Una Hoja Por Cada Lamento

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Estuve emocionada por una semana luego de aquello, mi corazón enloquecía cada vez que recordaba aquellos ojos color miel mirándome. Pero aún así no hice nada al respecto, bastante tenía en casa como para preocuparme por hablar con él.

Papá era un alcohólico, aunque me dolía admitirlo, lo era. Todas las tardes luego de la universidad y en las mañanas me ocupaba de los quehaceres de la casa.

Me levantaba, lavaba mi rostro, cepillaba mis dientes y luego comenzaría todo: barrer, limpiar, botar las botellas vacías de alcohol y preparar el desayuno y luego alistarme para clases. Todos los días, y ni siquiera en los fines de semanas eran tranquilos, me dolía ver a mi papá consumirse en las penas con una botella de alcohol al lado.

Mamá falleció hace siete años, papá aún no lo había superado, y lo entendía y me dolía al mismo tiempo, mamá fue el amor de su vida, su más grande tesoro. Aunque hayan pasado años papá no se recomponía y en las noches cuando lo escuchaba lamentarse se me partía el corazón, pero tragandome mis lágrimas lo ayudaba a acostarse y le decía lo mucho que lo amaba.

A veces las personas necesitan solo eso, que les recuerden que los aman.




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