Una vez más

1. Somos solo tu y yo.

2 años después.

A lo largo de mí vida a medida que iba creciendo, mutando, cambiando y obteniendo distintas perspectivas de quién era yo y que quería jamás me habría imaginado o definido como una forajida, una marginada, sin embargo era eso exactamente en mí que me había convertido con todo lo que había ocurrido desde que había puesto un pie en Canadá.

Y si se lo triste que suena sobre todo considerando que había venido aquí con una maleta llena de ilusiones y con la intención de entregarle mí corazón al hombre que amaba.Estaba preparada para hacerle saber cuánto lo amaba, cuánto lo necesitaba, y en especial estaba mentalizada para comunicarle que pronto seríamos una familia.

Aquel día durante todo el viaje en avión fui imaginando cómo abordaría el tema. Sabía que corría la chance de que él no quisiera este bebé o que sugiriera en el peor de los casos que era de su primo, no obstante tenía muchas pruebas que irían en contra de esa suposición. 

Lamentablemente no tuve ni la más mínima oportunidad de hacerlo porque cuando llegue a su puerta fue su prometida quien me recibió en su nuevo hogar con una gran sonrisa en su perfecto rostro, una roca en su dedo que era evidencia de su amor y una camisa cubriendo su delicado cuerpo que indicaba que antes de que yo llegara ellos habían compartido un buen momento en la cama y era lo suficientemente inteligente para comprender que no solo habían estado hablando allí.

¿Qué hice en ese entonces? Mentir, mentir como las mejores, no quería que él supiera que estaba allí, así que solo me límite a decir:

—Lo siento, creo que me equivoque de piso.

Y me di la media vuelta para volver así por donde había venido, destrozada y con una gran incertidumbre respecto a que es lo que ocurriría conmigo a continuación, porque obviamente no había forma de que regresara a casa, claro que no. Todos me odiaban allí, o bueno, tal vez exageraba, la realidad es que solo mí familia política me detestaba por haber dejado plantado a Harry en el altar mientras que el resto de la sociedad se dedicaba a hacer conjeturas sobre mí, sobre nosotros y muchos sitios de chismes nos habían hecho los protagonistas de sus noticias más jugosas, o eso es lo que Hayley me contaba cada vez que hablábamos por teléfono.Me había convertido en una especie de celebridad allí y no por los motivos correctos.

Así que aquí me tenían en un país desconocido, rodeado de personas que no tenían nada que ver conmigo, bueno solo una lo hacía. El niño que llevaba en mí interior y que por años y años no haría más que recordarme a Maxximus. A veces me preguntaba si se parecería a mí, o si sacaría sus ojos. ¿Tendría su carácter? ¿O mí bondad? ¿Cometería nuestros mismos errores? Pero lo que más me preocupaba no era eso, no, mí mayor preocupación giraba en torno a su crianza, donde viviríamos, como sobreviviríamos, de que trabajaría para darle todo lo que necesitaba, porque era evidente que ese peso solo recaía sobre mí ya que su padre no estaba al tanto de su existencia y planeaba que continuará siendo así por mucho, mucho tiempo.

En ocasiones me gustaba engañarme a mí misma pensando aquello, desafortunadamente en mí interior sabía que no era más que una gran y triste mentira, ya que hiciera lo que hiciera él siempre llevaría sangre O'Neil.

Sería uno más de ellos. Por toda la eternidad.Con lo que eso significaba.

👶👶👶

Mantener el equilibrio ahora mismo en una banqueta que era más inestable que mis emociones en este instante era posiblemente una de las tareas más difíciles, que me hacían odiar que Lennox no estuviese aquí para ayudarme.

—Señorita, Señorita — repitió una mujer tocando la campanita que estaba en el mostrador—Puede venderme un muffin, por favor.

Conocía aquella voz, se trataba de Gertudre una de las vecinas con las que compartíamos edificio y quién cuando yo estaba aquí se negaba a llamarme por mí nombre, lo que me parecía completamente extraño considerando que la chica que se cruzaba en los pasillos y la que estaba del otro lado del mostrador eran la misma… yo.

Tomé una profunda respiración e hice lo mejor posible por responderle con toda la amabilidad que solía caracterizarme. Era nueva aquí y no podía empezar a ganarme enemigos así como así, considerando que a pesar de que ya habían pasado dos años desde mí llegada para ellos todavía era la "recién llegada".

—Claro que sí— le respondí y baje mí mirada a los pequeños escalones de madera para así evitar tropezar y terminar en el piso— Le gustaría que le diga las especialidades de hoy?

Ella asintió energéticamente y se llevó las manos a su boca, dando saltitos, comportándose cómo una niña pequeña en una heladería a la que le acababan de decir que podría ponerle todas las chispitas de colores que quisiera a su helado. 

—Bien— me giré hacia ella y destape el pequeño mostrador que había conseguido en una tienda de segunda mano— Tenemos de arándanos, cerezas, naranja y chocolate, y los tradicionales, vainilla con chispas o chocolate blanco con pintitas. ¿Cuál le gustaría?— pregunté.

—Mmm, hay una gran variedad — murmuró y sus ojos viajaban de un lado al otro— Sabes, me parece que llevaré uno de cada uno. Te voy a ser honesta jamás puedo tener suficiente de tu comida— confeso— Y ni que hablar del café que preparan aquí— se inclinó en mí dirección—Te diré esto, antes de que ustedes llegaran— comentó haciendo referencia a mí amigo y a mi— En este ciudad no había una sola cafetería decente y teníamos que viajar hasta Vancouver para conseguir algo que comer o beber que fuese de nuestro agrado, así que gracias — añadió entregándome un billete de cincuenta que fue a parar directamente a la caja registradora.

Aquellas palabras eran más que reconfortantes para mí en especial si rebobina un poco la cinta de mí vida y me ponía a ver por todo lo que había pasado para llegar hasta aquí, hasta donde estaba. Por unos largos meses trabajé limpiando hospitales y oficinas para juntar el dinero que me serviría para poder darle todo lo que le hacía falta a mí hijo desde el momento en que naciera, y solo cuando no podía más, Lennox me ofreció ser la secretaria en su clínica veterinaria hasta que yo diera a luz.




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