Apenas si pude dormir.
No podía dejar de pensar en él. Si cerraba los ojos, mi cuerpo entero parecía revivir la sensación de tenerlo encima de mí, besándome, tocándome... apretándome fuerte de las caderas. Incluso sentía algo electrizante chocar contra mi estómago cuando recordaba la sensación de sentirlo en mi cuerpo.
Sabía que había estado mal, de eso no me queda duda alguna. Me sentía tan culpable, que ese domingo voluntariamente acompañé a mi mamá a la iglesia y recé con ella arrodillada en la banca. Le pedí perdón mil veces a Dios y me juré arrepentida. Incluso pensé seriamente en ir al confesionario pero, no podría con la vergüenza si el padre Salomón le contara algo a mi mamá.
Si mi mamá se entera de lo que hice, seguro que me da dos buenas cachetadas y me hace irme de rodillas desde dónde vivimos hasta la Básilica para pedir perdón.
Y aún con todo lo que pude o no haber jurado en la iglesia, a mi cuerpo parecía gustarle recordar lo que sentí con él. Todo el tiempo. En la mañana en el desayuno, cuando regresamos de la iglesia en el auto... Y por la tarde, ni siquiera quise prender la computadora. Tal vez porque existía la posibilidad de que Casandra haya inundado nuestro chat de MSN con miles de mensajes y no quería hablar con ella todavía.
Además, Jonathan también me mandó varios SMS. Solo le importaba saber si algo había cambiado entre nosotros y si seguíamos siendo amigos. Claro que todo cambió entre nosotros. Los amigos no saben a qué saben tus besos o cómo se siente tu cuerpo y tocar tu piel.
En verdad tenía ganas de que me tragara la tierra para no tener que ir a la escuela mañana. Ni siquiera me sentía capaz de mirarlos a los ojos o de cruzar palabras con alguno de los dos.
Pero, parecía que el tiempo también estaba conspirando en mi contra. Porque el domingo se fue en dos horas y cuando menos lo esperé, mi papá ya me estaba llevando a la preparatoria por la mañana. Y por si fuera poco, parecía que la ciudad entera se había quedado dormida, porque no encontramos el tráfico de siempre. Creo que era la primera vez que llegaba tan temprano a la escuela.
Y apenas comencé a caminar por el patio principal, de nuevo fui a la misma pregunta que me he estado haciendo desde el sábado: ¿en qué estaba pensando? Estábamos en la cocina, nos besamos. Bien pude pararlo en ese momento y decirle "no, está mal". Pero seguimos. Y aún me cuesta entender cómo mierda fue que accedí a irme con él. ¿En qué momento fue que dijimos: "oye sí, estaría increíble coger en la habitación de los padres de Casandra"?
¿En dónde tenía la cabeza? ¿No se supone que las mujeres pensamos más a la hora de...? Quizás que Jonathan me haya hecho palpitar algo más que el corazón no me ayudó del todo.
Además me dejó un horrible chupetón en el cuello y no creo que tan siquiera se imagine lo difícil que ha sido para mí cubrirlo con maquillaje y una pashmina para disimular con mi madre.
—¡Qué onda Greta! ¿Todo bien?
Ernesto se acercó a saludarme pero me quedé quieta, como una estatua. No sabía exactamente qué vio o escuchó cuando salimos de la habitación de los padres de Casandra, solo recuerdo haberlo visto ahí mientras intentaba huir de Jonathan.
—Sí, hola...
Me acerqué fugaz y choqué mi mejilla rápidamente contra la suya, haciendo tronar mis labios como si hubiera salido un beso. Y entonces, antes de que hiciera más preguntas, caminé por el pasillo hacia la escalera que llevaba a nuestro salón.
Por alguna extraña razón, sentía que todo el mundo ya sabía lo que había pasado. Incluso mientras caminaba hacia el salón, tenía esta sensación de que Casandra me iba a dar dos cachetadas en cuanto me viera y que seguramente me iba a arrastrar por todo el pasillo tomándome fuerte del cabello. Fue tanto mi miedo, que me deshice la coleta de caballo antes de entrar al salón.
—¡Aquí estás! ¿Por qué no te conectaste ayer? —la voz le salió más chillona de lo usual—. Te estuve mandando un buen de mensajes.
¡Dios mío! Mátame ahora que Casandra se sentó frente a mí.
—¿Viste mis fotos en MySpace?
—No, no prendí la compu. Mi mamá me hizo acompañarla a la iglesia y me tuvo de un lado al otro —dije, fingiendo que buscaba algo en mi mochila, para no verla a los ojos—. Así que no he visto nada nada...
—¡Qué hueva! Al paso que va tu mamá, te va a querer hacer monja o algo así —murmuró, cruzando la pierna—. Como sea, estuvo increíble la fiesta ¿no? Aunque la verdad no me acuerdo qué pasó después de que me caí en la cocina.
—¿No te regañaron?
—Obvio sí, pero no me importa mucho —Casandra tomó su Nokia y comenzó a teclear demasiado fuerte—. Solo sé que tengo que trabajar en la oficina con papá para reponerle lo de las botellas pero equis, todo normal.
Casandra dejó de mirar unos segundos el celular y entonces soltó una risita, mirándome de reojo
—Tengo una laguna mental enoooorme.
Y yo ya perdí la cuenta de todas las veces que le he pedido a Dios que no me castigue, porque no podía dejar de pensar en lo que pasó.
—¡Johnny! Mi amor, ¡tú también te me desapareciste ayer como Greta!
Jonathan se acercó a nosotras. Casandra inmediatamente abrió los brazos y estiró la boquita pidiéndole un beso.