Unus Mundus "Conectados A Través De La Mente"

Prologo

Miro como caían suavemente las gotas de lluvia sobre su ataúd, sé recordó que a ella le gustaba la lluvia, en ese momento alguien hablaba y la verdad no ponía mucha atención sobre lo que estaban diciendo, su padre se encontraba a su lado, podía sentir lo pesada de su mano y eso le recordó que estaba pasando en ese preciso momento. Las personas colocaban flores de todo tipo, en sus pequeñas manos tenía tres lirios “A ella le gustan los lirios”, solo su padre y ella sabían aquel dato de su madre. Con forme las personas se fueron alejando su padre tomo una de sus manos, caminaron despacio hacia el ataúd tal vez por miedo de la situación, para ella todavía todo lo que sucedió le parecía irreal. Su padre coloco suavemente los lirios y toco por última vez la madera “La despedida”. Ella hizo lo mismo, coloco los lirios y toco la madera, recordó las palabras que siempre le decía su madre en sus mejores días “Se fuerte”, sonaban en su mente como si de una canción se tratase, una y otra vez se repetían. Se alejo sutilmente y volvió junto a su padre de nuevo, supo que todo se había acabado cuando la fueron bajado a la tierra y la perdió de vista, volteo a ver a su progenitor y vio las lágrimas silenciosas que caían por su rostro, sintió un ardor en su corazón y se abrazó al torso de su padre, este al sentirla dejo caer el paraguas que tenía para protegerlos de la lluvia y se arrodillo para abrazar fuertemente a su hija.

Lloraron juntos ese día, en medio del agua de agosto, un padre lloraba junto a su hija en un cementerio, lloraron por qué la persona que más amaban en sus vidas ya no estaba, no volvería. Ella levanto la cabeza del pecho de su padre y pudo visualizar que ya no había nadie junto a ellos, se alejó de su padre, ella podía escuchar los inaudibles sollozos y como las lágrimas se camuflaban a través de las gotas de lluvia, miro el cielo y se sorprendió de lo oscuro que se encontraba, habría una gran tormenta y tenía que irse del lugar, estaban totalmente empapados no quería que ni su padre ni ella tuviera que enfermar.

–Vamos a casa papá – el subió su mirada encontrando a su niña igual de empapada que el – La lluvia está cayendo muy fuerte, podemos enfermar.

El hombre se levantó con desgano del suelo y tomo la mano de la niña, para luego encaminarse al estacionamiento. Al llegar a casa todo fue demasiado frio, la casa estaba totalmente a oscuras, se podría sentir el olor particular de manzanas y canela “El olor de mamá”. Su padre se alejó y subió las escaleras del segundo piso, ella lo siguió en silencio y vio cómo se perdió dentro de su habitación, bajo la mirada viendo sus zapados mojado y comprendió que su padre necesitaba su espacio. Avanzo para llegar a su habitación, al entrar en este cerró la puerta a su espalda y camino a su armario abriendo la puesta de este, camino los pocos metros del pequeño cuarto, toco la ropa que estaba perfectamente organizada en los estantes “como mamá lo hacía”, cada mañana su madre le ayudaba a escoger la ropa de la escuela, esas eran las mejores partes del día. Paro de hacerlo al recordarlo y con rapidez tomo una blusa de tirantes, una sudadera y uno pantalón, se los coloco con rapidez dejando la ropa mojada en un costado, después tendría tiempo para eso. Camino a la cocina y le agradecía mentalmente a su madre por haberle enseñado a cocinar a temprana edad, coloco en una olla dos vasos de leche y un poco de cacao, al estar este hervido lo sirvió en dos vasos. Subió las escaleras suavemente para no derramar nada, se acercó a la puerta de su padre y toco sutilmente.

–Papá he preparado un poco de chocolate – no escuchaba respuesta alguna, pero se mantuvo ahí hasta que la puerta fue abierta.

–Gracias cariño – su padre traía puesto un pijama, este tomo suavemente el vaso que le ofrecía la niña – Tratare de dormir un poco, te recomiendo hacer lo mismo Anabeth.

–Tratare – se dio media vuelta y entro a su habitación con el humeante chocolate, fuera de su casa se podría escuchar los fuertes truenos indicando que una tormenta se avecinaba.

Miro la cama que se encontraba a un costado de su cuarto y supo que no podría dormir esa noche, miro la taza y subió su vida de nuevo a la cama, se preguntaba cuando sería el día en el que podría dormir de nuevo con tranquilidad. Arrastro la silla de su escritorio a su ventanal que daba al patio trasero, por él podía ver las pequeñas gotas caer y como algunas llegaban a rosar el vidrio, atrajo sus piernas a su pecho y las cubrió con sus brazos dejando la taza todavía en sus manos. Estaba ahí, en su lugar favorito admirado el jardín que con esfuerzo su madre había creado, miro los lirios “A mamá le gusta los lirios” recordó de nuevo y sintió una profunda tristeza. Su madre había dejado una estela en su vida, ese día en particular todo lo que se encontraba a su alrededor le recordaba a su madre, los lirios, el aroma, la ropa, el jardín, hasta su habitación la cual habían pintado juntas de un lila pálido. Un fuerte trueno sonó sacándola de sus pensamientos, “La tormenta” se recordó. Ahí una pequeña niña (casi adolescente) se encontraba llorando silenciosamente mientras veía caer una fuerte tormenta que tal vez duraría horas, lo que no sabía era que la verdadera tormenta no solo la tomarían a nivel climático, si no, que la verdadera tormenta la hallaría en su mente y lo que sería de su vida.




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