Una pésima idea, sí, eso era lo que era.
Ni siquiera sé cómo fue que Pablo terminó por convencerme de sí asistir a esa reunión de exalumnos. Tenía más de una década sin ver a todas esas personas y así estaba bien. Tal vez me daba curiosidad saber qué había sido de un par de ellas pero, no de todo mi grupo, eso es seguro.
Pero aquí estaba, con Pablo detrás del volante y conmigo con una pequeña botella de Jack Daniel's entre mis piernas que compré a dos cuadras del departamento y a la que le iba dando pequeños tragos para armarme de valor. Incluso Pablo me dijo que estaba intentando ser "lo más hetero posible". Aunque no sabía si su versión de "ser hetero"consistía en dejar el arete de su oreja izquierda en casa e intercambiar la música de Madonna por canciones de Sabino, poco después de que nos incorporamos hacia Insurgentes Sur.
—¿Sabino? Vaya, de todos tus gustos culposos jamás creí que te gustara él.
—Es un gusto adquirido, uno de mis ex me lo pegó una vez.
Pablo me miró rápidamente de arriba abajo antes de regresar la atención al camino.
—Es más, si fuera hetero, seguramente te dedicaría esta canción porque hoy te vas para atrás de guapa.
Sonreí.
—Yo siempre, cariño.
—No, hoy estás haciendo esa cosa que haces.
—¿Qué cosa?
—La de fingir que no te importa que te vean mientras haces absolutamente todo para que te vean.
Giré hacia él, sintiendo como se movían los aretes largos con mi cabeza.
—No sé de qué hablas.
—Greta, te pasaste la planchita del cabello no sé cuantas veces, llevas cuarenta minutos retocándote el gloss y te cambiaste cuatro veces.
—Tres.
—Gracias por confirmar mi punto.
—Me gusta verme bien... y lo sabes, desde que me conoces sabes que me gusta vestirme lindo.
—Claro.
—Para mí.
—Por supuesto.
Guardó silencio unos segundos, concentrándose en el camino.
—Recapitulemos —dije, sosteniendo la botella entre las piernas—. ¿Cuánto tiempo llevamos juntos?
—Seis meses.
—¿Y cuánto llevamos viviendo juntos?
—Cuatro.
Giré hacia él. Todo cuadraría perfecto de no ser por un pequeño detalle: algunas personas de la prepa me seguían en Instagram. Y no tiene mucho que archivé las fotos que tenía con Nicco en mi cuenta.
—Aunque... ¿sabes? Cualquiera que haya visto mis redes sabe que hasta hace unos meses estaba prácticamente comprometida con Niccolò.
Pablo guardó silencio, bajando la velocidad para detenerse en el semáforo de Parque Hundido.
—Podemos decir que lo nuestro fue un flechazo —dijo, volteando a verme, apretándome la mejilla—. Te enamoraste de mí, dejaste al italiano y empezamos nuestra vida juntos.
Lo miré horrorizada.
—¡Eso me hace quedar como una zorra!
—Romántica.
—¡Infiel!
—Técnicamente no, si terminaste primero con él.
—Pablo, estás convirtiendo mi vida en una telenovela de esas que te gusta ver.
—Tu vida es mucho más interesante que mis telenovelas turcas —dijo, avanzando en el tránsito—.Yo nada más estoy organizando la trama.
No tenía argumentos contra eso.
—Greta, por favor, concéntrate en la narrativa. ¿Quieres que te crean que en verdad muero por ti y que no puedo esperar para darte el anillo? Entonces, hazme caso.
Solté una risa. Sobre todo porque en menos de veinte minutos, Pablo había construido una relación ficticia más estable que cualquiera de las reales que había tenido durante los últimos años. Según su historia, nos habíamos conocido trabajando en la revista y fue prácticamente amor a primera vista. Terminé con Nicco porque lo que sentía por él me sobrepasaba y bastó un mes saliendo para darnos cuenta de que queríamos estar juntos todo el tiempo. Dos meses después decidimos mudarnos juntos porque aparentemente nuestra conexión había sido tan intensa que no vimos razón para esperar.
Le di otro trago chiquito a la botella, intentando no manchar el vestido blanco porque ya es la segunda vez que Pablo cae en un bache. Sutilmente me limpié la comisura de mis labios y entonces él continuó con la pregunta que me hizo tardarme más tiempo frente al espejo:
—¿Y va a ir el arqui?
—Supongo que sí, Casandra ama estas cosas. Hasta cambió su guardia en el hospital con tal de ir.
—Esto va a ser interesante —murmuró, con una risita que me llamó la atención—. Digooo, conocer a todos los personajes de tu vida pasada...
Le di un trago directamente desde la boquilla de la botella y después, dirigí la mirada hacia la pantalla del auto, ya casi llegábamos según esto.
Bien, estaba a punto de volver a ver a gente que tengo años sin ver. Suponía que íbamos a platicar y a ponernos al día con nuestras vidas. Claro que todos iban a hablar de todo lo que habían logrado —porque es obvio que nadie iba a dejar ver sus fracasos—, probablemente iba a ser una competencia para ver quién de todos ha triunfado más. Y nadie iba a querer quedarse atrás, eso es más que seguro.