Taehyung no podía moverse.
La mujer que tenía delante lo observaba con los ojos llenos de lágrimas, una mano cubriéndole la boca y la otra aferrada al brazo del padre de Jungkook.
Era imposible.
Durante años había vivido con la certeza de que su madre había muerto. Recordaba las visitas al hospital, las conversaciones que apenas comprendía cuando era niño y el dolor que sintió cuando le dijeron que ya no volvería a verla.
Había llorado frente a una tumba.
Había pasado cumpleaños esperando escuchar su voz.
Había guardado sus fotografías como si fueran lo único que le quedaba de ella.
Y ahora aquella mujer estaba allí, respirando frente a él.
—No… —murmuró Taehyung, retrocediendo un paso—. No puede ser verdad.
—Taehyung…
—¡No me llames así!
Su propia voz lo sorprendió. Le temblaban las manos y sentía que le faltaba el aire, pero el dolor que llevaba dentro era mucho más fuerte que el miedo.
La mujer intentó acercarse.
Taehyung levantó una mano para detenerla.
—No te acerques.
Ella se quedó inmóvil.
Jungkook observó a Taehyung, preocupado por la manera en que su respiración se volvía cada vez más rápida. Quiso acercarse, pero recordó que no debía decidir por él. Se mantuvo a su lado, lo bastante cerca para acompañarlo y lo bastante lejos para permitirle elegir.
—Taehyung, respira —dijo suavemente—. No tienes que hacer nada que no quieras.
Taehyung apretó los ojos.
No quería llorar delante de todos.
No quería que aquella mujer descubriera cuánto la había extrañado.
Y, sobre todo, no quería que una parte de él siguiera deseando correr hacia sus brazos.
—¿Por qué? —preguntó finalmente.
Su madre soltó un sollozo.
—Hijo…
—¡Te hice una pregunta! ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué todos estos años me dijeron que habías muerto?
La mujer bajó la mirada.
El padre de Jungkook dio un paso al frente.
—Taehyung, hay cosas que debes comprender antes de…
—¡Usted no se meta! —lo interrumpió Taehyung—. ¡Esta es mi madre! ¡Mi vida! ¡Mi familia! Todo el mundo parece saber algo menos yo.
El hombre se quedó callado.
Jungkook nunca había visto a Taehyung tan alterado. Lo conocía como alguien orgulloso, capaz de defenderse incluso cuando tenía miedo, pero aquella vez no estaba intentando demostrar fortaleza.
Estaba roto.
Y no había ninguna frase que pudiera arreglarlo.
—Quiero una explicación —dijo Taehyung, mirando directamente a su madre—. Ahora mismo.
Seo-yeon se secó las lágrimas.
—Te la daré.
—No. No me digas que lo hiciste para protegerme. No me digas que algún día lo entenderé. He esperado demasiados años para escuchar esas palabras.
Su madre se estremeció.
—Tienes razón.
Aquella respuesta hizo que Taehyung guardara silencio.
Seo-yeon respiró profundamente antes de continuar.
—No espero que me perdones. Ni siquiera espero que quieras volver a verme. Pero tienes derecho a saber qué pasó.
Taehyung sintió que el corazón le golpeaba contra las costillas.
—Entonces habla.
Seo-yeon miró al padre de Jungkook.
El hombre asintió con tristeza.
—La noche en que desaparecí —comenzó ella—, descubrí que Kang Minseok había estado utilizando documentos falsificados para ocultar movimientos de dinero dentro de la empresa. No era un simple problema financiero. Había otras personas involucradas y, cuando intenté reunir pruebas, comprendí que alguien sabía lo que estaba haciendo.
Namjoon intercambió una mirada con Yoongi.
Aquello coincidía con los documentos que habían encontrado.
Seo-yeon continuó:
—Yo trabajaba con ellos. Conocía los archivos, las cuentas y los acuerdos. Cuando descubrí las irregularidades, guardé copias de algunos documentos. Pensé que podría entregarlos y que todo terminaría.
—¿Y qué pasó? —preguntó Taehyung.
—Me amenazaron.
El silencio se hizo más pesado.
—Me dijeron que, si hablaba, tú estarías en peligro. Eras un niño, Taehyung. No tenía a nadie en quien confiar y no sabía hasta dónde estaban dispuestos a llegar.
—¿Por eso te fuiste?
Seo-yeon comenzó a llorar de nuevo.
—Sí. Pero no fue tan sencillo. La noche que intenté salir de la ciudad, alguien me siguió. Hubo un accidente y terminé en el hospital con heridas graves. Durante varios días no pude comunicarme con nadie.
Taehyung la miraba sin pestañear.
—¿Y después?
—Cuando recuperé el conocimiento, me dijeron que habían informado a tu familia de mi muerte.
—¿Quién te dijo eso?
Seo-yeon miró al padre de Jungkook.
Él cerró los ojos.
Taehyung sintió que algo se le helaba por dentro.
—¿Usted?
El padre de Jungkook tardó en responder.
—Yo ayudé a organizar tu desaparición, Taehyung.
Jungkook se volvió bruscamente hacia él.
—¿Qué acabas de decir?
Su padre no lo miró.
—Creí que era la única manera de protegerlos.
—¿Protegerlos? —Jungkook soltó una risa amarga—. ¿Le hiciste creer a Taehyung que su madre estaba muerta y llamas a eso protegerlo?
—No entiendes lo que estaba pasando.
—¡Entonces explícamelo!
El hombre se pasó una mano por el rostro.
—Cuando Seo-yeon desapareció, Kang Minseok todavía tenía acceso a información de la empresa. No sabíamos quién trabajaba para él ni quién estaba ayudándolo. Si alguien descubría que ella seguía viva, podía intentar encontrarla a través de Taehyung.
—¿Y por qué no le dijiste la verdad a mi familia? —preguntó Taehyung—. ¿Por qué me dejaron llorarla?
Seo-yeon se acercó un poco, pero se detuvo al recordar que él le había pedido distancia.
—Yo creí que estabas a salvo. Me dijeron que te habían explicado lo sucedido y que estabas con tu familia. No sabía que te habían hecho creer que había muerto.
Taehyung sintió que las lágrimas finalmente le recorrían el rostro.