Un vínculo inesperado

Capitulo XII- La casa donde comenzó todo

Taehyung llevaba varios minutos mirando el mensaje en su teléfono.

«Si vas allí, descubrirás por qué tu madre tuvo que guardar silencio. Pero no vayas con Jungkook. Él todavía no conoce toda la verdad».

Lo había leído tantas veces que las palabras comenzaban a mezclarse en su cabeza. No sabía quién estaba detrás de aquellas amenazas, pero cada mensaje parecía acercarlo más a una parte de su pasado que su madre nunca se había atrevido a contarle.

Y lo peor era que aquella persona conocía a Jungkook.

Conocía a su familia.

Y, aparentemente, sabía cosas que ni siquiera ellos mismos recordaban.

—¿Qué dice? —preguntó Jungkook desde el otro lado del sofá.

Taehyung levantó la mirada. Había olvidado que Jungkook seguía allí, observándolo con esa expresión seria que aparecía cada vez que algo le preocupaba.

—Nada.

Jungkook arqueó una ceja.

—Taehyung.

—No me mires así.

—¿Así cómo?

—Como si pudieras descubrir todo lo que pienso con solo mirarme.

Jungkook dejó escapar una pequeña risa, aunque la preocupación no desapareció de su rostro.

—Créeme, si pudiera hacer eso, me ahorraría muchas preguntas.

Taehyung bajó la mirada hacia su teléfono.

Podía ocultárselo otra vez. Podía guardar el mensaje, fingir que no tenía miedo y marcharse a la casa del lago sin decirle nada. Era lo que había hecho durante años: resolver sus problemas por su cuenta antes de que alguien tuviera la oportunidad de decidir por él.

Pero Jungkook ya formaba parte de aquel misterio, quisiera o no.

Y Taehyung estaba empezando a comprender que mantenerlo alejado no necesariamente significaba estar a salvo.

—Recibí otro mensaje —confesó finalmente.

Jungkook dejó de sonreír.

—¿Qué dice?

Taehyung le entregó el teléfono.

Jungkook leyó el mensaje una vez. Después volvió a leerlo, apretando la mandíbula.

—¿Por qué no me lo mostraste antes?

—Porque sabía que reaccionarías así.

—¿Así cómo? ¿Preocupándome porque alguien te está amenazando?

—Como si tuvieras que resolverlo todo.

Jungkook levantó los ojos.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

—Tienes razón —admitió él inesperadamente—. No puedo resolverlo todo por ti. Pero eso no significa que vaya a fingir que no está pasando nada.

Taehyung no esperaba aquella respuesta.

—No quiero que me protejas porque crees que soy un Omega indefenso.

—Nunca he pensado eso de ti.

—No puedes saberlo. Apenas me conoces.

Jungkook se inclinó hacia delante, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

—Entonces deja que te conozca. Pero no me pidas que me quede tranquilo cuando alguien está utilizando a nuestras familias para asustarte.

La última palabra quedó suspendida entre ellos.

Nuestras familias.

Porque, de alguna manera, sus historias estaban conectadas desde mucho antes de que se conocieran en aquella empresa.

Taehyung volvió a mirar el mensaje.

—Dice que tú todavía no conoces toda la verdad.

Jungkook soltó una risa amarga.

—Mi padre lleva días diciéndome que me aleje de ti. Cada vez que le pregunto por Kang Minseok, cambia de tema. Y ahora alguien me advierte que no vaya contigo a esa casa. Empiezo a pensar que mi familia ha pasado demasiados años ocultando cosas.

—¿Y si lo que encontramos allí cambia todo?

Jungkook lo miró directamente.

—Entonces tendremos que enfrentarlo.

Taehyung sintió un nudo en el estómago.

No sabía si podía confiar completamente en Jungkook. Todavía había demasiadas preguntas sin respuesta. Sin embargo, por primera vez desde que comenzaron las amenazas, no sintió que tuviera que cargar con todo él solo.

—Voy a ir a la casa del lago —dijo.

—Lo imaginaba.

—Y no necesito que me acompañes.

Jungkook asintió lentamente.

—Está bien.

Taehyung frunció el ceño.

—¿Está bien?

—Sí. No voy a obligarte a ir conmigo.

Aquella respuesta lo desarmó un poco.

—Pero voy a preguntarte algo —continuó Jungkook—. ¿Quieres que te acompañe?

Taehyung abrió la boca, pero no respondió de inmediato.

Una parte de él quería decir que sí. Otra seguía recordándole que confiar en alguien podía ser peligroso.

—Sí —admitió al fin—. Quiero que vengas. Pero no quiero que tomes decisiones por mí.

Jungkook extendió la mano, dejándola sobre el sofá entre ambos. No intentó sujetarlo ni acercarlo.

—Trato hecho.

Taehyung miró aquella mano antes de colocar la suya encima.

Fue un gesto pequeño, casi insignificante.

Pero ninguno de los dos lo retiró enseguida.

Una decisión entre amigos

A la mañana siguiente, Namjoon convocó al grupo en una sala privada de la empresa.

Jin llegó con dos bolsas de panadería y una expresión de absoluta indignación.

—Espero que esta reunión tenga una buena razón. Tuve que levantarme temprano y ni siquiera he desayunado tranquilamente.

—Trajiste suficiente comida para alimentar a todo el edificio —comentó Yoongi, mirando las bolsas.

—Eso se llama estar preparado.

—Eso se llama no saber comprar poco —añadió Jimin.

Jin se llevó una mano al pecho.

—Me hieres, Park Jimin. Después de todo lo que he hecho por ti.

Jimin sonrió y le robó un panecillo.

—Gracias por el desayuno.

Hoseok soltó una carcajada mientras Namjoon intentaba recuperar el control de la reunión.

—¿Podemos concentrarnos un momento?

—Claro, jefe —respondió Hoseok, sentándose correctamente.

Jungkook estaba junto a Taehyung. Desde que habían llegado, no le había preguntado si estaba bien ni una sola vez. En lugar de eso, había dejado una botella de agua a su lado y había esperado a que él decidiera si quería hablar.

Taehyung lo había notado.

También había notado que Jungkook parecía llevar varias noches sin dormir bien.

Namjoon proyectó sobre la pantalla una fotografía de la casa del lago.




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