Un Villano Perfecto

ERRORES PERFECTOS

El bosque se abrió en silencio cuando Lyra emergió entre los árboles.

Su respiración era controlada, pero sus ojos no dejaban de moverse. Había seguido rastros de maná disperso, señales de combates recientes... ninguna era de Dravenor.

El aire tenía un sabor extraño.

Como si la magia misma estuviera siendo forzada.

Entonces lo sintió.

Una presencia firme, conocida, imposible de confundir.

-Lyra.

La voz llegó desde su izquierda.

Karos salió de la espesura sin prisa, como si el bosque no se atreviera a interponerse en su camino. Tenía algunas marcas de combate en la armadura, pero su postura era tranquila, sólida.

Durante un segundo ninguno habló. Luego, Lyra exhaló.

-Estás bien...

-Tú también -respondió Karos-. Eso es lo importante.

No hubo abrazos ni celebraciones. Solo una comprensión silenciosa: habían sobrevivido.

Pero los ojos de Lyra se detuvieron en una grieta de la armadura de Karos.

Un leve rastro de sangre.

Su expresión cambió apenas.

-Estás herido.

-No es nada.

Lyra no respondió.

Alzó una mano.

—Quieto.

Una luz tenue, de tono azul claro, envolvió la herida.

—Curación básica… —susurró—. Restauración.

El maná fluyó con precisión. La herida comenzó a cerrarse lentamente.

Karos la observó en silencio.

—Sigues mejorando.

Lyra bajó la mano.

—No es suficiente.

-Dravenor no está conmigo -dijo Lyra, bajando la voz-. Perdí su rastro después del último pulso de maná. Fue... distinto.

Karos frunció ligeramente el ceño.

-Entonces no estamos perdiendo el tiempo -dijo-. Vamos juntos.

Lyra asintió.

Sin más palabras, reanudaron la marcha. El bosque estaba inquieto.

No por el viento ni por las criaturas ocultas entre raíces y sombras, sino por algo más sutil: el maná fluía con rigidez, como si alguien lo estuviera forzando a obedecer.

Lyra avanzaba entre los árboles con pasos rápidos pero silenciosos. A su lado, Karos caminaba sin ocultar su presencia, los hombros relajados, los sentidos atentos.

-Dravenor no se habría detenido aquí -dijo Lyra en voz baja-. Si cayó inconsciente, debió ser más adelante... o alguien lo movió.

Karos asintió.

-Lo encontraremos.

El bosque respondió cerrándose.

Las ramas se entrelazaron de forma antinatural. La luz se quebró en ángulos imposibles. Dos presencias descendieron desde las copas de los árboles sin hacer ruido.

El ambiente cambió.

Más frío.

Más denso.

-Buscarlos fue más fácil de lo esperado -dijo una voz conocida, cargada de desprecio elegante. Lyra se tensó al instante. Frente a ellos aparecieron dos elfos. Altos, de rasgos afilados, armaduras ligeras cubiertas de grabados arcanos. Uno de ellos dio un paso al frente: cabello plateado, sonrisa torcida, ojos llenos de superioridad. Era el mismo que los había insultado antes del torneo. -Qué curioso -continuó-. El error se agrupa con otros errores. El segundo elfo permanecía en silencio, observando con frialdad calculada.

Sus ojos se detuvieron en Lyra.

—Aberración… —murmuró con desprecio—. Una mezcla fallida intentando imitar perfección.

Lyra no respondió.

Pero sus dedos se tensaron.

-No estamos aquí para ganar el torneo -dijo finalmente-. Estamos aquí para demostrar algo. Karos no respondió. Lyra tampoco. Ambos dieron un paso adelante... y luego se separaron apenas, cubriéndose los flancos.

—Mírala bien —añadió el elfo arrogante—. Magia inestable… esencia impura…

Su sonrisa se amplió.

—Eres un error que respira.

Lyra alzó levemente el mentón.

—Y aun así… estoy aquí.

Los ojos del elfo brillaron con molestia.

-Durante siglos -prosiguió el elfo arrogante- el mundo ha tolerado desviaciones. Mestizos. Bestias parlantes. Magia defectuosa. Ustedes existen porque alguien fue indulgente. Sus ojos se clavaron en Lyra. -Hoy, corregimos eso.

—Te borraremos —añadió el otro elfo—. Y el mundo será un poco más limpio.

El maná del bosque se tensó como una cuerda a punto de romperse. Lyra alzó las manos lentamente. La energía comenzó a acumularse a su alrededor, estable, contenida. Karos dejó escapar un suspiro largo. Sus colmillos asomaron apenas.

-Hablan demasiado -dijo con calma.

Los elfos sonrieron.

—Y ustedes… demasiado poco —respondió uno—. No entienden su lugar.

El aire se volvió pesado. Cuatro voluntades se enfrentaron en silencio, midiendo distancias, respiraciones, errores. Y entonces...

El primer ataque llegó sin aviso.

Las flechas élficas no silbaron; aparecieron, formadas de pura energía cortante. Karos reaccionó al instante, girando el cuerpo para cubrir a Lyra mientras ella levantaba una barrera frontal. El impacto sacudió el aire y los obligó a retroceder.

El suelo se abrió bajo sus pies.

—¡Lluvia Espectral! —pronunció uno de los elfos.

Decenas de proyectiles descendieron desde todas direcciones.

-¡No nos están probando! -advirtió Lyra. -Lo sé.

—No necesitamos hacerlo —dijo el elfo arrogante—. Esto terminará rápido.

Los elfos se movían entre los árboles como sombras líquidas, atacando desde ángulos imposibles. Cada hechizo estaba calculado para desgastar, no para matar... todavía.

—Miren cómo se defienden… —dijo uno con burla—. Patético.

Karos invocó criaturas menores para distraer, Lyra reforzó escudos, y juntos retrocedieron, obligando al combate a desplazarse. Los elfos sonrieron al verlo.

-Huyen -dijo uno-. Era inevitable.

—Corre, aberración —añadió el otro—. Así al menos retrasas tu final.

Lyra se detuvo de golpe.

-Ahora.

Alzó ambas manos y el maná explotó hacia afuera. Una barrera completa se cerró alrededor de los dos elfos, sólida, luminosa, vibrando con una presión acumulada.

-¿Crees que eso basta? -se burló el elfo arrogante.

—Romper —susurró.




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