Una novia para el millonario

5. El amor tiene un precio.

 

Créanme cuando les digo que el sonido de mi alarma era la última cosa que quería escuchar a las 8 de la mañana pero como lo había dicho antes era una mujer emprendedora, libre, inteligente, determinada quien además era su propia jefa, o algo por el estilo así que si no me levantaba de la cama estaba casi segura de que ninguna otra persona podría garantizarme que este día seria productivo.

Y luego del éxito de la noche de ayer sabía que el tiempo que pasara en la cama, seria tiempo totalmente desaprovechado. El encuentro había superado todas nuestras expectativas y las cosas nos habían salido bastante bien, o al menos la mayoría de ellas por lo que teníamos que poner las cosas sobre la balanza para así planear el próximo.

El ruido de la maquina caminadora fue lo primero que mi cerebro aun adormilado pudo detectar en cuanto puso un pie dentro de la sala de estar. Claire estaba usando uno de esos bellos conjuntos deportivos que poco dejaban a la imaginación y que permitían destacar cada parte destacable de su cuerpo que merecía al menos tres segundos de la atención de cualquier persona.

Sobre todo de los hombres.

Me acerqué sigilosamente hacia la mesa para tomar la jarra de jugo y  servirme un poco.

Para ser honesta no podía dejar mirarla  un poco con admiración y otro con terror, porque si esta mujer era tan determinada a la hora de hacer ejercicio y así conseguir los resultados que ella quería, no quería ni pensar que es lo que sucedería cuando fuese detrás de un hombre. Claire era una chica excepcional, de esas que ya no se ven allí afuera, una que sabe lo que quiere y como conseguirlo, y fue una lástima que Louis, el último chico con el que salió no supiera apreciarlo y en lugar de eso, salió huyendo de esto haciéndole creer a mi amiga que estas características de las que en más de una ocasión se jactaba no eran más que una maldición para ella en cuanto al amor se trataba.

— ¿No crees que es un poco temprano para eso?—pregunté sentándome a la mesa para poder iniciar el ritual del desayuno.

Ella se me quedó viendo y pude darme cuenta de que sabía que algo había dicho, porque había visto que mis labios se habían movido, desafortunadamente los auriculares que tenían en su oído no le permitían escuchar lo que había salido de mi boca.

Puso en pausa la máquina y sus pies lentamente se fueron deteniendo a la misma vez.

— ¿Disculpa?— dijo quitándose con delicadeza los diminutos aparatitos que tenía en sus orejas.

Así era ella, todo lo hacía delicadamente. De haber sido yo los habría retirado con toda la brutalidad que caracteriza a una niña que se crio con tres hermanos varones quienes tenían como  entretenimiento fastidiarla y hacerle la vida imposible.

—Que si no te parece que es demasiado temprano para eso—repetí— ¿Al menos has comido algo antes de sentarte allí? — inquirí preocupada por su bienestar.

Colgó una toalla alrededor de su cuello para luego venir en mi dirección con una sonrisa que acaparaba gran parte de su rostro. 

—Sabes que no hay nada que me genere más placer que comenzar la mañana haciendo ejercicio—respondió ocupando la silla que está libre delante de mí.

Acerqué una tostada a mi cara y la observé por sobre esta.

— ¿Y tú sabes que existe otra clase de ejercicio con el que podrías despertar y que te brindaría aún más placer, no es así? — sugerí provocativa. 

Si algo había que detestaba mi amiga, eran los comentarios fuera de lugar y con doble sentido. De acuerdo con ella no lograba comprenderlos del todo y si lo hacía le parecían demasiado vulgares como para reír de ellos. 

—GAIA— exclamó dándome una mirada matadora.  Juro que de si de ella hubiese salido un rayo seguramente me habría pulverizado inmediatamente.

— ¿Que? —conteste sin poder contener la risa. Era imposible. No es que quisiera burlarme de ella, realmente no, en especial porque estaba al tanto de su reacción.

— ¿Cómo te atreves a decir una cosa como esa? — murmuró horrorizada llevando una mano al pecho.

Casi daba la impresión de que la palabra “sexo” era una palabra sucia y que una dama como ella no debía pronunciar, ni que decir de todas sus derivaciones. Algo bastante irónico si nos detenemos a pensarlo teniendo en cuenta que una de las cosas que nosotras les garantizamos a nuestros clientes es precisamente eso…Sexo. Y la segunda parte del nombre de nuestro negocio es “Lust” que es el nombre en inglés para la palabra lujuria.

En fin las contradicciones de este mundo que jamás lograré comprender del todo. ¿Y quién era yo para juzgarla después de todo? ¿Si hasta hacia unas cuantas horas estaba detrás de Tom rogando por un poco de su atención?

—Yo solo digo que si encontrarás a alguien con quién pasar el tiempo de esa manera, tal vez hallarías una manera más divertida de ejercitarse.

—Gia— susurró dándole un sorbo a su taza de café verde.

—Lo sé, lo sé. Quieres concentrarte en el negocio y construir un futuro brillante antes de sentar cabeza, pero dime, ¿no sería asombroso tener a alguien con quien compartir esos triunfos y alegrías o tener un hombro sobre el cual llorar cuando las cosas no saben cómo quieres? ¿Qué tal si te cansas de la soledad y deseas tener a alguien esperándote en casa, quien esté ansioso de oír como fue tu día?— agregué, consciente de que posiblemente estaba yendo demasiado lejos.

Una ceja enarcada y una expresión llena de dolor fue todo lo que recibí a cambio.

—Entiendo que tu ruptura no fue dura. Nadie, ninguna mujer espera que el hombre que le había pedido que se casara con ella se marchara a la mañana siguiente y le enviara un texto argumentándole que se había arrepentido y apresurado en tomar esa decisión. Confía en mi— dije posando mí mano sobre la suya que sutilmente apretaba con fuerza una servilleta—Eres un ser fenomenal, que siempre está listo no para lo que sea, ayuda a las personas sin dudarlo y en más de una ocasión pone las necesidades de las demás por sobre las suyas. ¿Qué hombre no querría algo como eso?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.