Un Pequeño Secreto

CAPÍTULO 16

Dos días. Lleva dos días siguiéndome y yo estoy aquí como pendeja esperando a que reaccione a alguna de las historias que comparto. Como si fuera una adolescente y no una persona de treinta años que debería estar más interesada en lo que Matteo le dice que en lo que Jonathan hace o no en Instagram.

Para empezar, ¿en verdad quería que me hablara? Si todo el tiempo cuando lo tengo en frente lo único que quiero es que me trague la tierra. Me recosté sobre la cama y dejé el celular a un lado, tenía que dejar de comportarme de esa manera, ya no tengo dieciséis.

Tenía cinco minutos. Pablo ya pidió el Uber y estoy a una hora de demostrarle a Lizette que no se equivocó al elegirme para suplir a su hija en este desfile. Greta, Greta, ¡concéntrate por el amor de Dios! Inhala. Exhala. Párate ya de esa cama y arréglate el tul de esa falda que te hace lucir como Carrie Bradshaw.

—Cariño, ¿ya estás lista?

Pablo estaba recargado en el marco de la puerta, presionándome para que ya saliéramos. Me miré una última vez en el espejo, creo que ya estaba lista. Aunque, terminé regresando, solo unos segundos porque necesitaba retocar el labial rojo mate. Tomé mi bolso Chanel 2.55 y rocié más perfume sobre mis muñecas y detrás de las orejas.

—Debo aceptar que te ves preciosa.

—¿Te gustó?

—Me encantó —dijo Pablo, tomando mi mano para ayudarme a dar una vuelta—. ¡Dios mío! Si vendemos ese bolso podemos comprarnos un auto y evitarnos todos los gastos en Uber, ¿sí lo sabías?

—Anda, vamos —le di una palmadita en el hombro—. Y ese bolso no lo vendo por nada del mundo. Fue un regalo de Nicco por mi primer aniversario en Vogue.

Él me cedió el paso.

Al salir del departamento sentí como si me hubiese transformado en otra persona. Esa emoción que sentía cada que iba a un desfile cuando trabajaba en Vogue regresó a mí y por un instante me sentí la misma Greta cuya opinión era más que valorada cada que asistía a eventos de esa magnitud.

Esta vez no estaba yendo a ver un desfile de Versace o Gucci, pero Michelle Torres parece ser la Barbie de la moda aquí —según Pablo—, es diseñadora, it girl, blogger y representante del estilo ultra femenino. Según lo que he visto, Paris Hilton ama sus diseños. Así que va a ser interesante comenzar a involucrarme más en la moda nacional.

—Sé que estás acostumbrada a Valentino, Miu Miu, Moschino, Saint Laurent y ese tipo de desfiles pero nos vamos a divertir hoy. El desfile y después... Vamos a ese restaurante que a cada rato me sale en TikTok para tomar carajillos, ¿qué te parece?

—Suena a una de mis noches de desfiles en Milán, me encanta la idea.

***

Creo que acerté a la hora de elegir mi ropa. El estilo de Michelle es muy girly y chic y el lugar que me terminaron dando en la tercera fila no era tan malo después de todo.

Pablo estaba tomando fotografías y yo me estaba enfocando en la pasarela. Los colores de la colección se veían fascinantes, ¡y los prints eran tan originales! De hecho, ya estaba pensando en cómo presentar la nota. Y confiaba en que mi fotógrafo me iba a ayudar a ilustrar todas las ideas que ya tenía en la cabeza. Creo que lo que más me llamó la atención es que se atrevió a ir por nuevas cosas que se veían chic y divertidas. ¿Por qué no la había conocido antes?

—Tomé las mejores fotos, te lo juro —dijo Pablo, sosteniendo aún su cámara—. Pero solo me faltas tú... Que parece que deberías estar allá arriba en la pasarela.

—¡Ayy me vas a hacer sonrojar!

—Es que esa falda de tul y ese bustier —volvió a tomar mi mano y me miró de arriba a abajo—. Esos stilettos... ¡y esa bolsa que podría pagar mis deudas! Te ves preciosa.

Pablo terminó convenciéndome de posar para su cámara. Lo dejé que me hiciera unas cuantas fotos y después lo abandoné durante unos minutos para poder felicitar personalmente a la diseñadora por tan encantadora colección.

Bien, la noche apenas empezaba. Pablo juraba que íbamos a cenar y a beber como si fuéramos esas socialités famosas que hoy se sentaron en la primera fila. Y el restaurante no estaba muy lejos del venue, así que lo único que me quedaba por hacer era confiar en él y en lo que sea que viniera para el resto de la noche.

—Wow debo aceptar que la presentación de la bebida estuvo muy... ¡increíble!

—Se me fueron quinientos pesos mientras grababas tu historia para Instagram, pero lo vale.

—Hey, mitad y mitad ¿vale? —le hice chocar las copas, brindando de alguna forma por esta noche—. Por más desfiles juntos. Ojalá que Liz se dé cuenta de mi potencial pronto.

—Cariño, Lizette se da cuenta de tu potencial —dijo, bebiendo un poco de su bebida—. Pero es su hija y su cuñada de las que hablamos en cuanto a los puestos que quieres, nepotismo puro... Un clásico en este país.

Alcé ambas cejas y me encogí de hombros, en una señal de "me he dado cuenta" y entonces bebí un poco de mi bebida.

—¿Por qué no empiezas un blog? Como Chiara Ferragni.

—¿Y si no me leen?

—Greta, ¿has visto cuántos seguidores tienes en Instagram?




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