Parecía que el regreso de Jonathan a mi vida también trajo de regreso las pesadillas que solía tener cuando ocurrió todo.
Apenas si pude dormir. Los malos sueños cargados de recuerdos de cuando era una adolescente que escondía su embarazo en Estados Unidos regresaron. Esos que me hacían levantarme a la mitad de la noche para llorar por los errores que jamás me perdonaré, como haber renunciado a Melanie, por haber sido tan egoísta y miedosa para quedarme con ella, por haber hecho a un lado a Jonathan como si no me importara...
No pude dormir y tuve que mantenerme despierta en el trabajo con dos cafés americanos. Tenía una nota que escribir sobre lo que vi ayer en Zona Maco, pero lo único que tenía en la cabeza era esa conversación. No importaba lo precioso que era el vestido Burberry de Zélika ni que Michelle haya llevado un atuendo de su nueva colección, no podía escribir una buena nota sobre el Street Style de las socialités y mujeres que asistieron. Solo podía pensar en Jonathan Farah... ¡Maldita sea!
—Greta... —Damaris llamó mi atención—. Pablo no vino hoy, pero te manda esto.
La chica puso sobre el escritorio una maceta blanca pequeña con una sansevieria. Esbocé una sonrisa y la coloqué en la esquina, junto a la foto que tenía con Niccolò. Finalmente le hice caso, puse fotos y comencé a traer un par de cosas que compré en Amazon para tener mucho más ordenado mi espacio, lo suficiente para que mi cubículo ya no se viera tan vacío.
—¡Ay qué linda niña! ¿Es tu hermana?
—Sí eh... Sí, es mi hermana.
Damaris dejó la foto de Melanie en su lugar y después dirigió la vista hacia otra parte. Hice lo mismo que ella, regresé la vista a la computadora momentáneamente hasta que el sonido de unos tacones altos me hizo voltear también.
Justo acababa de llegar una chica bastante bonita con un estilo boho que me fascinó. Saludó a parte del personal y entonces se dirigió directamente a la oficina de Lizette con bastante confianza. ¿Quién era ella?
—Es Abigail, la editora de moda —dijo Damaris—. Estaba de vacaciones en Bali con su mejor amiga.
—¿Editora de moda?
—Y es la hija de Lizette, influencer en Instagram y en TikTok. La verdad solo escribe aquí por diversión.
—Nepotismo puro —murmuré bajito.
—Yo que tú, me lucía con la nota de Zona Maco. Saca tu lado Vogue y verás que Lizette puede que considere darte ese puesto que Abigail usa de juego.
Damaris por fin me dejó sola y yo le eché otro vistazo a las fotos que tomó Pablo, buscando un poco de inspiración para poder escribir la nota.
Abrí el visualizador, elegí a las mejores vestidas e hice un top 20 describiendo sus atuendos y dando mi punto de vista, enlazándolos de alguna forma con las temáticas de la exposición. Un café más. El sonido de mis uñas impactándose contra las teclas. Las páginas en blanco poco a poco iban llenándose, las manecillas del reloj continuaban avanzando. Miré una vez más las fotografías que elegí para la nota, Pablo sí que se lució y yo le he dado un poco más de vida a lo que capturó. Ahora solo era cuestión de tener la aprobación de Lizette.
Greta:
You bitch! Recomiéndame un lugar en dónde vendan el mejor Aperol Spritz de la ciudad.
Me recargué en la silla, con el dedo pulgar sobre mi barbilla y el índice hundiendo mi mejilla, mirando el monitor para leer mi nota antes de enviarla. Fue cuestión de minutos para que mi celular sonara, una notificación de WhatsApp.
Pablo Luna:
Si esperas a que termine de trabajar en mi sesión, yo mismo te llevaré.
***
Quedé de verme con Pablo en Limantour. Sabía que no era lo mismo que beber con Raffaella y Alessia, pero no quería quedarme en casa esta noche. Esperé paciente, supongo que estaba atorado en el tráfico, ese tráfico infernal que hace que la Ciudad de México se paralice después de las cinco de la tarde. Al menos ya me estaba tomando un cóctel que se llama Comalá en honor a Juan Rulfo, whiskey y cold brew en uno solo, sonaba perfecto para iniciar mi noche.
—Lamento llegar tarde, ¿ya empezaste?
—Así es, tenía ganas de un Aperol pero esto está mejor —respondí, bebiendo un poco.
Pablo se sentó en frente de mí y apenas pudo ordenó también, dos Extraviados, decía que era la mejor bebida del lugar y que me encantaría aún más de lo que ya estoy bebiendo. Realmente beber no era lo que me importaba, lo que en verdad me importaba era estar fuera de la casa de mis padres. Sabía que si regresaba temprano me quedaría el resto de la noche pensando en Jonathan y en Melanie, y eso es algo que no tenía ganas de hacer.
—Bueno, cuéntame de ti. Tú siempre haces las preguntas, siempre quieres saberlo todo de mí pero yo no te conozco mucho.
—¿Qué quieres saber? Hola Greta, soy Pablo Luna. Tengo treinta y dos años, soy Leo, renuncié a dos carreras universitarias... soy la decepción de mis padres, abiertamente homosexual, amante de las plantas y me encanta Madonna.
—¿Renunciaste a dos carreras?
—¿Es lo que más te impresiona de mí? —cuestionó, alzando su trago.