Capítulo 5
Subimos juntas al tren. El interior era cálido, con asientos de tela oscura y grandes ventanales por donde entraba la luz. Elizabeth se sentó frente a mí, separada solo por el pequeño espacio entre los asientos. El tren dio una suave sacudida y comenzó a avanzar, alejándose lentamente de la estación. Entonces ella me miró con curiosidad. —Dime, Bella… ¿cuál es tu historia? Me quedé un momento en silencio, buscando por dónde empezar. No tenía mucho que contar, en realidad. —Soy una fugitiva —respondí bajito. Ella inclinó la cabeza, con los ojos muy abiertos. —¿Una fugitiva?
—Sí —asentí—. Escapé del orfanato. Sus ojos se abrieron aún más. —¿Escapaste de un orfanato? —Sí —repetí—. Creo que… quería cumplir mis sueños. No quería esperar más. —Vaya… —susurró ella—. Eres la primera persona que conozco que ha escapado de un orfanato. Por lo general, las mujeres salen cuando cumplen los veinte o veintiún años. Pero tú… saliste a los dieciséis. Hizo una pausa y su voz se volvió más seria. —Esto… es algo ilegal, Bella. Pero te prometo que te ayudaré. Guardaré tu secreto. No te preocupes, no diré nada. Solo quiero que cumplas tu sueño. No me comprometo a nada si te pasa algo… pero mientras estés conmigo, estarás a salvo. Bajó la mirada un instante hacia la ventana y continuó con suavidad: —Yo también tenía muchos sueños, ¿sabes? Y no sé por qué los dejé. Yo era rebelde, igual que mi prometido. Nunca pensaba en casarme, no quería hacerlo… pero lo conocí y, al final, terminé enamorándome de él. Profundamente. Y él también se enamoró de mí. El tren avanzaba suavemente y, fuera, los campos se deslizaban entre tonos verdes y dorados. La miré. Por primera vez desde que había conocido a Elizabeth, sentí que quizá podía confiar un poco en ella. No era solo amabilidad… parecía comprender lo que significaba tener un sueño y querer perseguirlo.
El viaje fue largo, pero finalmente el tren comenzó a reducir la velocidad. —Ya llegamos —dijo Elizabeth mientras nos preparábamos para bajar. Descendimos al andén. Allí, esperando junto a la vía, estaba él: un joven de ojos azules brillantes y cabello rubio que el viento movía suavemente. Elizabeth corrió hacia él y lo abrazó con alegría. Él la rodeó con sus brazos, feliz de tenerla de vuelta. Después, Elizabeth se volvió hacia mí y me llamó con un gesto. —Bella, ven. Él es mi prometido, Pedro. Me tomó suavemente de la mano. —Y ella es Bella… mi amiga. Pedro me miró con atención, de arriba abajo. Su expresión era amable, aunque mantenía cierta reserva. —Mucho gusto, Bella —dijo, extendiendo la mano con calma—. Bienvenida. —Igualmente, Pedro —respondí, estrechándole la mano mientras mantenía una distancia prudente—. Gracias por recibirme. Me quedé un paso atrás, consciente de que era una extraña que acababa de llegar de la nada.
Aunque Elizabeth me había presentado como su amiga, yo sabía que apenas comenzábamos a conocernos. Pedro tomó el equipaje y caminamos juntos hacia la salida. A mi alrededor, todo era nuevo: calles anchas, árboles altos y campos verdes que se extendían hasta donde alcanzaba la vista. Valle Verde era hermoso. De verdad. Los miré caminar juntos, tan bien el uno junto al otro, y recordé lo que Elizabeth me había dicho. Quizás el amor llega así, pensé. Sin que uno lo espere. Apreté mi pequeño bolso contra mí. No sabía qué me esperaba. Tampoco sabía cuánto tiempo me quedaría. Pero, por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar tranquila.
— Fin del Capítulo 5 —