La danza de la florentina se mueve suave,
cual si fuera el alma de su fiesta.
No bromea ni se enzarza, no hay por qué.
La guía de la razón se pierde en un revés.
Y cuando toca aquella calidez,
se sumerge en su querer.
No tiene que ser bueno ni malo,
a su vez.
Simplemente se conecta con él.
En la ineficiencia de los deseos,
la florentina ya no lucha como ayer.
Vive su momento y se da un cariñito sobre la piel.
Dentro de los deseos cumplidos,
el baile se conecta con esa energía que cae en la insensatez.
Del vivir, del reír.
Así que, florentina, sigue suave en tus pasos.
Eres la reina.
Eres tu danzar.
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poesía de verso libre, reflexiones de vida y amor, esperanza y sanación persona
Editado: 23.10.2026