Una Sola Noche

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Mis amigas se sienten ofendidas porque no les cuento nada sobre Ángel.

-¿Por qué no dijiste nada sobre aquel chico guapo? –me pregunta una de las chicas, haciendo una mueca de indignación–. Estás saliendo con un chico genial, pero no nos has dicho ni una palabra. ¿Acaso las amigas se comportan así? Ah, Sonia, estoy en shock.

-Nos conocimos antes de la graduación –me encojo de hombros–. No tenía tiempo para contarlo.

-¿Qué?                                                                   

-¡Vamos!                                                                      

-¿Nos estás mintiendo?                                     

Las chicas me miran incrédulas.                             

-Es verdad –digo con firmeza–. ¿Por qué ocultaría algo así?

Les describo el incidente con las gotas; cómo lloré en los escalones a la salida de mi edificio, y cómo el chico se me acercó y ofreció ayuda. Por supuesto, no menciono mis sospechas, no digo que Ángel puede ser el mismo chico que me protegió de los bandidos, me salvó en la piscina y, en general, me cuida constantemente.

-Wow –exclama una amiga–. Nunca pensaría que él es uno de los que ayudan a otras personas.

-¿Y eso por qué? –estoy sorprendida.                    

-Yo qué sé.                                                                

Las amigas intercambian miradas significativas, y al final una de ellas delata lo que todas ellas piensan.

-Sonia, hemos visto cómo es él. Obviamente, es uno de aquellos rompecorazones que tienen muchas chicas. Es un chico muy rico. Tendrá tanto dinero que incluso Inga, comparando con él, parece venir de una familia pobre.

-¿Has visto el reloj que llevaba? –otra chica se une a la conversación.

-No vi bien aquella noche –me río nerviosamente.

Incluso si lo viera, difícilmente apreciaría el costo. Sospechaba que la ropa de Ángel era cara, pero no estaba muy segura.

-Como el del presidente.                                     

-¡Cuesta igual como un avión!                                 

-¿Y su ropa? ¿Viste de qué marca era? Obviamente, no era una imitación. Nuestra Verochka se quedó boquiabierta al ver su chaqueta. Su novio, Vitaliy, viste ropa comprada en un mercadillo, y de repente apareces tú con ese chico bien vestido.

Las chicas siguen discutiendo sobre el tema, y yo me siento incomoda. Sí, él llevaba ropa cara. ¿Y qué?

-¿Cómo se llama? –me preguntan.                          

-Ángel.                                                                         

-¿Segura que es su nombre?                                      

-No me dijo ningún otro.                                     

-Está bien, la gente rica es bastante extraña.             

-¿Cuándo será tu siguiente cita? –esa pregunta desencadena todo un montón de preguntas; ellas quieren saber sobre mis planes para el futuro, casi hablan de la boda.

-Chicas, no lo sé.                                                      

-Bueno, ¿él te llama? ¿Escribe mensajes?                

-No tengo su número de teléfono –me encojo de hombros. Y él tampoco tiene mi número. Tal vez nos volveremos a encontrar, pero es poco probable que esto suceda antes del otoño.

-Qué raro. ¿Y eso por qué? ¿Qué has hecho mal? ¿No le gustaste? Maldita sea, un tipo así de genial. ¡No te lo puedes perder, Sonia! ¿En qué estás pensando? ¡Una oportunidad así solamente se da una vez en la vida!

Milagrosamente logro deshacermede las preguntas incomodas de las chicas, pero al día siguiente todo se repite, una y otra vez, incluso pasado un mes. Solamente los exámenes finales hacen que las amigas se distraigan un poco.

Ángel causó revuelo entre mis compañeros de clase; todos en el colegio hablan sobre el baile de primavera. Atraigo mucha atención.

Regresa Cristina y también me exige una confesión detallada sobre mi misterioso novio.

-Ah, Tina, ¿y tú también? –hago con la mano un gesto de molestia–. ¡Él no es mi novio! Solo nos vimos una vez. Era una noche mágica. Pero no estoy segura de que esto vuelva a suceder.

-También lo pienso –suspira mi amiga–. Sabes, los chicos como él no miran a las chicas sencillas como nosotras. Para ellos somos solamente una diversión, y para una relación seria prefieren a una chica de su círculo.

No estoy de acuerdo con ella. Ángel no parece ser uno de esos esnobs que se preocupan por el alto estatus de sus amigos. Él está jugando su propio juego.

- Dime –la amiga baja la voz confidencialmente–. ¿Lo has hecho con él?

-¿Hice qué?                                                             

-Pues, tú entiendes –lo dice expresivamente y me guiña un ojo.

-Tina, ¿estás bromeando? Nos vimos solamente una vez. Apenas lo conocemos. Ya te lo dije…




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