Taehyung llevaba varios minutos mirando la fotografía que había recibido aquella mañana.
En la imagen aparecía él, saliendo del automóvil de Jungkook frente a su apartamento. La fotografía había sido tomada desde cierta distancia, pero se distinguían perfectamente su rostro y el vehículo del Alfa.
Debajo había una frase que le revolvía el estómago.
«Te advertí que no confiaras en él».
Taehyung sintió un escalofrío.
¿Quién había tomado aquella fotografía? ¿Cuánto tiempo llevaba vigilándolo? ¿Y por qué parecía tener algo contra Jungkook?
Apagó la pantalla y guardó el teléfono en el bolsillo de su chaqueta. No quería llegar tarde al trabajo, pero tampoco podía salir de casa como si nada hubiera ocurrido.
Antes de cerrar la puerta, miró hacia ambos extremos del pasillo.
No había nadie.
Aun así, tuvo la sensación de que alguien estaba observándolo.
—Solo estoy asustándome por nada —murmuró.
Pero ni siquiera él consiguió creerse sus propias palabras.
Cuando llegó a la empresa, Jimin estaba esperándolo cerca de los ascensores.
—¡Por fin! Pensé que hoy no vendrías.
Taehyung intentó sonreír.
—¿Por qué no iba a venir?
—Porque ayer estabas raro y no me respondiste el último mensaje.
—Me quedé dormido.
Jimin lo observó con atención.
—Taehyung, te conozco desde hace años. Cuando sonríes así, significa que estás ocultando algo.
Taehyung bajó la mirada.
No quería preocupar a su amigo, pero tampoco podía seguir guardándose todo.
Sacó el teléfono y le mostró la fotografía.
Jimin dejó de sonreír.
—¿Qué es esto?
—Me la enviaron esta mañana.
—¿Es el mismo número?
—Sí.
Jimin amplió la imagen y observó los detalles.
—La persona que tomó esto estaba bastante cerca. Mira el ángulo.
—Ya lo sé.
—¿Y si te ha estado siguiendo desde hace días?
Taehyung tragó saliva.
—Eso es lo que me preocupa.
Jimin le devolvió el teléfono.
—Tenemos que guardar todos los mensajes. No los borres y no respondas a esa persona.
—No pensaba hacerlo.
—Y otra cosa: si vuelve a aparecer cerca de tu casa, me llamas inmediatamente.
Taehyung asintió.
—Te lo prometo.
Las puertas del ascensor se abrieron.
Ambos entraron, pero Jimin continuó mirando a su amigo con preocupación.
—¿Vas a contarle a Jungkook?
Taehyung giró la cabeza de inmediato.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no quiero involucrarlo.
—Tae, ya está involucrado. La fotografía es de ustedes dos.
—Eso no significa que tenga que contarle todo.
Jimin suspiró.
—Está bien. No voy a obligarte. Pero piénsalo antes de tomar una decisión.
Las puertas se abrieron nuevamente y ambos salieron.
Taehyung guardó el teléfono.
Lo último que necesitaba era que Jungkook descubriera que alguien los estaba vigilando. No sabía cómo reaccionaría el Alfa, y tenía miedo de que intentara resolverlo todo por su cuenta.
Sin embargo, no imaginaba que Jungkook ya había comenzado a sospechar que algo grave estaba sucediendo.
La mañana transcurrió con una tranquilidad que Taehyung no conseguía disfrutar.
Intentó concentrarse en los documentos, respondió correos y revisó los cambios del proyecto. Cada vez que alguien pasaba cerca de su escritorio, levantaba la mirada.
Estaba agotado.
A media mañana, Jungkook apareció con dos vasos de café.
—Te traje uno.
Taehyung lo miró sorprendido.
—¿Para mí?
—No, para la silla. Claro que para ti.
Taehyung soltó una pequeña risa.
—No tenías que hacerlo.
—Lo sé.
Jungkook dejó el vaso junto a su computadora.
Taehyung lo tomó y notó que estaba preparado exactamente como le gustaba.
—¿Cómo sabías que lo tomo así?
—Ayer te vi pedirlo en la cafetería.
—¿Te fijaste en eso?
Jungkook se encogió de hombros.
—Tengo buena memoria.
Taehyung bajó la mirada para ocultar su sonrisa.
—Gracias.
Jungkook se sentó frente a él.
—¿Dormiste bien?
La pregunta hizo que Taehyung recordara la fotografía.
—Más o menos.
—¿Sigues preocupado por algo?
Taehyung apretó el vaso entre las manos.
Podía contárselo.
Podía mostrarle la fotografía y dejar que Jungkook decidiera qué hacer con la información.
Pero entonces recordó el mensaje.
«Te advertí que no confiaras en él».
—Solo tengo muchas cosas en la cabeza —respondió.
Jungkook no pareció convencido.
—Taehyung, sé que no nos conocemos desde hace mucho, pero no tienes que fingir conmigo.
El Omega levantó la mirada.
—No estoy fingiendo.
—Está bien.
Jungkook no discutió.
Se levantó y recogió una carpeta.
—Cuando quieras hablar, te escucharé.
Taehyung lo vio alejarse.
Aquellas palabras hicieron que sintiera una punzada de culpa.
Jungkook estaba intentando acercarse a él con sinceridad, mientras Taehyung continuaba ocultándole una parte importante de lo que estaba pasando.
Pero ¿cómo podía confiar en alguien cuando un desconocido parecía empeñado en convencerlo de que no debía hacerlo?
Al mediodía, los siete se reunieron para almorzar.
Jin había insistido en que necesitaban un descanso después de tantas horas trabajando, y J-Hope había apoyado la idea con entusiasmo.
—Por fin alguien en esta empresa entiende mis necesidades —declaró Jin, sentándose a la mesa.
—Tus necesidades son comer cada dos horas —comentó SUGA.
—Y no veo ningún problema en eso.
J-Hope soltó una carcajada.
—Yo te apoyo, hyung.
Namjoon negó con la cabeza mientras revisaba algo en su teléfono.
—No sé cómo consigo que todos trabajen juntos.
—Porque nos quieres —respondió Jimin.
—Porque necesito que entreguen el proyecto a tiempo.
Todos rieron.
Por unos minutos, Taehyung consiguió olvidarse de sus problemas. Le gustaba estar con ellos. Aunque apenas estaba conociendo a algunos, la manera en que se trataban le recordaba que todavía existían personas capaces de hacerlo sentir cómodo.