No podía dejar de ver la foto. Jonathan estaba a la izquierda, Mel en medio y yo a la derecha, los tres sonriendo detrás del pastel de trufa que estaba frente a ella. Cualquiera que no conociera la historia, pensaría que es la foto familiar perfecta.
Me recosté sobre la almohada, aún mirando la pantalla. No podía dejar de pensar en Melanie. En su voz, en su aroma floral por el perfume que usa, en lo mucho que se parece a mí...
La tenía en la mente todo el tiempo y no podía sacármela con nada. Ni siquiera cuando hablé con Nicco pude dejar de pensar en ella.
Solo ansiaba volver a verla mañana. Melanie quería que Jonathan y yo la lleváramos a los bolos porque al parecer es una tradición que ya tenía con él. Iba a ser la oportunidad perfecta para conocerla sin tener a Brenda merodeando y vigilando cada paso que diera hacia ella.
Solo quería que la noche se fuera rápido, ansiaba conocer mucho más de esa niña tan dulce que conquistó mi corazón apenas la vi.
***
Me desperté incluso diez minutos antes de que sonara mi alarma. Le mandé un mensaje a Pablo para decirle que estaba bien y él me mantuvo al tanto de lo que sucedía en mi ausencia en la ciudad.
Me duché y busqué entre mi ropa algo cómodo para usar. Jugaríamos bolos así que tenía que dejar de tomarme tan en serio mi atuendo y dejar de estar en una pasarela eterna como diría Pablo. Vaya, voy a tener una salida familiar. Mi mamá nunca usó tacones y un vestido cuando íbamos al cine o a los bolos al Bolerama de Coyoacán, así que suponía que tenía que ir un poco más casual. Maquillaje, perfume, una bolsa igual a la de Mel, pero en color blanco. Y la máscara de ser solo la It Girl de Italia que casualmente conoce a toda su familia.
Jonathan fue puntual. A las doce ya estaba afuera tocando mi puerta, era hora de irnos.
—Vaya, esta vez fuiste puntual, ya estaba a punto de irme —dijo, enseñándome las llaves del auto rentado—. ¿Lista?
—Eso creo.
—Yo creo que sí, te ves muy bonita. Siempre, ¿no? Siempre te ves bonita.
Sonreí sutilmente, la forma en la que lo dijo casi me hizo sonrojar. Me hizo un cumplido como si fuera un adolescente intentando hablarle a la chica que le gusta y eso me pareció hasta cierto punto un poquito tierno.
Cerré la puerta de mi habitación y caminé junto a él hacia el ascensor del hotel. No estábamos muy lejos del hogar de los Farah, así que ni siquiera iba a tener mucho tiempo para preparar en mi mente la conversación que me gustaría tener con ella. O tal vez ni siquiera debería planearlo tanto. Solo necesitaba dejar fluir todo.
Íbamos a pasar todo el día juntos los tres, así que no iba a poder controlar lo que pase a cada minuto como acostumbro a hacerlo.
—¿Y cómo vas con Niccolò? ¿Ya arreglaste tu situación para volver a Italia?
—Estoy en eso. ¿Cómo vamos? Bien, como cualquier relación a distancia.
—¿Cómo cualquier relación a distancia? No suenas muy convencida —murmuró Jonathan, sin dejar de mirar hacia el frente—. ¿Qué quieres decir con eso?
—Pues sí... es complicado, lo de no vernos. Pero, nos hemos arreglado para sobrellevar la situación en lo que mi abogado se encarga de todo.
Me mantuve en silencio después de esa oración. Hoy no quería hablar de Niccolò, hoy solo quería concentrarme en Melanie y en nadie más.
—La foto que nos tomamos juntos... —Jonathan llamó mi atención de nuevo—. Solo teníamos una foto juntos los tres antes y en esa foto Mel seguía en tu pancita.
—¿Todavía la tienes?
—Bien guardada, pero sí.
—Odiaba que me tomaran fotos embarazada —recordé, mirándolo conducir—. No sé cómo lograste sacarme esa foto.
—Una selfie bastante improvisada con mi Kodak naranja.
Sonreí sin separar los labios, sí recuerdo ese momento. Siempre utilizaba ropa holgada para esconder mi embarazo lo más posible, pero ese día utilicé una blusa con la que mi vientre de seis meses se veía mucho más pronunciado. Jonathan me agarró desprevenida y me tomó dos fotos, una sola y otra los tres juntos. Fotos que por supuesto se quedó él.
—¿Las tienes aún? Quisiera que me las mandaras.
—Buscaré entre mis cosas, pero las tengo impresas —dijo, girando el volante—. Te las puedo regalar.
Teníamos que cambiar la conversación. Sobre todo porque estábamos a unas cuantas casas de llegar al hogar de los Farah y Melanie tenía que vernos de una forma diferente. Tenía que vernos como los amigos de toda la vida, su "hermano mayor" al que adora y la it girl a la que admira tanto.
Apenas se estacionó tomó su celular para mandarle un mensaje a Melanie para que saliera. Suponía que buscaba evitarme un mal momento, sabía lo incómoda que me hizo sentir Brenda ayer y de alguna forma, él no quería arruinarme un día que los dos llevamos esperando tanto tiempo sin saberlo.
Ahí estaba ella, cerró la puerta del Civic y me di cuenta a través del espejo de vanidad de que estaba usando el bolso que le regalamos. Jeans negros, una camiseta blanca con un estampado muy coqueto, se alació el cabello y se puso gloss en los labios. Jonathan apretó el botón para encender el auto y Melanie nos saludó efusivamente desde el asiento trasero.