Vacío

Prólogo

El hombre de cabello y ojos oscuros escapaba con toda la velocidad que sus piernas se lo permitían. Saltó por basureros, tropezó varias veces y se escondió por ratos entre callejones hasta que volvieron a verlo. Seguido aparentemente por la mala fortuna, llegó a un callejón del que ya no podía salir. Giró la cabeza a ambos lados con desesperación, sabiendo lo que le esperaba si salía del callejón y retomaba la avenida que estaba cruzando.

Entonces, emergió una figura en la entrada del pasaje.

Un hombre encapuchado se acercó lentamente. A pesar de que la oscuridad de su capucha cubría casi en totalidad su rostro, el acorralado podía notar su sonrisa. Sin querer rendirse así, decidió dar batalla. Corrió hacia el encapuchado y le asestó un puñetazo, pero como por arte de magia, este se desvaneció. El muchacho cayó al suelo, y cuando estaba por incorporarse, un cuchillo atravesó su vientre.

Trató de abrir los ojos, pero le fue imposible. A pesar de que no sentía en sus muñecas ninguna atadura, por alguna razón no podía mover sus manos. Era algo que siempre le había atemorizado, el no poder moverse…No quería caer en la desesperación, pero no podía evitar el miedo que se cernía sobre él con el pasar de los segundos. Gritó tan alto como pudo, pero solo escuchó su débil eco a lo lejos. Debía moverse en aquel instante, lo sabía. Debía moverse antes de que el miedo se adueñase de él. Trató de mantener la calma, inhalando y exhalando tres veces, como le aconsejaron alguna vez; reuniendo toda la fuerza posible en su mano izquierda, logró moverla un par de centímetros. No podía alcanzar aún su rostro, pero al menos la había movido; “es un gran avance”, se dijo a sí mismo, animándose. Tomándolo por sorpresa, algo húmedo recorrió su nariz. Se percató de que llevaba una venda en los ojos, y estaba algo mojada. Realizando otro sobreesfuerzo, llevó su mano izquierda hacia la venda y tomándola por el extremo sobre su ojo, la deslizó un poco hacia la nariz. A pesar de que sus ojos ya no tenían frente a ellos oscuridad pura aún no podía ver bien, todo se le hacía borroso. Giró su cuerpo hacia la derecha, y entonces cayó.

Recorrió tres metros en el aire antes de tocar el suelo de bruces. La caída, a pesar de lo dolorosa que resultó, le devolvió el control total sobre sus extremidades. Cayó en la cuenta de que su caída había terminado sobre unos arbustos. Se incorporó con lentitud mientras se quitaba la venda… Esa humedad era sangre. Se apresuró a revisar sus ojos en busca de alguna herida, pero no encontró nada ni logró palpar alguna cicatriz. Se sentó, apoyando su espalda sobre el tronco del árbol, pues aún no gozaba de completa estabilidad. Levantó la vista y observó que frente a él se extendía una amplia llanura que terminaba donde empezaba un amplio bosque, muy verde y rodeando una montaña muy grande, pero probablemente no muy difícil de escalar. No podía diferenciar nada más a su alrededor. Entonces, se giró y vio el árbol.

“Así que de ahí he caído.”

Detrás de este se extendía… ¿el océano? Era agua, por supuesto, y recorría todo el largo de la infinita llanura, como una playa.

“Pero ¿cómo he llegado aquí?”

Miles de imágenes se entremezclaron en su cabeza buscando una idea clara, sin éxito. Lo último que podía recordar era a él luchando; y después, un mal golpe. No, no era un mal golpe, un cuchillo…En su vientre. La mirada despreciable del hombre que le había apuñalado, y su sonrisa.

Buscó de inmediato algún rastro de sangre o tipo de dolor en su abdomen, pero a pesar de palpar todo este y levantar su polo, no vio nada más que su piel ligeramente bronceada. Los pantalones que llevaba seguían siendo los mismos vaqueros que se había calzado hace solo unas horas, pero aquellos estaban impecables, al igual que sus zapatos.

—Anhelas la vida, me agrada eso…

“¿Qué? ¿Quién acaba de hablar?”, miró hacia todas las direcciones con desesperación, pero no encontró nada.

—Te voy a dar una instrucción, y quiero que la recuerdes muy bien.

—¡¿Quién carajo me está hablando!? ¡¿Dónde estás?!       

Un par de segundos le bastaron para percatarse de que la voz se producía solo en su mente.

—¡Explícame esto primero!

No recibió respuesta, pero decidió esperar. Miró hacia el cielo…estaba iluminado, como lo estaría en un día de verano, pero no encontraba el Sol por ningún lado. Después de unos segundos que le parecieron eternos recibió una respuesta, que le desesperó aún más.



Angel Podestá

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En el texto hay: aventura, fantasia, magia

Editado: 18.08.2018

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