El bosque era más denso de lo que Lyra había imaginado.
Árboles altos, de troncos retorcidos, bloqueaban la mayor parte de la luz. El maná natural fluía de forma irregular, como si el propio lugar estuviera diseñado para confundir a quienes dependían de él. Lyra avanzaba con cautela, manteniendo sus sentidos abiertos, buscando cualquier rastro familiar.
-Dravenor… Karos… -susurró, sin esperar respuesta.
Sabía que separarse era parte del torneo, pero aun así, el silencio le pesaba.
Esto no está bien…
El maná… es inestable… no puedo depender completamente de él…
¿Y si me encuentro con alguien fuerte… sola…?
Entonces lo sintió.
Una presión violenta, ardiente, que hizo vibrar el aire frente a ella.
¡Muy rápido…!
Lyra apenas tuvo tiempo de alzar la mano.
Una enorme bola de fuego impactó contra un escudo mágico translúcido, explotando en una lluvia de chispas incandescentes.
El suelo tembló.
El impacto recorrió todo su brazo.
¡Duele…! Esto… esto no es como entrenar…
-Así que tú eres una de Rose -gruñó una voz grave.
Frente a ella apareció un orco alto y robusto, de piel verdosa oscura, cubierto con una armadura reforzada por runas ígneas. Sus ojos brillaban con un rojo intenso, y el maná de fuego se arremolinaba a su alrededor con violencia contenida.
-Una maga de apoyo… -rió con desprecio-. Qué mala suerte para ti.
Es fuerte… demasiado fuerte…
No puedo enfrentarlo directamente… tengo que pensar…
Las pantallas mágicas enfocaron el enfrentamiento.
-¿Una sanadora contra un orco de fuego?
-Eso es un mal emparejamiento.
-Esto va a terminar rápido.
-Ni siquiera debería estar aquí.
-Apuesto veinte monedas a que no dura ni un minuto.
-Yo digo treinta… como máximo.
En el sector de Rose, el ambiente se tensó.
-Lyra… -murmuró una de las hadas, apretando las manos.
-Resiste… -susurró otro mestizo.
-No puede ganar así…
-Tiene que moverse…
La Hada Reina observaba en silencio, sin mostrar emoción alguna.
El orco no perdió tiempo.
Columnas de fuego brotaron del suelo, obligando a Lyra a retroceder. Ella alzó ambos brazos y creó otro escudo, más amplio, que envolvió su cuerpo por completo.
El fuego chocó contra la barrera, distorsionándola.
Uno. Luego otro ataque. Y otro más.
Lyra no contraatacaba solo se defendía.
Cada impacto hacía vibrar su cuerpo.
El calor era insoportable.
Una chispa atravesó el escudo y rozó su hombro.
—¡Ah…! —ahogó un pequeño quejido.
Me alcanzó…
No puedo dejar que esto siga así… pero todavía no… aún no…
-¿Eso es todo? -se burló el orco-. ¿Escudos? ¿Nada más?
Las pantallas mostraban cómo los escudos comenzaban a agrietarse, cómo el calor los debilitaba poco a poco. Algunas llamas lograron atravesarlos, quemando su ropa y marcando su piel.
El dolor aumentaba.
Su respiración se volvió irregular.
Está funcionando… está gastando su maná… pero… yo también…
Si me equivoco… voy a perder…
-Ya está perdida.
-Se está quedando sin maná.
-Mírala, ni siquiera puede contraatacar.
-Esto es ridículo.
-Rose mandó a una sanadora a morir.
-Cincuenta monedas a que cae en el próximo ataque.
En Rose, el silencio se volvió insoportable.
Lyra respiraba con dificultad. Sus escudos parpadeaban, cada vez más frágiles. El fuego la alcanzaba con más frecuencia. Cayó de rodillas, apoyando una mano en el suelo.
El calor quemaba su piel.
Sus manos temblaban.
No puedo fallar…
Karos… Dravenor… confían en mí…
No… no voy a perder aquí…
-Ríndete -dijo el orco, jadeando también-. No puedes ganar.
Ella no respondió.
En cambio… sonrió.
-Tienes razón -dijo con voz suave-. Así es como se ve… desde fuera.
El orco frunció el ceño.
-¿Qué?
Lyra se puso de pie lentamente. El maná a su alrededor cambió. Ya no fluía hacia los escudos… sino hacia ella.
Ya es suficiente…
Ahora…
-Nunca estuve en peligro -continuó-. Solo necesitaba tiempo.
Levantó ambas manos.
-Escudo de Acumulación: Liberación.
El aire explotó.
Todo el daño recibido, cada impacto, cada llama que había golpeado sus barreras, regresó de golpe, multiplicado. Una ola de energía luminosa envolvió al orco, lanzándolo varios metros atrás. Su magia se desvaneció al instante, su cuerpo incapaz de sostener más poder.
Al mismo tiempo, una luz cálida rodeó a Lyra. Las quemaduras desaparecieron, su respiración se estabilizó. Estaba intacta.
Funcionó…
Lo logré…
-¿Q-qué hiciste…? -logró decir el orco, cayendo de rodillas.
-Esperé a que te quedaras sin maná -respondió ella con calma-. Y te devolví todo.
El orco cayó inconsciente.
En el coliseo, nadie habló.
Luego, el murmullo explotó.
-¿Devolvió el daño?
-¿Eso era magia de apoyo?
-¡Eso no tiene sentido!
-¿Cuánto maná acumuló?
-¡Esa chica es un monstruo!
-Yo aposté en su contra…
-Maldita sea… perdí cien monedas.
-¡Yo gané! ¡Sabía que algo ocultaba!
-Eso no es una sanadora normal…
En Rose, algunos tardaron segundos en reaccionar… y luego estallaron en gritos de alegría.
La Hada Reina cerró los ojos un instante, aliviada.
Lyra respiró hondo, mirando a su alrededor.
-Uno menos… -murmuró-. Ahora, tengo que encontrarlos.
Pero… esto apenas comienza…
No puedo bajar la guardia…
Y sin mirar atrás, se internó de nuevo en el bosque.