su dirección, por supuesto fingió apreciar los alrededores del complejo residencial.
—Hola Maite, ¿Cómo estás? —saludo Emilio con ese acento bogotano y sonrisa encantadora.
Sabia su nombre ya que en varias ocasiones habrían sostenido un breve intercambio de palabras, obvio ella siempre iba con su mamá, incluso le comento que era de la costa.
—Bien, gracias por preguntar —respondió embelesada.
Emilio lo toma por sorpresa aquella emoción en su rostro, Maite cambia su expresividad.
—Perdón, es que recordé algo bonito.
—Entiendo, no hay problema a veces me sucede.
Al parecer el joven cree en su excusa.
—¿Cómo estas tú? Tienes una linda mascota —acaricio el perro en su cabecita.
—Se llama Filomeno —dijo inclinándose para acariciarlo igual.
Fue lo mas cercano que estuvo de él, justo su celular vibra en el bolsillo de su pantalón, no contesto, sino que se incorpora para revisarlo.
—Creo que tienes que irte —manifiesta sonriendo amigable.
—Si, disculpa tengo una salida con un parche de amigos —guarda apurado su celular.
—No te preocupes, que te vaya muy bien Emilio.
Quiso decirle que se iría del país, pero se arrepintió prefiriendo callar seguro eso no le importaría, la considera una desconocida.
—Bueno pues me voy, salúdame a tu mamá por mi —se va caminando algo afanado.
Ve en el espaldar de su sudadera negra un estampado grande de una caricatura con una frase loca.
La noche era demasiado fría por lo que calienta sus manos dentro de los bolsillos de su abrigo largo de gamuza rosa, anduvo un rato por el parque infantil que esas horas había sido abandonado por los niños, se columpio parecía una chiquilla y eso le divertía, su última noche en su país natal, luego permaneció ausente en pensamientos vagos que eran transformados en dudas o mas bien temores; ¿volveré pronto? ¿hare nuevas amistades? ¿a qué colegio iré?, el ingles no era un obstáculo para ella dado que desde pequeña le inculcaron sus padres un segundo idioma, su padre era un hombre instruido hablaba varios idiomas aun cuando provenía de una familia con pocos recursos, le representaba un ejemplo de perseverancia y resiliencia en las adversidades.
Regreso al domicilio en silencio tanto así que la madre concentrada en la sala no alzo la vista, firmaba unos papeles con su puño y letra, delante de ella se hallaba la mujer que la abordo en la camioneta, nunca supo su nombre daba aires de misteriosa o reservada. Por consiguiente, fue directo a su habitación, en una esquina de su habitación cerca de su vanity había colocado su equipaje listo, cogió su celular de la mesita de noche comenzando a chatear con sus amigas incondicionales, no se molesto en quitarse su abrigo ni tenis para tumbarse en la cama en total oscuridad. Mas tarde ceno en silencio sin pronunciarse respecto a su mudanza al extranjero, durmiéndose cerca de las 12am, sujetando en su mano derecha el móvil que amenazaba con caer desde la orilla de la cama al suelo.
En otro lugar a miles de kilómetros, un adolescente ingles bajaba animado las escaleras enormes de su mansión ubicada en una zona exclusiva al oeste de Londres; Kensington, una venerable señora de la servidumbre llamada Jane, pero apodada de cariño Nana por el jovencito de nombre Hayden MacGregor de 16 años, le aconsejo no ir tan lejos a lo que el asintió contento. Físicamente poseía esos rasgos típicos de los ingleses, alto, pálido, mejillas coloradas y de cuerpo atlético, le apasionaba salir a correr bien temprano por la mañana con su conjunto deportivo de pantalones largos en compañía de su fiel amigo perruno; Oliver era un Golden retriever grande, recorría trotando y hasta saltando imitándolo su compañero de cuatro patas, el vecindario tenía un alto índice de seguridad debido a que familias y gente influyente residían ahí, por otra parte le gustaba el estudio siendo muy niño le inculcaron el valor de una buena educación, era sociable hasta cierto punto, amaba los deportes practicaba polo, piano, esgrima y pintura, su vida diaria era activa comparándola con una agenda que equilibraba con los estudios.
Su padre mantenía ocupado con los negocios que requerían de su tiempo con todo eso, le dedicaba varias horas al día para platicar en persona o por teléfono, la mujer que le dio la vida falleció en un accidente automovilístico, la conoció poco ni recordaba sus facciones ni tampoco el sonido de su voz, su señor padre no volvió a casarse era de ese tipo de hombre de un solo amor, sostenía relaciones superficiales con damas de su clase por entretenimiento, en efecto su único enamoramiento fue su difunta esposa.
Hayden deseaba volver a St Margaret of the Highland college, sitio que llevaba a cabo su itinerario escolar ubicado en Escocia, al volver encontró en su dormitorio todo lo necesario para su regreso a clases, había tenido unas excelentes vacaciones. Tomo una ducha en breves minutos debía ir camino al aeropuerto para su vuelo corto a el instituto, vistiéndose con rapidez sin dejar de lado la buena presentación, lo esperaban afuera el chofer y la señorita encargada de acompañarlo solo asegurar que viajara seguro, subió al auto no contaban con escoltas directamente mas bien eran una especie de vigilantes que iba tras de ellos, una medida de precaución puesto que manejaban un perfil bajo ante la sociedad, para ellos la privacidad no era un juego.
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Editado: 27.09.2026