Un viaje tras mi sueño

El disfraz

Capítulo 7

Salí de aquella tienda con los puños apretados. Todavía podía escuchar las risas a mis espaldas. No entendía por qué un libro de medicina tenía que ser solamente para hombres. Seguí caminando sin rumbo durante unos minutos, hasta que volví a mirar la tienda de ropa que había visto antes. Me detuve frente al escaparate. Había vestidos, sombreros, abrigos… y, en una esquina, varias prendas de ropa masculina. Entonces recordé mi idea. Si no podía entrar como una chica… tendría que entrar como un chico. Entré en la tienda. La mujer que atendía me miró.

—¿Puedo ayudarte? —Sí. Busco algo… para mi hermano. Ella señaló algunas prendas. —Puedes mirar por allí. Asentí y me acerqué a la sección de ropa masculina. Después de buscar durante un rato, encontré unos pantalones oscuros, una camisa sencilla y un pequeño sombrero. Conté las monedas que llevaba conmigo. No podía gastar demasiado. Finalmente, pagué y guardé las prendas en mi bolso. Regresé a la casa de Elizabeth. Por suerte, ella y Pedro no estaban en la planta de arriba. Entré en mi habitación y cerré la puerta. Extendí la ropa sobre la cama. Me quedé mirándola durante unos segundos. —Esto tiene que funcionar… Me cambié rápidamente. Los pantalones me quedaban un poco grandes, pero podía ajustarlos. Me puse la camisa y después el sombrero. Luego me miré en el espejo. Seguía pareciendo yo. Mi cabello era demasiado largo. Lo recogí y lo escondí debajo del sombrero. Todavía no estaba convencida. Tomé un poco de tierra del pequeño jardín que había junto a la ventana y me ensucié ligeramente la cara. Volví a mirarme. Ahora era diferente. No parecía una chica que acababa de llegar a Valle Verde. Parecía un muchacho joven.

Me aclaré la garganta. —Buenos días. Mi voz seguía siendo demasiado suave. Lo intenté otra vez. —Buenos días. Esta vez sonó un poco más grave. Sonreí. —Mucho mejor. Tomé el bolso y salí de la habitación. Antes de abandonar la casa, miré hacia donde estaba Elizabeth. No quería contarle lo que iba a hacer. Todavía no. Caminé nuevamente hacia el pueblo. Mientras avanzaba, algunas personas me miraban, pero nadie parecía reconocerme. Llegué finalmente a la tienda de medicina. Respiré profundamente. Abrí la puerta. El mismo hombre del día anterior levantó la mirada. —¿Sí? Me acerqué al mostrador intentando mantener la voz firme. —Buenos días. Busco un libro de medicina y una libreta. El hombre me observó. —¿Para qué los quieres?

Tragué saliva. No había pensado en qué decir. Miré un instante hacia los estantes, buscando una respuesta. Entonces se me ocurrió un nombre. —Soy aprendiz del señor Gabriel. Me pidió que consiguiera algunas cosas. El hombre levantó una ceja. —¿Gabriel? —¿El doctor Gabriel? Asentí, intentando que no se notara mi nerviosismo. —Sí, ese. El hombre pareció reconocer el nombre y dejó de hacer preguntas. —¿Y qué necesita? Sentí un pequeño alivio.

—Un libro de medicina y una libreta para tomar apuntes. El hombre se dio la vuelta y comenzó a buscar entre los estantes. Yo permanecí quieta. Por dentro, sentía que el corazón me golpeaba el pecho. Finalmente regresó con un libro y una libreta. —Serán seis monedas de plata. Saqué las monedas de mi bolso y se las entregué. El hombre las contó. —Aquí tienes. Tomé el libro y la libreta. —Gracias. Cuando estaba a punto de salir, escuché una voz detrás de mí. —Espera. Me quedé inmóvil. El hombre que estaba sentado cerca del mostrador me observaba. —Tú… Sentí que el corazón se me detenía. —¿Sí? Entrecerró los ojos.

—Te pareces mucho a una chica que vino ayer. No sabía qué responder. Entonces sonrió. —Estoy bromeando, muchacho. ¡Vete ya! Solté el aire que estaba conteniendo. —Claro. Salí de la tienda tan rápido como pude. Cuando doblé la esquina, me apoyé contra una pared y miré el libro que llevaba entre las manos. Lo había conseguido. Por fin tenía un libro de medicina. Lo abrí un poco y pasé los dedos por sus páginas. Sonreí. Quizá aquel pequeño libro no parecía gran cosa. Pero para mí significaba el comienzo de algo. Guardé el libro y la libreta en mi bolso. Después miré hacia el camino que llevaba de vuelta a la casa de Elizabeth. Todavía tenía mucho que aprender. Y aquel era solamente el principio.

— Fin del Capítulo 7 —



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En el texto hay: romance, epoca medieval, viaje en tren

Editado: 03.10.2026

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