Un Pequeño Secreto

CAPÍTULO 19

Abrí la puerta del departamento y me sorprendió bastante escuchar a Pablo cantar una canción de Julieta Venegas a lo lejos, ¿qué estaba haciendo aquí? ¿No se suponía que estaba de cita con Brando? ¿Cómo por qué ha preferido quedarse a lavar su ropa en vez de pasar una tarde afuera con un hombre guapo?

Dejé las llaves sobre la mesa y el bolso sobre la silla. Me acerqué entonces al pequeño cuarto de lavado y vi a Pablo echando un poco de detergente a la lavadora blanca mientras continuaba coreando el "me voy, ¡qué lástima! Pero adiós, me despido de ti y..."

—Me voooy. ¡Ahhh! —Pablo se llevó las manos al pecho después de tremendo grito—. Greta, ¿qué haces aquí tan temprano?

—Es lo que me pregunto, ¿no ibas a ver a Brando?

Me recargué en el marco de la puerta y me crucé de brazos, esperando escucharlo. Julieta Venegas, lavando ropa y esa playera blanca y vieja que usa cuando se pone a hacer la limpieza... Algo pasó.

—Ya ves que al mediodía tenía que hacerle la sesión de fotos a los hijos de Roberto Casasola ¿no? Bueno pues... Brando llegó, pensó que estaba coqueteando con Alejandro, me armó tremendo escándalo y me dijo hasta de lo que me voy a morir. Después se dio cuenta de que Alejandro es hetero y me mandó mensajes sin cesar, pero no mensajes de esos que dicen "perdón, me equivoqué". No, no no, me mandó una biblia entera.

Pablo se acercó a su teléfono y después de buscar la conversación me lo pasó. Solo al leer la primera línea me di cuenta de lo que hablaba mi roomie, Brando parecía una quinceañera desesperada intentando recuperarlo después de haber arruinado todo monumentalmente.

—¿Cómo ves? Ahí me tenía leyendo el evangelio según santa estúpida.

No pude evitar reír. Le pasé el celular sin tan siquiera terminar de leer el mensaje, creo que Pablo no va a tardar mucho en volver a Grindr.

—¿Y tú? Creí que estabas con el arqui.

—Sí pero él tenía cosas que hacer y yo... ¿puedes creer que Nicco perdió a Pallina?

—¿Acaso no hay nada que Niccolò haga bien? ¿Y ahora?

—Le voy a llamar porque no responde mis mensajes, ya vengo.

Me giré sobre mis talones dispuesta a ir a la sala, pero la voz de Pablo detuvo mi plan unos segundos.

—Oye, ya que estamos libres hoy... ¿vemos una peli? Podemos pedir sushi.

—Está bien, pero primero termina de lavar tu ropa.

Continué con mi camino hacia mi habitación, con el teléfono en la mano lista para llamar a Niccolò, sin importarme que en Milán ya fueran poco más de la una de la mañana. Suponía que a esta hora ya tuvo que haber encontrado a Pallina, más le vale que así sea.

—¿Raffaella?

Tremenda sorpresa me llevé al ver su rostro en la cámara, ¿qué hace Raffaella con él a esta hora?

—Ciao Greta. Un poco tarde para llamar, ¿no?

—Un poco tarde para estar con mi novio, ¿no?

—Es que estábamos buscando a Pallina.

—¿La encontraron? —pregunté.

—¡Sí! ¡Pallina, Pallina! —Raffaella gritaba a la cámara—. Ayy, no quiere venir, pero mira, acá está.

Volteó la cámara y de esta manera pude ver a Pallina en el sofá chupándose la pata delantera derecha, dejándome mucho más tranquila ahora.

—Nicco y Dante están fuera, fueron por más vino. —dijo, justificando su estancia en mi departamento—. Es que fue un día muy largo, ¿sabes?

—¿Y en dónde estaba?

—La tenía tu vecino del siete.

No me quedé a platicar, no tenía ganas. Es que, ¿desde cuándo Raffa y Niccolò son tan cercanos? ¿Y Alessia en dónde estaba? No, seguro estoy pensando en tonterías, Nicco me dijo hace un mes que él sería incapaz de engañarme, que primero me terminaba y luego buscaría a otras mujeres, aunque no lo cree necesario porque insiste en que algún día el brazalete que llevo se convertirá en un anillo.

¿Pero en qué estoy pensando? Raffaella es mi amiga desde hace años, por supuesto que no lo haría. Además también Dante los estaba ayudando a buscar. ¿Será que el engaño de mi papá ha hecho que ahora desconfíe de todos los hombres?

—¿Y? ¿La encontraron? —preguntó Pablo, sosteniendo su celular en la mano derecha.

—Sí, la tenía un vecino.

—Bueno, ¿quieres que pida entonces? Tus rollos con salmón, lo sé, lo sé.

—Sí, tú pide. Yo mientras me voy a poner algo más cómodo.

Tonterías, sí, es eso. Regresé a mi habitación, cerré la puerta detrás de mí y comencé a desvestirme.

Lo de mi papá todavía me tiene loca, no hemos hablado desde aquella vez que nos encontramos en el restaurante y aún me tiene con pendiente lo que descubrió mi mamá el otro día. Me acerqué al clóset para sacar la pijama, pensando en que quizás no sería mala idea irla a visitar pronto. A lo mejor me estaba equivocando y el collar que encontró es para ella y no para esa chica. O quizás ya sea el momento de decirle lo que vi para que alguno de los dos tome ese paso inminente que lleva al divorcio.

Creo que ver una película con Pablo me va a hacer dejar de pensar en todas esas cosas que vagaban sin cesar por mi cabeza. Sonaba como un buen plan para los dos: sushi, Coco niau, esa película de Rupert Everett y Madonna que tanto quería ver él desde el otro día... un rato solo para nosotros dos en el sofá. Olvidándonos de toda responsabilidad del mundo adulto que está afuera de este departamento que parece de quinceañeras ahora.




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