Me senté junto a la maceta y me desabroché la pulsera de los tacones, no los aguantaba más.
El piso estaba demasiado frío y mis pies un poco hinchados. Creo que debería aplicar la misma que aplicaba Fede, siempre llevaba bolsos tipo tote porque ahí traía un par de flats que utilizaba apenas se acababa su horario de trabajo. Pero claro, yo nunca quiero perder el estilo y nunca imaginé que Pablo usaría el código tan rápido.
Saqué mi celular y le mandé un mensaje a mi roomie, rogando con todo mi ser que no me dijera que el tren sale tarde hoy.
—¿Qué haces ahí sentada?
Volteé hacia arriba para ver a Pablo. Estaba parado junto a la puerta utilizando el pantalón de su pijama de Pokémon y una playera corte V blanca, descalzo. Se acercó a mí para ofrecerme la mano y así ayudarme a levantar. Entramos juntos al departamento, dejé los tacones en el piso y miré a mi alrededor. Bien, creo que el tren partió hace rato. Solo estamos él y yo. Y por los olores que salen de la cocina, suponía que estaba preparando la cena.
—¿Quieres hot cakes? Son de avena, se terminó mi harina y tuve que robar de tu despensa.
—¿Por qué no? Veamos qué tan bien cocinas.
Miré a Pablo voltear uno de sus hot cakes en el sartén y creo que me sonrojé demasiado al recordar la escena que vi hace rato. Todavía no cumplo ni dos semanas aquí y ya lo vi desnudo, con Alessia me tardé seis meses en verla por accidente en la ducha pero con Pablo... ¡Dios! ¿Cuándo me voy a sacar esa imagen de la cabeza?
—¿Me viste? —pregunté—. Entré en el momento menos oportuno.
—Escuché que cerraste la puerta, supe que eras tú porque ese taconeo es inconfundible.
—En mi defensa, no vi el mensaje.
—Me di cuenta.
Pablo apiló el hot cake junto con todos los demás y después tomó el plato para llevarlo a la pequeña mesa cuadrada, yo fui detrás de él, siguiéndolo como un cachorrito hambreado. En verdad no sabe cuánta hambre tengo.
—¿Era el modelo de la sesión?
—Digamos que sí —respondió, poniéndome un par en un plato de plástico de Pikachu—. Fue un pequeño desahogo mutuo.
—¿Y qué tan seguido pasa? Para estar prevenida.
—¡Ayy tampoco soy un promiscuo! —dijo, llevándose la mano contra el pecho, exagerando—. Quítate ese cliché de la cabeza por favor.
—Solo preguntaba.
—Yo no te pregunto qué tan seguido usas tu satisfyer y mira que a veces no eres muy discreta.
Pablo abrió el tarro de Nutella y comenzó a untarle con singular alegría a sus hot cakes, como si no tuviera antecedentes de diabetes en su familia. Antes de probar un solo bocado, él se puso de pie y caminó hacia el refrigerador.
—¿Quieres leche?
Sonreí pícaramente y Pablo se negó con la cabeza, acercándose al refrigerador para sacar el envase.
—¡Santa Clara, cochina! Y es deslactosada.
—No, no, apenas compré leche de almendras. Debe estar por ahí.
—Cierto, cierto, que tú eres keto-friendly, gluten free, pet friendly, no sé qué más...
No pude evitar reír, Pablo exageradamente se acercó al refrigerador de nuevo para sacar la leche de almendras y con una mueca realmente graciosa decidió servirme en un vaso de vidrio. Puso el vaso frente a mí y se sentó en su lugar, listo para devorarse los hot cakes.
—Espero que el miércoles no hagas licuado de plátano porque Lizette nos mandó a cubrir la presentación de la nueva colección de Michelle Torres.
—¿Un desfile? ¿Cómo lo lograste?
—Abigail no está disponible, Julieta tampoco... Suena más divertido que todo lo que hacemos ¿no?
—Ciertamente. Los desfiles son entretenidos y un orgasmo visual para ti, de eso ya me he dado cuenta —Pablo tomó una servilleta y se limpió el chocolate de la comisura de los labios—. Pero bueno, cuéntame qué hiciste mientras yo cogía. Porque cuando salí a despedir a Brando no estabas en el piso junto a la maceta.
Tomé el vaso de cristal para beber un poco. Tenía dos opciones ahora: decirle que había estado abajo checando la correspondencia como si en verdad fuera a creerme dado que no puede llegarme nada a este edificio porque ningún documento oficial mío tiene esta dirección o puedo decirle la verdad y desahogarme respecto a lo de Jonathan.
—Fui a la cafetería que está en la esquina.
—¿Y por eso te pusiste tan nerviosa? ¿Pues a quién viste?
—¿Recuerdas al hombre guapo que vimos en Zona Maco? Con el que me dejaste... que de hecho te odié bastante por eso.
—Lo viste, cuéntame todo.
Cruzó la pierna y se acomodó, pegando la espalda al respaldo, sosteniendo firmemente el vaso con leche, acción que me hizo sonreír particularmente.
—Sí. Jonathan fue mi crush de secundaria y... fue el chico que me cogí en la fiesta de cumpleaños de mi mejor amiga de la adolescencia.
—¡No mameees!
—Y ahora resulta que esa amiga de la adolescencia es su novia gracias a Tinder.