V de Viralidad

Segunda parte

Los demás estudiantes se alejan con repudio, es como si no existieran. A excepción de mí, que los aprecio a detalle. Repiqueteo mis dedos sobre la mesa de mi butaca hasta que el más inquieto se percata:

—¡Oye, pelirroja! —Alexei se burla al aventarme una bola de papel. Me giro con molestia y rodeo los ojos. —Adivino, Vik Ivanov, ¿tu nombre tiene algo que ver con el color de tu cabello?

Niego con una sonrisa helada.

—Sería demasiado conveniente. No me gusta lo forzado, prefiero lo bien estructurado. Aunque debo admitir que combina a la perfección con el color rojo de la sangre derramada después de una elaborada venganza, ¿no crees? —me levanto lentamente, recojo la bola de papel, mis zapatos con tacón del uniforme gris resuenan conforme me acerco a sus lugares al final del salón.

Su expresión se tensa a medida que lo acorralo. Le devuelvo la bola de papel en su gran mano y siento su fría piel.

Traga saliva, no esperaba mi audacia al intentar ser intimidada. ¿Le habrá funcionado antes?

—Parece que tenemos un radar de perras locas. Aléjate si no quieres ser la siguiente en aparecer en las noticias —Madani interrumpe la escena con su tono autoritario, se acerca demasiado a mí que podría resultar incómodo si siquiera le tuvieras una pizca de relevancia. Apesta a un perfume caro con un toque atalcado.

Le sonrío y ladeo la cabeza, la escaneo de pies a cabeza. Definitivamente, es de las que aparentan ser intocables por tener dinero.

Se cruza de brazos y arquea una ceja, irritada. Entonces, la provoco al susurrarle:

—¿Acaso debería creerle a una presunta asesina? No seré la siguiente en tu lista.

—¡Cállate hija de perra! ¡No tienes ni idea! —me escupe y su repugnante acto me hace hervir la sangre, sin embargo, ahora que descubrí su temperamento, lo usaré a mi favor.

Me limpio conteniendo el asco, mantengo una expresión impasible.

—¡Cálmate! ¡Nos van a volver a citar en dirección! Sabes perfectamente que debemos comportarnos —Lilova la sujeta del brazo y los chicos también, miran a los lados al percatarse que somos el centro de atención.

Se intenta soltar como si fuera una desquiciada. Oh, quizás sí lo sea. Solamente necesita ayuda para presionar el botón de encendido.

—¡Todo es culpa de las mentiras de mierda de la perra loca! ¡No es nuestra culpa que haya terminado así! —se defiende al borde de volver a explotar, no será difícil hacerla llegar al límite.

—Tienes razón, algunas personas son una mierda para la sociedad y merecen morir —la miro con detenimiento, dando referencia a ella y sin intentar contenerse, se suelta hecha furia.

En un movimiento ávido, me avienta y me estrello al helado suelo. Lo siguiente que siento son objetos cayéndome encima, el dolor aumenta cuando sus dedos se enredan en mi cabello y comienza a casi despellejarme el cuero cabelludo. Tiene una fuerza animal, voraz.

El alboroto aumenta cuando se posa encima mío y comienza a abofetearme sin parar. La cálida sangre de mi nariz sale y salpica por todo mi rostro.

—¿Quién diría que en verdad la sangre te luciría tan bien? —el líquido rojo que corre y la mancha, enciende una peculiar llama de emoción que evidencia su locura.

El calor de mi sangre y su sabor metálico es una sensación extraña, nueva. Mi risa aparece, es una risa que combina burla y dolor, se mezcla en un sonido perturbador.

—¡Cállate! ¡Cállate! —me grita con desesperación y en una acción impulsiva, comienza a ahorcarme con todas sus fuerzas, sus largas uñas se hunden en mi piel.

Intentan detenerla, pero parece que sus manos están pegadas a mi cuello. El bullicio aumenta, se convierte en todo un espectáculo.

Me ahogo, toso, se me salen lágrimas. Todo se desvanece, se siente lento, oscuro.

Antes de casi perder el conocimiento, observo a la cámara del salón que nos da justamente a nosotras. Quedó perfectamente grabado en video.

Se escucha que un superior interviene, los demás repiten: “¡Profesor Jerkob!”, sin parar. El eco es impresionante hasta que se intercambia por un zumbido en mis oídos que retumba en mis adentros.

Logran detener a Madani, le cuesta desenredar sus dedos de mi cabello hecho un desastre. Me arranca mechones y arde muchísimo.

El profesor se acerca a gritos, sus pasos retumban en todo el salón que mantenía un color blanco, tan pulcro hasta que llegó a incriminarlo mi sangre.

Cambio abruptamente mi expresión a una desconsolada, un llanto horrible el cual podría atormentarte en tus peores pesadillas. Eso es lo que más deseo.

Una vez más, miro de reojo la cámara. Mi trampa funcionó.



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En el texto hay: thriller, suspenso, venganza

Editado: 01.11.2026

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