Jungkook llegó al apartamento de Taehyung poco después de las nueve de la noche.
Durante todo el camino había llevado el sobre sobre el asiento del acompañante. No lo había abierto, aunque la curiosidad lo estaba consumiendo. Su padre le había entregado algo que, según sus propias palabras, contenía una parte de la historia que nunca había tenido el valor de contarle.
Y Jungkook tenía la sensación de que, cuando lo leyera, nada volvería a ser igual.
Taehyung abrió la puerta antes de que pudiera llamar por segunda vez.
—¿Qué pasó? —preguntó, observándolo—. Tu mensaje me dejó preocupado.
—Necesito que nos sentemos.
Taehyung se apartó para dejarlo entrar.
El apartamento estaba silencioso. Sobre la mesa seguía el sobre blanco que habían encontrado la noche anterior, junto a la fotografía de su madre y Kang Minseok.
Jungkook dejó el sobre de su padre al lado de la imagen.
—Hablé con él.
Taehyung se sentó lentamente.
—¿Y qué te dijo?
—Que conoce a Kang Minseok. También conoce a tu madre.
Taehyung sintió que algo se le apretaba en el pecho.
—¿Mi madre conocía a tu padre?
—Sí. Aunque mi padre no quiso explicarme exactamente cómo se conocieron.
—¿Por qué?
Jungkook pasó una mano por su cabello, frustrado.
—Porque, según él, hay cosas que es mejor no remover.
Taehyung soltó una risa sin humor.
—Qué conveniente. Todo el mundo parece conocer una parte de mi historia, menos yo.
Jungkook lo miró.
—Por eso estoy aquí.
Sacó el sobre que le había entregado su padre y lo colocó entre ambos.
—Me dijo que aquí está la parte de la historia que nunca tuvo el valor de contarme.
Taehyung observó el sobre sin tocarlo.
—¿Lo has abierto?
—No.
—¿Por qué?
Jungkook se encogió ligeramente de hombros.
—Porque no quería leerlo sin ti.
Taehyung levantó la mirada.
—No tenías que hacer eso.
—Lo sé.
—Podría tratarse de algo relacionado solamente con tu familia.
—También podría tratarse de algo que afecta a la tuya. Y tú mereces saberlo.
Por unos segundos, Taehyung no supo qué decir.
Aquel gesto era pequeño, pero significaba mucho para alguien que había pasado años defendiendo su derecho a decidir sobre su propia vida.
Jungkook no había intentado tomar el control de la situación. No había decidido por él qué debía saber ni qué debía hacer.
Le había dejado un espacio a su lado.
Y Taehyung comenzaba a comprender que aquello era precisamente lo que más le costaba aceptar: la posibilidad de confiar en alguien sin sentir que estaba entregando su libertad.
—Ábrelo —dijo finalmente.
Jungkook rompió el borde del sobre.
Dentro encontró varias hojas dobladas, una fotografía y una carta escrita a mano.
La primera página llevaba una fecha de hacía más de veinte años.
Jungkook empezó a leer.
Y, después de las primeras líneas, su rostro cambió.
—¿Qué dice? —preguntó Taehyung.
Jungkook respiró profundamente.
—Habla de un proyecto en el que trabajaron nuestros padres. Al parecer, mi padre y Kang Minseok eran socios.
—Eso ya lo sabíamos.
—Espera. Aquí menciona a tu madre.
Taehyung se inclinó hacia delante.
Jungkook continuó leyendo en silencio antes de levantar la mirada.
—Tu madre trabajaba con ellos. No sé exactamente en qué, pero parece que fue una de las personas que descubrió que algo estaba mal en el proyecto.
—¿Qué estaba mal?
—No lo explica con claridad. Habla de documentos alterados y de una discusión que ocurrió poco antes de que la sociedad terminara.
Taehyung sintió un escalofrío.
Su madre nunca le había contado nada parecido. Recordaba sus manos, su voz y las veces que le había dicho que debía aprender a defenderse, pero jamás imaginó que hubiera estado involucrada en un conflicto de aquella magnitud.
—Sigue leyendo —pidió.
Jungkook bajó la vista hacia la carta.
La letra de su padre se volvía más irregular en las últimas líneas.
Durante mucho tiempo creí que guardar silencio era la única manera de proteger a nuestras familias. Me equivoqué. Mi decisión permitió que otras personas pagaran por algo que no habían hecho.
Jungkook dejó de leer.
Taehyung lo miró con el corazón acelerado.
—¿Qué significa eso?
—No lo sé.
—Jungkook, por favor. Necesito saberlo.
El Alfa volvió a tomar la carta, pero antes de continuar observó la fotografía que había dentro del sobre.
Era una imagen de dos niños sentados en el suelo de un jardín.
Uno de ellos tenía el cabello oscuro y una pequeña sonrisa. El otro llevaba un suéter claro y sostenía un juguete entre las manos.
Jungkook reconoció al niño del cabello oscuro.
Era él.
—No puede ser… —murmuró.
Taehyung le quitó suavemente la fotografía para verla mejor.
El otro niño tenía unos ojos que le resultaban inquietantemente familiares.
—Ese soy yo —susurró.
Jungkook lo miró.
—¿Estás seguro?
—Sí. Mi madre guardaba una fotografía parecida cuando yo era pequeño. Siempre pensé que era de una reunión familiar, pero nunca supe quién era el otro niño.
Taehyung volvió a mirar la imagen.
En la parte posterior había una frase escrita con tinta azul.
Para que nunca olviden la promesa que hicieron.
Debajo aparecían dos nombres.
Kim Taehyung.
Jeon Jungkook.
Ninguno de los dos habló durante varios segundos.
Habían trabajado juntos, habían discutido, se habían acercado poco a poco y habían empezado a sentir algo que ninguno se atrevía a nombrar.
Pero, de alguna manera, sus caminos ya se habían cruzado mucho antes de aquel primer encuentro en la empresa.
—¿Nos conocíamos de niños? —preguntó Jungkook.
Taehyung apretó la fotografía entre los dedos.
—Parece que sí.