La casa que la elfa caballero había reservado para todos se alzaba sobre una colina baja, a poca distancia del centro de la ciudad. Construida en piedra clara y madera oscura, con balcones tallados con símbolos antiguos y un patio interior atravesado por el murmullo constante de una fuente, ofrecía comodidad sin ostentación. Era un lugar pensado para viajeros importantes... o para guerreros que pronto pondrían su destino a prueba.
Aquella noche, el cansancio venció cualquier conversación prolongada. Karos fue el primero en retirarse, seguido de Lyra, que apenas logró despedirse antes de bostezar. Dravenor subió último, consciente de que el torneo estaba cerca, aunque ninguno lo dijera en voz alta.
A la mañana siguiente, el aroma del pan recién horneado y de infusiones calientes llenó la casa.
-Dormí como una roca -dijo Karos, desperezándose mientras tomaba asiento a la mesa.
-Eso es porque tú no tienes tantas cosas rondándote la cabeza -respondió Lyra con una sonrisa burlona, sirviéndose té.
La elfa caballero bebía en silencio, con la espalda recta y la mirada serena.
-Hoy no entrenaremos -dijo finalmente-. Conocer la ciudad y descansar también forma parte de la preparación.
Dravenor levantó la vista, sorprendido, pero no discutió.
Tras el desayuno, salieron juntos.
La ciudad del torneo se mostró ante ellos en toda su grandeza. Altas murallas blancas rodeaban calles empedradas adornadas con estandartes de colores, cada uno representando un reino, un clan o una academia. Torres de vigilancia se alzaban en puntos estratégicos y, dominándolo todo, el coliseo: una estructura colosal de piedra y metal antiguo visible desde casi cualquier rincón.
-Es enorme... -murmuró Karos, sin apartar la mirada.
-Y no muy acogedora -añadió Lyra en voz baja.
No tardaron en notarlo.
A medida que caminaban por el mercado principal, las conversaciones disminuían. Algunas miradas eran de simple curiosidad, pero otras estaban cargadas de desprecio y desconfianza.
-¿Esos participarán en el torneo? -susurró alguien sin disimulo.
-Qué pérdida de cupos -respondió otra voz.
Karos apretó los puños, pero la elfa caballero habló sin girarse.
-Ignórenlos. Aquí el respeto se gana en la arena, no en las calles.
En los puestos, el trato era correcto pero frío. Bastaba con que vieran los emblemas del torneo para que todo se volviera distante, obligatorio.
-Nos miran por encima del hombro -murmuró Lyra cuando se alejaron.
-Hoy -respondió la elfa-. Mañana, quizá no puedan apartar la vista.
El ambiente comenzó a suavizarse cuando un aroma irresistible los detuvo. Desde una calle lateral llegaban olores de carne asada, pan especiado y caldos hirviendo lentamente. Un local de madera oscura, lleno de risas y ruido, parecía invitarlos a entrar.
-Por favor dime que vamos ahí -dijo Karos, llevándose la mano al estómago.
-Vamos -respondió la elfa caballero, con una leve sonrisa-. Comer bien también es parte del descanso.
Dentro, el calor y el bullicio los envolvieron. Algunas miradas curiosas se posaron sobre ellos, pero nadie dijo nada. El dueño, un hombre corpulento de barba espesa, asintió al reconocerlos.
-Participantes del torneo. Tomen asiento.
La comida fue abundante y reconfortante. Entre bocados y risas, la tensión comenzó a disiparse.
-Esto vale cada mala mirada que nos lanzaron hoy -dijo Karos, provocando carcajadas.
Después de comer, caminaron sin rumbo fijo, dejándose llevar por calles más tranquilas, hasta que vieron un edificio de piedra clara del que escapaban columnas de vapor.
-¿Eso son... saunas? -preguntó Lyra, sorprendida.
-Baños termales -explicó la elfa caballero-. Tradición antigua de esta ciudad. Muchos guerreros vienen aquí antes del torneo.
El interior era silencioso y cálido. Piscinas de agua caliente alimentadas por manantiales subterráneos llenaban el lugar. Dejaron armas, tensiones y preocupaciones a un lado.
-No recordaba lo que era sentirse tan tranquilo -murmuró Dravenor, hundiéndose en el agua.
-Disfrútalo -respondió Karos-. Mañana no habrá espacio para esto.
Allí, entre vapor y silencio, incluso las miradas ajenas perdieron hostilidad. Todos eran solo cuerpos cansados buscando alivio.
Cuando salieron, el sol comenzaba a descender, tiñendo la ciudad de tonos dorados. Por primera vez, el lugar no parecía tan amenazante.
Regresaron a la casa al anochecer. Cenaron algo sencillo, hablaron de cosas triviales, rieron y compartieron recuerdos. Fue un día de calma, un respiro necesario antes de lo que vendría.
Antes de retirarse, la elfa caballero los reunió un momento.
-Guarden este día en la memoria -dijo-. Porque mañana, cuando entren a la arena, este descanso será lo único que los mantenga en pie.
Esa noche, Dravenor, Karos y Lyra durmieron profundamente.
El respiro había terminado.
El torneo los esperaba.