Valencia, el sol y la luna

cap17

Silencio eso es lo que hubo entre los tres, pero las miradas inquietas sin ninguna duda los superaban.

Valencia intento balbucear algo, pero Emilia se asomó a la puerta llamándolos para que entraran a cenar.

-¿Te quedas Luis?-preguntó Emilia con una nota de ansiedad y brillo en su mirada.

Luis miró a Valencia, l cual mantenía su cabeza gacha, para que no notaran el nerviosismo que sentía.

-Yo...Yo recordé que debo ayudar a mi madre con algunas cosas que me pidió. Otra vez será. Salúdame a tus padres, Emi. a salida a toda prisa del jeep de Luis sorprendió a Emilia.

- ¿Pasó algo?

-No sé, pregúntale a tu amiguita, ella estaba con el play boy-respondió Ricky entrando a la casa.

- ¡Seguro algo le habrás dicho Ricky, te conozco! - gritó Emilia, colocando sus manos en la cintura-. Fue así, ¿verdad?

Valencia la miró sin saber que decir, pero ¡¿Qué decir?!, que en un mismo día había sido besada por dos muchachos ¡Ni en sus sueños!

Después de la cena, que fue de un silencio que hallaron extraño los Pardo, pues si algo tenían Valencia y Emilia era que no paraban de hablar, pero suponían que debían estar exhaustos por las prácticas para las competencias, Valencia y Emi se fueron a la casita del árbol, un lugar especial sin dudas para ellas desde niñas.

La casita del árbol estaba llena de dibujos, atrapa sueños, almohadones y en ella guardaban la "caja de los secretos".

Valencia se había cubierto hasta la cabeza con una manta, deseando que Emilia no preguntase nada, su cabeza ya era un nido de avispas, no daba más de tanto pensar, pero lo que más quemaba era el sabor de los labios de Ricky, sentía escalofríos, tan solo de recordarlo, pero se sentía más culpable de no poder confiarle a su amiga lo que había sucedido.

-Dale, decime, ¿qué paso?, porque algo te sucede y no me mientas- dictaminó Emilia quitándole la manta del rostro.

-Emi no te pongas pesada, no me pasa nada, me debe estar por venir, tengo las hormonas alborotadas-contestó cubriéndose nuevamente.

-Es por mi hermano ¿No?

Esta vez fue Valencia quien descubrió su rosto y suspiró.

- ¿Tu hermano?... Es mi maldición, pero no, no es tu hermano, ni tu perro, ni el gato, ni nadie, soy yo nomás...Debe ser que extraño pelear a Tomás-dijo entre risas. La respuesta a eso fue un almohadazo de Emilia.

- Luis... ¿No dijo nada sobre mí?

Valencia cerró sus ojos y suspiro nuevamente.

_Emi...ya viste que Luis tiene onda con Lali, es al cuete, además si algo tiene que pasar va a pasar y si no, no, bueno yo me entiendo....

-No, no te entiendo, vos sabes algo...

- ¡Qué no te digo!, ¡que hincha pelota Emi!, sé lo mismo que vos.

- ¡Bueno Valen!, me pareció raro que se fuera así...pensé que él...

El almohadazo de Valencia la despeinó

- ¡Ya Cenicienta!, concéntrate mejor en las preguntas que te van hacer en tu esperado concurso.

Emilia arregló su cabello y buscó el formulario, la primera pregunta que leyó le pareció una premonición a Valencia "¿Qué es para ti la lealtad?", cerró sus ojos se sentía una traidora.

No podía dormir, sentía como si millones de hormigas recorrieran su cuerpo. Bajó las escaleras, salió a la galería, Kongo remoloneó al verla y fue hasta ella quien lo acarició para que no hiciera ruido. Esta vez antes de sentarse en la hamaca de la galería se pellizcó para comprobar que estaba despierta. Se acurrucó con su manta en la hamaca de la galería, contempló las estrellas. Cuando niña salían con la abuela Tina y Tomás en el verano a "cazar estrellas fugaces". Pasaban horas acostados mirando el cielo, que en esa parte del mundo era maravilloso, parecía como si pudiesen tomar las estrellas ente sus manos. Valencia sonreía recordando que ella siempre ganaba, porque sus abuela y Tomás se dormían, ella les decía que había visto un montón de estrellas fugaces. Cada estrella fugaz, según la abuela Tina, llevaban en su cola esparciendo por el universo, los deseos y las bendiciones, para que esto resultara debían aprenderse el cántico de las estrellas, cerró sus ojos mientras repetía:

"Estrella de noche bella.

Estrella de luna y plata.

Lleva en tu estela eterna

Mi bendición y mi alma

Para cumplir el deseo

Que tu luz hará verdad."

Abrió sus ojos y una línea de luz fugaz atravesó el cielo, sonrió, ella creía en esa magia, pero tal vez sus deseos no se cumplían de la manera que ella esperaba, recordaba entonces otras palabras savias de su abuela: "Tus deseos no se cumplen porque tú los estás negando al momento de pedirlos, lo haces sin poner en ellos un pedacito de tu alma, el universo escucha, el universo sabe..." Tal vez lo que deseaba ahora era poder estar en otro lugar y dejar de sentirse culpable por no poder decirle a su amiga la verdad, además lo que había sucedido con Ricky era demasiado. Pensaba inventar una excusa y regresar a su casa, pero eso, era demostrarle a Emilia que sí algo sucedía y no deseaba angustiarla, ya llegaría el momento para hablar, si se animaba. Tomó aire y se acomodó en la hamaca, acarició el pelaje de Kongo que se amoldó a su lado.

El perfume era inconfundible, sabía que él estaba allí, no, seguramente estaba soñando otra vez, no abrió sus ojos no revelaría que podía sentirlo.

- Se nota de acá a la China que estás despierta-dijo Ricky, sentándose y tironeando de la manta para cubrirse.

Valencia se puso de pie para irse de allí cual damisela ofendida, algo que no le salió muy bien porque se enredó con la manta y con Kongo terminando en el suelo, ante la risa contenida inútilmente por Ricky.

 




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