Un Pequeño Secreto

CAPÍTULO 27

Nicco y yo apenas si cruzamos unas cuantas palabras durante todo el camino hacia la casa de mi mamá. Solo me preguntó cómo me había ido en el brunch y si Pablo iba a volver muy tarde después de la sesión fotográfica que tenía programada para las seis en Revolución.

Después hubo un silencio, uno bastante largo. Solo se escuchaba el ruido exterior, los autos que nos acompañaban en el camino y el ruido de la calle misma. No era la primera vez que me quedaba sin palabras al estar con él, pero sí era la primera en la que ese silencio resultaba ser lo más eterno e incómodo del mundo.

—Greta... ho bisogno che tu mi perdoni.

—Disculpa, no te escuché.

—Que si me perdonas, por haber criticado tu trabajo —dijo, con un tono de voz mucho más alto y más suave—. No era mi intención.

—Sí, yo... también he estado un poco mal humorada y no supe cómo manejarlo —murmuré, sin quitar la vista del camino—. Perdóname a mí también por haber actuado así anoche.

—Te entiendo. Hoy que salí del departamento para trabajar en esa cafetería que me recomendó Pablo entendí tu mal humor —agregó—. È rumoroso, mucho ruido todo el tiempo y todo el caos de esta ciudad debe poner de malas a cualquiera, tan solo ve el tránsito.

En eso le doy la razón. La Ciudad de México y su caos podría poner de malas a cualquiera, pero también es muy divertida y siempre hay algo que hacer. Al menos es lo que he descubierto últimamente, por algo había comenzado a gustarme mi vida aquí.

—Bueno, llegamos —dije, estacionando el auto de mi madre afuera de la casa—. Te ruego que no preguntes por mi papá, por favor. Se están divorciando.

—¿Por fin?

—¿Cómo que por fin? —pregunté, desabrochándome el cinturón de seguridad para mirarlo después.

—Nunca quise decirte pero cuando fuimos a Roma con ellos, escuché a tu papá hablar por teléfono muy misterioso —confesó, después de tanto tiempo—. Por sus actitudes, supe que estaba hablando con otra mujer.

—Como sea —me encogí de hombros—. Mi mamá está muy sensible con el tema, así que intenta no mencionar a mi padre, ¿de acuerdo?

Bajamos del auto y dejé escapar un suspiro apenas cerré la puerta. ¿Cómo era posible que incluso Niccolò supiera antes que yo lo del engaño de mi padre? ¿Y cómo por qué no me lo dijo? Claro, hay dos opciones: no lo dijo para no lastimarme o no lo dijo porque es hombre y entre ellos se encubren.

Esos pensamientos tuvieron que salirse de mi cabeza apenas vi a mi madre parada frente a su puerta. Saludó calurosamente a mi novio y después a mí, invitándonos a pasar.

—Bienvenidos, me da mucho gusto que estés aquí —le dijo mi madre a Nicco—. Nunca habías venido, por eso me pone tan feliz que estén aquí.

Los miré caminar hacia la sala, pero yo me quedé parada un momento para mirar la pantalla de mi celular. Jonathan me mandó otro mensaje. Quiere que nos veamos y platiquemos de lo que pasó en San Antonio. Apenas terminé de leerlo dirigí la mirada hacia la sala, Nicco y mi mamá estaban platicando, ¿sobre qué? No tengo la menor idea, pero mi mamá parecía entretenida, estaba riéndose incluso y eso es algo raro en ella.

Caminé hacia ellos y me senté a un lado de Nicco. Fue entonces que entendí que mi madre estaba hablando de aquella vez que la llevamos al Vaticano. Dejé que Niccolò tomara mi mano mientras continuaba la conversación con mi mamá. Creo que si Gabriela ha aceptado que "vivamos en pecado" durante tantos años es que los Ricci son súper católicos. Y mi novio hizo de su experiencia en el Vaticano algo único en su vida.

—Ayy no, te juro que ese viaje al Vaticano fue precioso —continuó mi mamá, llevándose la mano derecha al corazón—. Escuchar la misa ahí... fue uno de los momentos más hermosos de mi vida.

—¿Y por qué no se viene a vivir a Italia ahora que Greta decida regresar?

Tragué saliva. ¿En verdad Niccolò la está invitando a vivir con nosotros? Amo a mi mamá, pero quisiera tenerla de vecina en Roma, no en Piazza Giulio Cesare. Además, ella sería feliz teniendo el Vaticano cerca y lo supe por su forma de recordar aquel viaje que me hizo reencontrarme con ella después de tantos años.

***

La cena salió mejor de lo que esperaba. Mi mamá pasó un buen rato, platicando con Nicco sobre Italia y algunos viajes que soñaba hacer, el tema de mi papá ni siquiera salió a la conversación y creo que eso era lo que necesitaba para olvidarse un poco de todo.

Cuando regresamos al departamento, lo primero que notamos fue que las luces estaban apagadas.

—¿Pablo? —pregunté apenas abrí la puerta.

Nadie respondió. Recordé que tenía la sesión fotográfica y revisé la hora en mi celular, seguramente todavía tardaría en regresar, más si después de la sesión terminaba en alguno de esos bares de la Zona Rosa de los que me había contado el otro día. Así que, dejé las llaves sobre el mueble de la entrada y me quité los zapatos.

—Creo que le hizo bien verte —dije, dejando mi bolso sobre el sofá—. Hace mucho que no la veía reírse así.

—Tu madre me quiere más que a ti al parecer.

—Mi mamá quiere más al papa que a mí. No eres especial.

Nicco soltó una risa detrás de mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.