Mientras Vera y Onyx seguían discutiendo, la puerta se abrió.
Un hombre entró en la habitación.
Vera lo observó con curiosidad. Era muy alto, de facciones delicadas y cabello largo, completamente blanco, pero se veía joven, de unos treinta no más. Vestía un uniforme militar elegante, aunque sin la apariencia pesada de las armaduras que había visto en los soldados del exterior.
—Así que tú eres Vera.
Ella lo miró.
—¿Quién pregunta?
El hombre sonrió.
—Soy Soren, rey humano del reino de Ignaroth. Me han informado de que eres una Odesa.
Vera se encogió de hombros.
—Eso dicen.
Soren pareció divertido.
—Tienes la belleza de una Odesa.
Onyx soltó una carcajada.
—No hace falta mentirle.
Vera le lanzó una mirada asesina.
—Mi querida invitada, tener una Odesa entre nosotros después de tantos años es un verdadero milagro para nuestro reino —continuó Soren, sin prestar atención a la interrupción.
—Su presencia, fortalece a los tres dragones. Incluyendo al rey, Onyx — agrega Mael.
—Rey dragón — corrige Soren
Onyx lo miro de reojo — llámame como quieras, soy el que gana las batallas.
Soren muestra una expresión de impaciencia hasta Onyx. Pero de inmediato recobra la compostura.
—Ahora que ya esta aquí, y nuestras esperanzas se han levantado — dice Soren — queremos pedirle el favor que contraiga matrimonio con el rey dragón.
Vera de inmediato se ríe, y fija la mirada en Onyx quien la observaba con sus extraños ojos, tenia uno plata y otro verde, y ambos mostraban disgustos.
—Qué gracioso. Se te da bien contar chistes.
—Por desgracia no es un chiste —intervino Onyx.
Ella giró la cabeza hacia él.
—¿Estás loco? ¿Cómo voy a convertirme en la esposa de esta bestia?
—¿A quién llamas bestia, bruja? —gritó Onyx.
Soren levantó una mano, intentando calmarlo.
—Por favor, Vera. Tenle paciencia a nuestro querido Onyx. No está acostumbrado a tratar con mujeres.
—¡Eso no es cierto! —protestó el rey — no estoy acostumbrado a tratar con brujas.
Vera sonrió.
—¿Qué ocurre? ¿Alguien nunca ha tenido novia?
Onyx se acercó a ella con expresión desafiante.
—¿Y tú has tenido novio?
La sonrisa de Vera desapareció, y para la desgracia de su orgullo no tenia como responder a eso.
—Lo sabía. Nadie te soporta — dice él soltando una carcajada.
Vera apretó los labios, molesta por haberle dado motivos para burlarse.
Soren decidió intervenir antes de que la discusión continuara.
—Vera, me han informado de que eres hija del rey Jeremías. También me han dicho que expresaste que tu relación con él no es precisamente buena.
Vera le quemo todo el cuerpo al volver a escuchar ese nombre.
—Mi padre me encerró en una habitación cuando tenía doce años.
Onyx frunció el ceño.
—¿Ayer estabas escapando? Por eso estabas desesperada remando.
—Que observador.
—¿Por qué te encerró?
Vera bajó la mirada durante un instante.
—No tiene importancia.
—Claro que la tiene —intervino Soren—. ¿Por qué un padre haría algo tan cruel con su propia hija?
Ella resopló.
—Porque es un hombre cruel. Eso es todo.
Soren la estudió en silencio. Su expresión cambió ligeramente, como si acabara de encontrar una pieza que llevaba tiempo buscando.
—¿Quieres vengarte de él?
Vera levantó la cabeza.
Por primera vez desde que había llegado a aquel palacio, alguien le hacía una pregunta que realmente le interesaba.
Miró a Soren. Había un brillo particular en sus ojos, una chispa que no pasó inadvertida para ella.
Vera sostuvo su mirada.
—Es lo único que quiero.