Un Poco de Magia

Prólogo

—En una pequeña cabaña en el claro de un bosque, vivía una joven mujer, de cabello pelirrojo hasta la cintura, piel blanca, tan blanca que podía confundirse con la nieve de el frío invierno, y unos ojos de atípico color azul, una joven llamada Marie LeBlanc.

Y aunque parecía una mujer como cualquier otra, no lo era, pues era una bruja, y no hay porque asustarse, pues Marie era una bruja buena, querida por todos en el pueblo.

Tal era su belleza, que un brujo de un pueblo cercano se enamoró de ella y decidió pedirle matrimonio. Marie declinaba cada una de sus ofertas alegando que su único amor era la naturaleza. El joven brujo era muy comprensivo, así que se conformaba con admirarla.

Pero un día, llegó a sus oídos el rumor de que la bella bruja contraería matrimonio con un joven acaudalado. El brujo quiso comprobarlo y fue a la boda donde su corazón de rompió al ver como la mujer que amaba se unía a otra persona.

En su dolor, el brujo lanzó una maldición a la chica. Nacería cada cierto tiempo como descendiente de su misma familia. Con su mismo color de cabello único, así él lograría reconocerla y tendría que casarse con él. Y si en algún caso no llegase a ser así por amar a otro hombre, este moriría.

Después de lanzar el maleficio, el brujo asesinó al joven y huyó.

Marie, con el corazón destrozado logró juntar fuerzas para agregar algo a la maldición. Ella nacería cada 100 años, tendría esos ojos azules y cabello pelirrojo, pero todas las descendientes de la familia LeBlanc también lo poseerían, así el hechicero nunca la encontraría.

Y por último, a cada nacimiento, ella perdería los recuerdos, así, si alguna vez contraía matrimonio con él, nunca cargaría con esos horribles recuerdos toda la eternidad.

Fin.-

La pequeña pelirroja que había estado escuchando la historia con atención, aplaudió al escuchar a su abuela terminar

—Y esa Zenda, es la historia de porque todas las mujeres en la familia somos pelirrojas y tenemos unos hermosos ojos azules— contó la mujer mientras la niña miraba con emoción.

Tal vez la historia era cierta, tal vez no, pero para una niña de seis años , eso resultaba fascinante.

—Bien, creo que será mejor que vaya a preparar la cena, tus hermanos no tardaran en bajar a preguntar por la comida— la mujer se levantó de su asiento y camino hacia la cocina, pero en el último momento se detuvo:—Cariño ¿por qué no vas a jugar un poco mientras está lista la cena?

La niña asintió y se levantó de su cómodo asiento. Veamos ¿qué podía hacer para entretenerse?, tal vez podía ir a jugar con sus hermanos. Si, esa era una buena idea.

Corrió escaleras arriba y se dirigió a la habitación de Luka, su hermano mayor por dos años, tocó la puerta pero él no respondió, así que toco de nuevo.

—¿Qué pasa?— preguntó desde adentro.

—Uh ¿quieres jugar?— esperaba que su hermano le dijese que si, pero no fue así, pues el niño había rechazado su oferta.

Su última esperanza era Felicia, su hermana mayor por 6 años, ella tal vez si querría jugar un poco.

Cuando llegó a su puerta toco tres veces, Felicia abrió la puerta antes de que pudiese tocar otra vez.

—¿Qué?— preguntó la joven en tono seco.

—Yo...esto...tú...¿quieres jugar?

Su hermana la miro con desdén, dijo que no y le cerro la puerta en la cara.

Bien, al parecer sus hermanos no querían jugar con ella, mejor así, podía jugar sin que nadie la molestara. No entendía porque eran así con ella, tal vez porque aún no tenía poderes como ellos.

Su abuela le había dicho que el último hijo de una familia de brujos, siempre tarda un poco más en tener sus poderes, como ella.

A diferencia de Felicia que los obtuvo a los tres años o Luka, a los cinco.

De pronto se escuchó un ruido en una habitación cercana, ¿qué era eso?

Zenda camino hasta la habitación, estaba algo oscura, lo suficiente como para causarle miedo.

Pero, no debía temer, pues ella era una bruja...¿no?

Zenda se armó de valor y entró a investigar, ¿qué tal si era uno de esos odiosos duendes de jardín que disfrutaban molestándola?, debía demostrar quien mandaba.

De pronto, un bulto negro corrió frente a ella, ¿qué diablos era eso?

Había sido criada para no temer de nada, pero seguía siendo una niña de seis años, no podía evitar asustarse.

—¿H-hola?

El bulto negro saltó hacia ella, haciéndola gritar.

Pero entonces, Zenda pudo ver lo que el bulto negro era...

Un pequeño gato negro.

 

 


 



Valeria H.M

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En el texto hay: gatos, brujas, magia

Editado: 17.06.2019

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