CAPÍTULO 15
El Colegio Que Será
La Reunión de Junta de Educación
Era un martes por la tarde. La junta de educación de la Iglesia del Redentor se reunía en la pequeña oficina de Lucas.
Presentes: Lucas, Daniel, Diana (exdirectora de colegio privado que se había unido a la iglesia seis meses atrás), José (representante de agricultura), María (tesorera), y tres padres de familia cuyos hijos asistían a escuelas públicas.
Diana estaba presentando la visión del colegio.
Tenía una carpeta llena de documentos. Currículum. Presupuestos. Proyecciones. Era claro que había invertido tiempo serio en esto.
—Bien —comenzaba Diana—, durante los últimos meses, hemos estado trabajando en la estructura de lo que podría ser nuestra escuela. Y quiero ser clara desde el principio: esto no será una megaescuela.
Miraba alrededor de la mesa.
—Será pequeña. Máximo trescientos estudiantes. Desde primer grado hasta octavo grado inicialmente. Clases de quince a veinte estudiantes, donde cada estudiante es verdaderamente conocido por su maestro.
Distribuía un documento:
VISIÓN CURRICULAR DEL COLEGIO REDENTOR
Componente 1: Excelencia Académica
Componente 2: Formación de Carácter
Componente 3: Educación Financiera Práctica
Componente 4: Cosmovisión Cristiana Integrada
—La idea es que no estamos creando una escuela religiosa tradicional —explicaba Diana—, donde hay clase de religión separada de otras materias. Sino que el cristianismo es el trasfondo. Es el lente. Es la cosmovisión que guía todo.
Daniel preguntaba:
—¿Cuál es el presupuesto inicial?
Diana respiraba profundamente.
—Para infraestructura, construir las aulas en el terreno agrícola, necesitamos una inversión significativa. Para equipamiento, libros, materiales, un poco menos. En total, una cantidad considerable inicialmente.
Había silencio en la habitación.
—¿Y operación anual? —preguntaba María, la tesorera.
—Una vez que estemos operando, un presupuesto anual que incluya salarios de maestros, materiales, mantenimiento y seguro.
—¿Ocho maestros? —preguntaba uno de los padres.
—Sí. Inicialmente ciento veinte a ciento cincuenta estudiantes. Eso requiere ocho maestros para mantener el ratio de quince a veinte estudiantes por clase.
Daniel preguntaba la pregunta obvia:
—¿Cómo financiamos esto? Especialmente inicialmente. Los negocios agrícolas están apenas comenzando. No estamos generando ese excedente todavía.
Diana asentía.
—Es inversión de fe. Los negocios agrícolas generarán suficiente para soportar operación anual después de dos o tres años. Pero inicialmente, necesitamos que personas creyentes hagan donaciones. Que confíen que la educación de calidad es una inversión que Dios quiere que hagamos.
Lucas hablaba:
—Creo que educación de calidad es el mayor regalo que podemos dar a la siguiente generación. Es innegociable. Si no invertimos en educar bien a nuestros niños, académica, moral y espiritualmente, entonces estamos fallando en nuestro deber más fundamental.
Se levantaba.
—Además, miren el modelo. Costo por estudiante: una fracción del que cobran colegios privados convencionales. Estamos haciendo excelencia accesible. Estamos diciendo: «No importa si tu familia es rica o pobre. Tus hijos pueden tener educación de calidad».
—¿Habrá becas? —preguntaba un padre.
—Completamente —respondía Diana—. Cualquier familia que no pueda pagar la matrícula completa recibirá beca. Es parte de la visión.
Miraba alrededor de la junta.
—Así que la pregunta es: ¿votamos para proceder? ¿Comenzamos el proceso de construcción? ¿Reclutamos maestros? ¿Abrimos para el próximo año escolar?
Había un momento de silencio.
Luego, José hablaba:
—Yo voto sí. Crecí en una escuela pobre. Los maestros no tenían recursos. Los libros eran viejos. Y eso limitó mis oportunidades. Si podemos ofrecer a los niños de esta comunidad algo mejor, debemos hacerlo.
María asintió:
—Sí. Sí, voto sí.
Uno por uno, cada persona levantaba la mano.
Unánime.
—Entonces está decidido —decía Lucas—. Procedemos con el Colegio Redentor. Diana, eres la directora. José, supervisas la construcción de las estructuras. Daniel, ayuda a Diana con los aspectos administrativos y curriculares.
Se levantaba.
—Esto es importante, hermanos. Muy importante. Porque educación de calidad es cómo cambiamos generaciones. No es un ministerio de caridad. Es una inversión en el futuro de nuestra comunidad.
El Sueño Toma Forma
En los meses subsecuentes, el sueño del colegio comenzaba a tomar forma.
Las donaciones llegaban.
Un banquero donaba una cantidad considerable. Una mujer de negocios donaba aún más. Dos familias de clase media donaban generosamente cada una.
Aparentemente, la palabra se estaba dispersando. No solo en la iglesia, sino en la comunidad. Las personas veían lo que estaban haciendo: la cooperativa agrícola, la cooperativa de consumo, el movimiento comunitario, y querían ser parte de ello.