Un Pequeño Secreto

CAPÍTULO 14

El lunes por la mañana, Lizette ya esperaba por mí en su oficina. Tan temprano, que incluso tuve que saltarme el café.

Tenía los nervios de punta. No sabía si era por la falta de cafeína o si era porque no había podido dejar de pensar en lo que sea que tenga que decirme mi jefa. Solo quería terminar con esto. ¿Acaso tan pronto ya se desencantó de mí? ¿Se habrá terminado mi periodo de prueba?

—Damaris, ¿ya llegó Lizette?

—Todavía no, ¿y Pablo?

—Tiene sesión, no creo que venga hoy —respondí, dirigiendo la vista hacia la oficina de mi jefa—. ¿Crees que tarde mucho?

—No lo sé, ¿por qué?

—Nada, nada.

Damaris se puso cómoda demasiado pronto. Se acercó a mi cubículo y me enseñó sus uñas recién hechas. Dijo que está fascinada con el nuevo lugar en el que se las hace, en la Juárez. Que porque usan mucho brillito y que puede pedir los diseños que se le ocurran sin sentir que le cobran una fortuna. Poco después, se acercó demasiado a mi rostro. Tuve que echarme un poco hacia atrás para no tenerla tan cerca, quería saber si mis pestañas son naturales porque ha pensado en ponerse extensiones.

No sabía cómo pedirle que se alejara sin sonar grosera. Creo que algo que extraño de la pandemia es que todos teníamos distancia. ¿Qué no vivió en el 2020?

—Por favor no me digas que tu lashista está en Italia.

—Son naturales.

—¡Uff qué suerte tienen algunas! —dijo, acomodando su castaño cabello detrás de las orejas con ambas manos, dejándome ver sus coloridos aretes.

—¡Ahí está Liz!

Caminé prácticamente detrás de ella, ignorando cualquier cosa que Damaris me haya dicho después. Lizette volteó a verme de reojo, abrió la puerta de cristal para entrar a la oficina y la dejó abierta para que yo entrara y la cerrara por ella.

—Buenos días, Greta. ¿A qué se debe tu visita tan temprano?

—¿No querías verme? —pregunté, mirándola poner su bolso en el perchero.

—¡Cierto! Leí tu nota de Zona Maco y me encantó —dijo, cruzando la pierna después de haberse sentado, su falda negra subió un poco—. Abigail no puede cubrir la presentación de la nueva colección de Michelle Torres y mi co-editora de moda está en Argentina, te toca cubrirlo.

Lizette abrió el cajón del escritorio y entonces sacó un sobre de color rosa que poco tardó en entregarme.

No pude evitar esbozar una sonrisa al tomar la invitación y el pase que me aseguraba mi lugar en la primera fila del desfile. Esto iba a ser mucho más entretenido que pasar mi miércoles investigando más sobre lo que pasaba con la alta sociedad mexicana hoy en día. Bien, creo que Pablo también se va a divertir bastante. ¡No puedo esperar para contarle qué vamos a hacer el miércoles! Nuestros planes de vino y Netflix van a tener que posponerse.

***

Apenas llegué al edificio me emocioné al recordar lo que me pidió Lizette por la mañana.

No había visto a Pablo durante todo el día, así que esto definitivamente iba a ser un buen tema de conversación durante la cena.

Saqué la llave de mi bolso emocionada. ¡Un desfile! Mi cuerpo entero me pedía algo así. Aún seguía sin acostumbrarme a ser "reportera de estilo de vida" ¡eww! Incluso el título me da repele. Metí la llave. Abrí la puerta del departamento y antes de que terminara de decir su nombre, lo primero que vieron mis ojos fue a Pablo parado frente al sofá anaranjado recibiendo una mamada de un hombre que nunca había visto antes.

Abrí los ojos, demasiado. Y después, lo único que se me ocurrió fue cerrar la puerta detrás de mí. Me recargué en la puerta y negué con la cabeza. ¿Cómo es posible que no me haya mandado "la señal" por mens...?

Pablo Luna:

La sesión terminó mejor de lo que esperaba, hoy hago licuado de plátano.

Recibido hace media hora. Eso me pasa por ignorar mis mensajes, supongo que ahora tenía que esperar a que terminen porque eso de ser voyerista no es lo mío.

Bloqueé mi celular y entonces decidí volver a bajar. Tal vez necesitaba reponer el café de la mañana y hace días que quiero probar el que venden en la cafetería de la esquina. Dicen que es de especialidad... en realidad, creo que eso es lo que menos me importa ahorita. Solo quería hacer tiempo en lo que Pablo termina con lo suyo. Y esperaba que fuera pronto. Los pies desde hace rato me estaban matando y en verdad deseaba tomar un baño caliente.

Mientras caminaba hacia la cafetería solo pensaba en lo suertudo que es mi roomie. Sexo en lunes, una bendición del cielo hacerlo al inicio de la semana.

Solo me hizo pensar en cuánto echo de menos esas noches de sexo los lunes con Nicco, sobre todo después de las interminables juntas que organizaba Luca.

Y aunque ese satisfyer al que religiosamente siempre mantengo cerca de mí me ha ayudado bastante a liberar endorfinas, nada se compara como hacerlo con alguien. ¡Maldita suerte que tiene Pablo! ¿Será que es un modelo de la sesión fotográfica que tuvo hoy o fue una cita de Grindr? Supongo que me enteraré más tarde, con lo mucho que le encanta contarme cosas...




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