Un Pequeño Secreto

CAPÍTULO 55

No dormí durante casi toda la madrugada.

Lo intenté varias veces, acomodándome de formas cada vez más incómodas en la sala de espera que parecía diseñada específicamente para impedir que los familiares de los pacientes pudieran descansar, pero cada vez que empezaba a quedarme dormida algo me hacía abrir los ojos y mirar hacia las puertas de la UCI. A veces era el sonido de alguna alarma, otras el escuchar a alguna enfermera por el pasillo. Y la gran mayoría de veces, solo era yo intentando mantenerme con los ojos abiertos.

Mi cerebro simplemente había decidido que mientras yo permaneciera despierta podía mantener cierto control sobre lo que ocurría detrás de aquellas puertas, aunque sabía perfectamente que mi mamá estaba rodeada de médicos, enfermeras y máquinas mucho más capaces de mantenerla con vida que yo.

A las cinco y media de la mañana fui por otro café. Ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba y, cuando regresé a la sala de espera, el cielo empezaba a aclararse detrás de los ventanales del hospital. Me senté, apoyé la cabeza contra la pared y cerré los ojos con la intención de descansar únicamente unos minutos.

Lo siguiente que sentí fue una mano tocándome el hombro. Abrí los ojos sobresaltada y me incorporé tan rápido que el vaso vacío que todavía sostenía estuvo a punto de caer al suelo. Frente a mí estaba el médico que había atendido a mi mamá desde que salió de la cirugía.

—Tranquila —me dijo al verme—. No pasó nada malo.

Tardé un par de segundos en conseguir que mi cabeza procesara la frase.

—¿Mi mamá?

—Ha tenido una buena noche. La presión se mantuvo estable y los parámetros respiratorios son adecuados, así que vamos a disminuir la sedación y valorar retirarle el tubo durante la mañana. Si tolera bien la extubación, seguiremos observando su evolución.

Había pasado casi dos días acostumbrándome a que cualquier persona con uniforme que se acercara a mí trajera consigo una nueva preocupación, así que me costó entender que aquello eran buenas noticias.

—¿Eso quiere decir que está mejor?

—Está respondiendo favorablemente, pero todavía tenemos que ser cautelosos. La lesión hepática fue importante y necesita vigilancia estrecha, además de que todavía debemos valorar los siguientes pasos con cirugía. Lo que puedo decirte es que durante la noche no presentó un nuevo episodio de sangrado y su evolución hasta este momento ha sido buena.

Asentí mientras intentaba retener cada palabra. No estaba fuera de peligro, no me estaba prometiendo que iba a recuperarse y tampoco estaba diciendo que podríamos llevárnosla a casa en unos días, pero después de escuchar durante horas que seguía grave, que teníamos que esperar y que cualquier cosa podía ocurrir, la posibilidad de que pudiera respirar por sí misma me pareció suficiente para sentir que algo dentro de mi pecho finalmente se aflojaba.

Miré el reloj cuando el médico se alejó. Faltaban algunos minutos para las siete y pensé en esperar un poco más antes de llamar a mi papá, sobre todo porque lo habíamos obligado a regresar a casa apenas unas horas antes.

Pero, solo aguanté exactamente hasta las seis cincuenta y tres.

—¿Qué pasó?

Ni siquiera dijo hola. Su voz todavía estaba cargada de sueño, pero escuché cómo se despejaba inmediatamente.

—Nada malo. El médico acaba de hablar conmigo.

Escuché a mi papá abrir un cajón al otro lado de la llamada.

—¿Cómo está Gaby?

—Mejor. Pasó bien la noche y van a intentar quitarle el respirador.

Mi papá no respondió enseguida y durante unos segundos pensé que la llamada se había cortado.

—¿Papá?

—Aquí estoy. ¿Dijo que ya pueden hacerlo?

—Van a bajar la sedación y ver cómo responde. Sigue delicada y todavía quieren vigilarla, pero el médico dijo que está evolucionando bien.

Escuché cómo soltaba el aire lentamente.

—Voy para allá.

—No te preocupes por llegar rápido. Apenas están empezando y probablemente tarde en despertar.

—Greta, voy para allá.

No intenté discutir con él. Después de verlo pasar casi dos días enteros sentado en aquel hospital, entendía perfectamente que quedarse en casa esperando noticias iba a resultarle imposible.

—Maneja con cuidado.

—Avísame si pasa cualquier cosa antes de que llegue.

—Sí.

Colgué y me quedé unos segundos mirando el teléfono. Por primera vez desde aquella llamada que había interrumpido mi entrevista con Carola, tuve algo bueno que contarle a alguien sobre mi mamá.

Durante la siguiente hora prácticamente no me moví de la sala de espera. El procedimiento para retirarle el tubo no era algo que yo pudiera presenciar y nadie necesitaba que estuviera dando vueltas afuera, pero eso no evitó que mirara las puertas cada vez que se abrían.

Mi papá llegó antes de las ocho y apenas alcanzó a preguntarme si había alguna novedad cuando una enfermera se acercó para decirnos que mi mamá había tolerado la extubación.




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