—¡Greta! ¿Qué te pasó?
—Me asaltaron, eso pasó —le respondí a Pablo, caminando hacia mi cubículo, con él viniendo detrás de mí.
Un mes. Un mes llevaba en la ciudad y ya me asaltaron. Me quitaron mi dinero, el celular y ese bolso tan hermoso que me regaló Niccolò la navidad pasada a unas cuantas cuadras antes de llegar a la oficina. ¿Qué voy a hacer ahora? Ya no me sobra el dinero y voy a tener que comprar un teléfono nuevo, genial.
Además, ni siquiera quiero contarle a Nicco. No quiero recibir ni un solo euro de él. Quería sentarme a llorar de la frustración. Desde aquel vídeo, todo se ha caído en efecto dominó. ¿Hasta cuándo iba a terminar la pesadilla?
—Pablo, préstame tu teléfono para llamar al banco y cancelar mis tarjetas.
—Pero, ¿cómo fue? —sacó su teléfono del bolsillo del pantalón y me lo entregó después de haberlo desbloqueado—. ¿Qué te hicieron? ¿Estás bien?
—Pasé a comprar un café, saliendo de ahí un chico me abrazó y me apuntó con una pistola en el estómago mientras que el otro se me puso en frente para pedirme mis cosas. Lo que más me duele fue el bolso Lady Dior que me regaló Nicco en navidad, estaba precioso.
—Cariño es que tú también vistes como si estuvieras en una pasarela —dijo Pablo—. Eres un "asáltame" caminando, ya no vives en Europa.
—En Italia también asaltan eh... —murmuré, apenas mirándolo de reojo—. Claro, es más seguido a los turistas pero... Aghh, tienes razón ya no estoy en Milán.
¡Cómo odiaba la música interminable que ponen en la línea telefónica del banco para hacerte esperar! Pablo se sentó en la silla giratoria del cubículo que estaba a mi lado mientras yo intentaba arreglar lo de mis tarjetas. Encima de pasar una pésima mañana, tenía que lidiar con los ejecutivos del banco también.
—¿No crees que tu cubículo se sigue viendo muy vacío? —preguntó—. Deberías traer no sé... Una plantita, unas fotos, no sé. Algo que haga verlo como tuyo.
—Shhh... Ya me contestaron.
Pablo se quedó conmigo hasta que terminé la llamada telefónica, llamada que lo único que logró fue estresarme aún más. Bien, me mandaran nuevas tarjetas y no tengo otra opción más que tomar dinero de esos ahorros intocables que tenía en mi cuenta para poder costear el resto del mes en lo que resolvía todo esto sin ayuda de Nicco.
Encima, ahora tenía que ponerme de acuerdo con Pablo porque tenemos que ir a cubrir esta edición de Zona Maco. Cambiaron la fecha original debido a la pandemia y esta vez prometieron volver con más expositores. Liz quería que fuéramos a cubrir el primer día, sobre todo porque es el día en el que más socialités asisten, así como algunas personas famosas del país, como actores y cantantes.
—Ahí sí puedes vestir como si fueras a modelar en un desfile del fashion week de Milán. Este en particular te va a encantar —dijo Pablo, emocionado—. Es tu oportunidad para hablar del Street Style de toda la gente que va. En especial de las mujeres que llevan esos bolsos y tacones de lujo, te juro que hay muchos estilos diferentes. Y... ¡nosotros tenemos pases VIP!
***
Supongo que cubrir Zona Maco iba a ser mucho más entretenido que cubrir las fiestas de cumpleaños de los hijos de las socialités más conocidas del centro del país. O esos eventos de golf e inauguraciones de restaurantes.
Pablo me prometió una pasarela eterna y vaya que tenía razón. Apenas tuvimos un pie en el Centro Citibanamex me di cuenta de que hablaba en serio. Entre las asistentes se encontraban esas mujeres que buscaban marcar tendencia, como esa chica pelinegra que está usando un vestido azul aciano de volantes que sin esos botines al tobillo negros y ese sombrero de ala ancha del mismo color no sería tan rocker.
—El año pasado en el tercer día una disque crítica de arte rompió una de las obras de Gabriel Rico, fue todo un escándalo.
—¿En serio? —intenté no sonar cómo que acababa de darle el avión—. Bueno Pablo, prepara tu cámara, que hoy vas a sacar muuuchas fotos.
Le di dos toquesitos en el hombro y me colgué el pase VIP en el cuello. Pablo vino detrás de mí, preprando la cámara. Esta iba a ser una tarde bastante entretenida.
Yo siempre he pensado que la moda también se conecta con el arte. Y hoy me quedó más que claro. Esto estaba siendo un orgasmo visual para mí, entre cuadros, esculturas de arte contemporáneo y arte gráfico de artistas internacionales. De hecho, creo que me emocioné bastante cuando pude volver a poner en práctica mi italiano con un artista de Milán.
Tenía a Pablo tomando fotos, muchas en realidad. Cada que veía a alguna mujer caminando que me llamara la atención por su asombroso Street Style sin dudarlo le pedía a mi fotógrafo que inmortalizara el outfit para la revista.
—Por favor Greta, déjame tomarte una foto —rogaba Pablo, desde hace un rato—. Tu outfit debe salir también, tan solo ve ese bolso... Tú estás marcando tendencia aquí.
Después de tanto insistir, por fin dejé que lo hiciera. Caminé unos cuantos pasos y posé para su cámara como él me lo pidió. Una, dos, tres y de nuevo vi el flash. Tomó unas cuantas fotos más hasta que me dio el visto bueno alzando el pulgar.
Corrí hacia Pablo para que me enseñara las fotos que me tomó. Miré la pantalla de su cámara y mientras recorría las fotos, ya me había imaginado cuáles se iban a ir directamente a mi Instagram.