Una pausa para el amor

Capítulo 7

Momentos.

Robert.

Tal y como quedamos, espero que ella baje para poder bajar e ir a recogerla. —Hola. Los nervios se apoderan de mí, pero logro recomponerme. Armándome de valor, la tomo en mis brazos y hago que suba al vehículo, para que no se nos haga tarde.

Estoy ansioso por estar con ella, compartir más de lo que he podido imaginar, saber que por fin estoy con ella.

Miro cómo le tiembla una pierna; no hace que mi cerebro procese primero, colocó mi mano en ella.

No puedo creer que ahora soy digno de tocarla de esa manera.

—Tranquila, todo estará bien. —digo en un intento de que su cuerpo se relaje y piense que todo estará bien.

Porque es lo que espero.

Tengo muy claro lo que tengo para ofrecerle, pero no es suficiente. Ella es merecedora de mucho más.

—¿Crees que estamos haciendo lo correcto? —Sé muy bien su miedo, claro, mis padres en todo su esplendor se lo han hecho saber.

—Sí, no es la manera correcta de hacerlo, pero esto. —digo, tratando de transmitir la seguridad que siento, con los pocos segundos que nuestras miradas se encuentran. —Solo confía en que todo estará bien.

Vamos por la ciudad tratando que nada nos interrumpa; necesito que ella me prometa que me va a esperar.

—Sé que cuatro años será mucho tiempo, pero te prometo que trataré que sean menos, y después puedo seguir con mis estudios. —La miro de reojo, tratando de analizar lo poco que puedo; veo cómo su pierna se mueve con nerviosismo.

—Robert. —Dice mi nombre en un susurro; hasta parece que estoy escuchando mal.

—Dilo, estoy aquí para escucharte, no importa si me va a gustar o no lo que me tienes que decir.

Ella me mira por un momento y luego vuelve su vista al frente, como si contemplar la carretera hiciera reducir el mundo a nuestro alrededor.

—Solo sé tú misma.

Ella toma aire dándose fuerzas para decir lo que tenga en mente.

—¿Y si esto termina? —Aquello me hace pensar que algo me esconde.

—No va a terminar, aunque pase el tiempo, pruebas y muchas cosas más; siempre vamos a regresar donde somos felices y tú eres mi felicidad.

Esta pequeña declaración hace que sus orejas se tiñan de rojo, y a mí se me forme una sonrisa. Me encanta cuando está nerviosa.

—Sé que será difícil, pero no imposible si estamos juntos en esto.

Ella toma mi mano y la aprieta; eso es lo que me da la determinación de que tengo que hacer todo lo posible para poder cumplir mi palabra.

—Espero que sea así; sin importar lo que pase, terminemos juntos.

Llevo su mano a mi boca, porque es mi manera de prometer que será así.

No quiero irme, por eso atrasé mi vuelo a mañana; sí quiero darle algo mejor a Ana, tengo que esforzarme mucho más.

Sé que tendré la oportunidad de mi vida, una vez que mis padres no tengan el control total; eso es todo lo que voy a necesitar tiempo.

Se puede decir fácil, pero está en todo lo que conlleva; son cuatro años, no dos meses.

—¿A dónde vamos? —eso me hace sonreír, pensé que nunca lo iba a preguntar, pero vamos a una de las cabañas que mi abuelo tiene fuera de la ciudad.

—Es una pequeña sorpresa. —digo tomando la carretera donde nada va a importar desde lo que va a pasar.

—¿Me darás una pista?

—No, pronto lo vas a ver con tus propios ojos. —Ella niega con la cabeza.

Y yo solo puedo gozar con pasar el poco tiempo que tengo a su lado.

Dejo los pensamientos negativos y le pregunto si ya ha pensado qué quiere estudiar en la universidad.

Ella me cuenta de sus sueños, y con cada palabra se me hincha el corazón de orgullo; sé que ella va a cumplir cada meta o sueño que tenga.

Es una mujer guerrera, que va a luchar con uñas y dientes hasta conseguirlo.

Solo espero estar con ella para ver sus logros y principalmente ser su apoyo en cada reto.
Porque es muy bonito solo ser parte del triunfo, pero los obstáculos son los que unen a las personas.

—Algún día, pero no importa lo que te digan. —Respiro profundo. —Tienes que creer en ti; nadie más va a luchar por sueños.

—Gracias por todo. —Veo cómo sus ojos se llenan de lágrimas.

—Gracias a ti, solo por el simple hecho de existir.

¡Mierda! Me he hecho un romántico empedernido; quién diría que el joven Robert tuviera esa etapa en la vida.

Faltan pocos kilómetros para llegar a la cabaña, y estoy nervioso por todo lo que está a punto de suceder.

—Está un poco lejos. —Dice Ana, parece ansiosa por llegar.

Una vez que llegamos a nuestro destino, sé que los momentos que pasemos aquí serán grabados para siempre. Y eso es lo que deseo con todo el corazón.

Bajamos del vehículo, tomo su mano; sé que nunca ha estado aquí, ya que son pocos los que conocen su existencia, a excepción de mis padres y mi abuelo.

—Es hermoso. —Esa era la reacción que estaba esperando en ella.

No puedo negar que es exactamente como algún día lo soñé o imaginé, pero lo mejor de todo esto es que ella está aquí conmigo.

Ella observa todo a su alrededor y me quedo viendo cada una de sus expresiones; es fantástico cómo algo tan simple y tan magnífico a la vez nos puede hacer que queramos mas.

Me acerco a ella para poder abrazarla por atrás; tal vez no sea lo idóneo, pero quiero aprovechar las pocas horas que mis padres me ofrecieron.

Es frustrante, claro que lo es, pero no pienso estar enfocándome en lo malo cuando puedo aprovechar todo lo bueno que tengo a mi alrededor.

—Es hermoso. —Su declaración no me sorprende, porque me imaginaba su reacción. Por su amor a la naturaleza.

—Un día no muy lejano estaremos casándonos aquí, donde me declararé esclavo de tu amor.

Ella suelta una carcajada que me contagia.

Es feliz, y para mí es más que suficiente.

—Algún día, menos hoy. —Declara ella.

—Hoy puede ser una promesa.




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