Dravenor avanzaba por el bosque con paso firme y seguro. La luz del día se filtraba entre las copas de los árboles, y cada sonido -el crujir de las ramas, el canto lejano de las aves- le resultaba familiar. No caminaba con cautela; no lo necesitaba. Su presencia era la de alguien que sabía exactamente dónde estaba… y de lo que era capaz.
No tardó en sentirlo.
Una presencia distinta, firme, sin intención de ocultarse.
El viento cambió levemente.
Dravenor entrecerró los ojos. No era una amenaza directa… pero algo observaba desde lejos.
Una presión sutil recorría el bosque, como si alguien analizara cada uno de sus movimientos.
—No estoy solo… —murmuró para sí.
Aun así, no se detuvo.
De entre los árboles apareció un hombre armado con espada y escudo. Su armadura mostraba marcas de batalla, pero estaba bien cuidada. No alzó el arma de inmediato.
-Dravenor -dijo con voz clara-. Soy uno de los últimos humanos en este torneo. No atacaré por la espalda. Si hemos de luchar, que sea como caballeros.
Dravenor asintió levemente.
-Entonces luchemos.
El combate comenzó sin más palabras.
Espada contra espada. Acero contra magia.
El humano se movía con técnica impecable, combinando bloqueos sólidos con ataques precisos. Dravenor respondía con fuerza controlada, reforzando cada movimiento con maná, pero sin desatar su verdadero poder. Hechizos breves envolvían su hoja, aumentando su alcance, desviando golpes que habrían sido mortales. La tierra tembló cuando chocaron de nuevo.
Ambos retrocedieron, respirando con dificultad.
Era un combate reñido. Honesto.
El humano giró sobre su eje y ejecutó una técnica precisa.
—Corte Radial
Un arco de energía se expandió desde su espada, obligando a Dravenor a retroceder rápidamente.
Dravenor respondió elevando su maná hacia la hoja.
—Refuerzo Arcano: Filo Incrementado
Su espada brilló tenuemente, y al bloquear el siguiente golpe, la onda de impacto sacudió el suelo.
Por un instante, ambos se observaron.
No como enemigos.
Sino como guerreros que se reconocían.
El humano lanzó una estocada envuelta en energía, Dravenor la desvió y contraatacó con un tajo que rozó el hombro de su oponente. Antes de que pudiera seguir, ocurrió.
Una flecha de energía atravesó el aire. El humano apenas tuvo tiempo de girar la cabeza antes de caer al suelo, derrotado por un ataque por la espalda. Un elfo emergió de entre las sombras, su arco aún vibrando por el disparo.
El humano, aún en el suelo, intentó levantarse.
—Tú… —murmuró con dificultad—… eso no fue…
Pero su voz se apagó.
Dravenor apretó los dientes.
Sus dedos temblaron levemente sobre la empuñadura de su espada.
No por miedo.
Por rabia contenida.
-Los humanos nunca aprenden -dijo con desdén-. Siempre tan… confiados.
Dravenor se giró lentamente.
Algo en su expresión cambió.
-Cobarde.
El elfo sonrió.
-¿Cobarde? No. Eficiente.
El elfo ladeó la cabeza, observándolo con desprecio.
—Aunque debo admitir algo… —añadió con una sonrisa torcida—. No esperaba encontrar a un elfo oscuro aquí.
Sus ojos brillaron con burla.
—Una raza fallida… creada para vivir en las sombras, intentando imitar lo que jamás serán.
Dravenor no respondió.
—Dime —continuó el elfo, caminando en círculos—, ¿te dejaron participar por lástima… o eres la mascota de algún noble?
El silencio de Dravenor solo pareció divertirlo más.
—Ah… ya entiendo. Eres uno de esos “prodigios”… —escupió la palabra con desprecio—. Un error al que le dieron poder que no le pertenece.
Dravenor no respondió.
No alzó la espada en guardia.
No lanzó un hechizo.
No dijo una sola palabra.
Simplemente avanzó.
El elfo atacó primero.
Su cuerpo se desdibujó en un parpadeo, moviéndose entre los árboles con una velocidad antinatural. La espada élfica apareció desde un ángulo imposible y cortó el aire… y la piel.
Dravenor gruñó al sentir el impacto en su costado. Retrocedió un paso, sorprendido.
El elfo no le dio respiro.
Dravenor intentó reaccionar.
—Paso Sombrío
Su figura se desplazó hacia un lado, pero el elfo ya estaba allí.
Una patada lo golpeó en el abdomen.
El aire abandonó sus pulmones.
Retrocedió varios metros, arrastrando los pies sobre la tierra.
—Lento —dijo el elfo con frialdad—. Incluso para alguien de tu… condición.
Dravenor apretó la espada.
Su respiración se volvió irregular.
Estaba siendo superado.
Un segundo corte abrió su brazo. Un tercero rozó su cuello. Cada ataque era preciso, limpio, sin desperdiciar movimiento.
-¿Lo sientes? -se burló el elfo-. Esta es la diferencia entre un verdadero heredero de la magia… y un bastardo con fuerza prestada.
Dravenor respondió con un contraataque brutal.
Su espada chocó con la del elfo, obligándolo a retroceder varios metros. Un tajo cruzó el pecho del elfo, arrancándole un jadeo de dolor.
Por primera vez, la sonrisa desapareció.
-Interesante…
Ambos se lanzaron de nuevo.
Dravenor reunió maná en su brazo.
—Estocada Lunar
La hoja avanzó con velocidad explosiva.
El elfo giró su cuerpo con precisión milimétrica.
—Danza del Viento Cortante
Desvió el ataque y contraatacó en el mismo movimiento.
Chispas mágicas estallaron en el aire.
Dravenor respondió sin detenerse.
—Filo Ígneo
Las llamas recorrieron su espada, obligando al elfo a retroceder por primera vez.
Pero la sonrisa volvió.
—Ahora sí… empieza a ser interesante.
El bosque se convirtió en un campo de muerte silenciosa. Espadas chocando, hechizos de refuerzo explotando contra barreras invisibles, raíces rompiéndose bajo la presión de su maná.
Dravenor sangraba.
No era grave… pero era real.