Declan
No tenía pensado volver a la casa.
La noche anterior había buscado información sobre la construcción, más por curiosidad que por otra cosa, pero no encontré nada que sirviera de mucho. Probé con la dirección aproximada, el nombre de la calle y algunas combinaciones relacionadas con la supuesta desaparición de la familia. Los resultados me llevaron a un par de publicaciones antiguas en foros locales y a una página que llevaba tanto tiempo sin actualizarse que ni siquiera cargaban todas las imágenes.
Nada sobre la casa en sí.
Aun así, cuando Scott escribió al grupo para proponer que volviéramos después de clases, fui el primero en responder.
No porque creyera en la historia del niño ni porque esperara encontrar algo extraordinario. Quería comprobar algunas cosas que no me habían cuadrado la primera vez, especialmente las proporciones del edificio. Además, Valerie había mencionado la luz de una de las ventanas cuando nos estábamos yendo. No estaba seguro de cuánto había visto realmente, pero tampoco me parecía una razón para descartarlo sin más.
Nos encontramos cerca de la salida sur, a una hora en la que el campus empezaba a quedarse más tranquilo. Scott llegó con una bolsa de papas fritas que abrió antes de saludar, mientras Miller revisaba algo en su celular y Chloe se quejaba de que habíamos elegido el peor momento para caminar bajo el sol.
—Podríamos haber venido más tarde —dijo, apartándose el cabello de la cara—. No entiendo qué necesidad tenemos de ir a una casa abandonada justo cuando hace más calor. Si vamos a investigar algo, por lo menos podríamos elegir una hora en la que no terminemos sudando antes de llegar.
—La idea era venir después de clases, no organizar una expedición —contestó Scott—. Además, si esperábamos hasta la noche, tú serías la primera en decir que no querías salir.
—Porque no quiero salir de noche a una casa abandonada, Scott. No es una contradicción.
—Yo creo que sí —intervino Miller sin levantar la vista del celular—. Ayer dijiste que no ibas a volver y aquí estás.
Chloe lo miró de reojo.
—Vine porque ustedes no saben hacer nada sin meterse en problemas y alguien tiene que asegurarse de que regresen completos.
—Eso es lo más bonito que has dicho de nosotros en toda la semana —comentó Scott.
Valerie se rio mientras guardaba el celular en su mochila. Yo caminé a su lado, escuchándolos discutir sobre algo que, para cuando llegamos a la avenida de los robles, ya había dejado de tener importancia.
La casa apareció al otro lado de la calle, igual que el día anterior. El concreto gris, la madera oscura y la persiana metálica parecían todavía más apagados bajo la luz de la tarde. No había vehículos estacionados cerca ni señales evidentes de que alguien hubiera entrado o salido desde nuestra última visita.
Scott terminó de comerse las últimas papas y arrugó la bolsa.
—Bueno, ya estamos aquí. ¿Qué se supone que vamos a buscar?
—Eso depende de qué tan bien te hayas preparado —dije.
—No me mires así. Yo propuse volver, no sabía que tenía que entregar un informe de investigación.
—Podrías haber pensado al menos en una pregunta que quisieras responder.
—Tengo varias. Por ejemplo, ¿por qué alguien construiría una casa tan fea?
Valerie soltó una risa y negó con la cabeza.
—Esa no cuenta.
—Para mí sí. Si alguien va a esconder un lago subterráneo, podría hacerlo en un sitio con mejor arquitectura.
—No sabemos si hay un lago —le recordó Miller.
—Tampoco sabemos que no lo haya.
Chloe siguió caminando hacia la verja, sin prestar atención a la discusión. Esta vez no entramos de inmediato. Nos quedamos frente a la fachada, intentando distinguir detalles que habíamos pasado por alto el día anterior.
Desde la calle, la construcción parecía incluso más extraña que desde dentro. La parte delantera era relativamente baja, pero uno de los muros laterales se extendía más de lo que habría esperado, como si el edificio continuara bajo el terreno. No había canaletas visibles ni tuberías de desagüe en los lugares donde normalmente las habría buscado. Las ventanas eran pequeñas y estaban situadas demasiado arriba para permitir una buena vista del interior.
—¿No les parece que la casa es más grande de lo que parece? —preguntó Valerie.
Me acerqué a la verja para observar el costado.
—Eso es lo que estaba pensando. La fachada no coincide del todo con la profundidad que parece tener el terreno.
—¿Y eso qué significa? —preguntó Scott.
—Que podría haber una ampliación detrás o una planta subterránea. No significa que haya un lago ni nada parecido, solo que las proporciones no me cuadran.
—Bueno, si encuentras un lago, avísame antes de entrar. No traje ropa para nadar.
—Tampoco trajiste un plan —le recordó Chloe.
—No sabía que necesitaba uno para mirar una casa.