La fiesta se terminó más temprano de lo que originalmente estaba planeado.
Cuando entré al departamento con la maleta de Melanie, tanto Adrián como Damaris entendieron que no podíamos seguir bebiendo tequila y bailando frente a una adolescente de catorce años. Solo se quedaron veinte minutos más, ayudándome a recoger mientras Pablo le preparaba la cena a Melanie en la cocina.
Y, mientras todos tenían manos a la obra afuera, yo me encargué de preparar mi habitación y le hice un espacio a su maleta. Aún sentía que esto era una especie de sueño raro. Pero, ese golpe que me di en el buró cuando estaba cambiando las sábanas, me hizo saber que esto realmente estaba pasando.
—¿Listo señorita? Que una adolescente como tú debe tener sus ocho horas de sueño —le dije a Melanie, acariciándole sus negros cabellos—. Anda, a dormir.
—¿Quieres que te ceda mi cama? —preguntó Pablo—. Puedo dormir en el sofá.
—No, no creo que Mel tenga problemas en dormir conmigo, ¿o sí?
—No, yo encantada.
Melanie tomó hasta el último sorbo de leche del vaso de cristal y después lo llevó al lava trastes. Después, le di unos momentos a solas en mi habitación para que pudiera cambiarse la pijama y me quedé con Pablo en la cocina.
—¿Y qué hacemos mañana con ella? —preguntó Pablo—. ¿Piensas llevártela a la oficina?
—De hecho quería que me hicieras un favor, ¿te la podrías llevar al photoshoot? Sé que no terminaste hoy con las bailarinas —respondí, apoyando ambas manos sobre sus hombros—. Te dejo el auto pero por favor, llévate a Melanie, no quiero dejarla aquí solita.
—¿Y qué se supone que haga con ella? Tiene años que no convivo con una adolescente.
—Creo que se va a divertir bastante sin necesidad de que la entretengas.
Miré hacia la puerta de mi habitación, asegurándome de que siguiese cerrada. Segundos más tarde, me levanté un poco el suéter amarillo y entonces saqué las fotos que Jonathan me entregó.
—Necesito que me guardes esto en tu cajón.
—¡No mameees! ¿Eres tú? ¿Con el arqui? —Pablo miró con mayor atención las fotografías—. No pues ahora entiendo por qué te lo cogiste, hasta de adolescente estaba guapo el cabrón.
—Shhh... no quiero que Melanie te escuche.
—Ayy qué tierna te veías embarazada, mira esos cachetitos.
—Sí, sí, estaba chubby, ya sé —rodé los ojos y lo empujé un poco—. Guarda eso por favor, Mel no puede verlo.
—¡Gretaaaa! I'm ready —la voz de Melanie hizo que me sobresaltara un poco—. Ya puedes pasar.
Le sonreí a Pablo por última vez, vigilando sus manos, las cuales fueron mucho más rápidas al poner las fotos detrás de su espalda.
Entré a mi habitación y miré a Melanie buscar entre sus cosas su cepillo de dientes, aprovecharía que iba a ir al baño para cambiarme la pijama y terminar de preparar la cama.
Sentí un retorcijón en el estómago de solo pensar en que esta sería la primera vez en catorce años que dormiría con mi hija y no pude evitar imaginar lo que hubiese pasado si me hubiera quedado con ella desde un principio.
Probablemente ella tendría su propia habitación y solo vendría a dormir conmigo cuando tuviese un mal sueño. Quizás, estaría casada con Jonathan y lo vería entrar tarde a la habitación después de que estuviese trabajando en sus diseños arquitectónicos. Una familia, tal vez con un hijo extra o quizás no, tal vez un gatito o un perro, o con los dos. Un pomeranian como el que tiene mi jefa y mi Pallina.
Pero nada de eso existía fuera de mi imaginación. No teníamos un hogar juntos, ni una mascota y mucho menos éramos una familia. Solo éramos cómplices de una mentira que parecía hacerse cada día más difícil de mantener.
—Listo —dijo Melanie, cerrando la puerta detrás de ella—. ¿Qué lado prefieres?
—Tu escoge.
—Yo quiero el derecho.
—Yo tomaré el izquierdo, entonces.
Melanie se acomodó de su lado de la cama, pero todavía no quería dormir. Y yo culpaba a Pablo de eso, porque darle hot cakes con Nutella a esta hora definitivamente no fue su mejor idea para la cena.
—¿Ya me vas a contar por qué te peleaste con tu mamá?
—Rompió mis bocetos. ¿Puedes creerlo? Me dijo que me olvidara de querer ser diseñadora, que ese mundo no es para mí, que ni siquiera es una carrera... Si no se deshizo de los que tenía en el iPad es porque no sabe de su existencia —dijo, totalmente indignada—. Y también me amenazó con enviarme a un internado si seguía insistiendo en querer dedicarme a esto, que si me encontraba un dibujo más, me quitaría el celular y me castigaría por no sé cuantas semanas.
—¿Y por eso te saliste cuando ella se fue a Target?
—¿Johnny ya te dijo?
—Tenía que. No quería tener a la Interpol buscándote por todo el país, mi carrera se acabó en Italia y no quiero que se acabe en México porque tu mamá me quiera acusar de secuestro.
Melanie recostó su cabeza en mi hombro y por pura inercia le acaricié sus suaves cabellos negros.