Verano, besos y otros problemas!

Capítulo 3 : La primera apuesta del año

El problema de compartir una finca con tanta gente es que comer en silencio es imposible. Siempre hay alguien hablando a los gritos, alguien peleando por el último pedazo de carne o alguien riéndose demasiado fuerte en la otra punta de la mesa.

Y, casi siempre, el que empezaba el lío era Manuel.

—No quiero presumir, Rojita —soltó de la nada, apoyando los codos sobre el mantel y mirándome con una sonrisa sobradora—, pero este año vine en mi mejor forma. Así que ve preparándote mentalmente, porque no pienso tenerte compasión en nada.

Levanté la vista de la ensalada y me crucé de brazos.

—¿Ah, sí? ¿Y en qué se supone que me vas a ganar según tú?

—En lo que quieras. En el kayak, para empezar.

Solté una risa corta, sin poder creérmelo.

—¿Otra vez con eso?

—No es «otra vez». Es que este verano te voy a dar una paliza.

—Para darme una paliza primero tendrías que haber ganado alguna vez —le recordé—. El año pasado llegué al muelle como dos minutos antes que tú.

Manuel entornó los ojos, inclinándose un poco más hacia mí como si la conversación solo existiera entre nosotros dos.

—Llegaste antes porque hiciste trampa.

—Llegué antes porque sé remar —le contesté—. Tú llegaste después porque nadie tuvo la valentía de decirte que ibas torcido casi todo el camino.

Fermín, que estaba comiendo al lado con la boca llena, soltó una carcajada.

—¡Es verdad! —se metió mi hermano—. ¡Casi te metes adentro de los juncos, Manu!

—Tú cállate, Fermín —dijo Manuel sin despegar sus ojos de los míos, aunque la comisura de la boca se le empezó a doblar—. Estaba buscando una ruta más rápida.

—Una ruta más rápida para perder —insistí.

—La verdad es que tu hermana hizo trampa —intervino de pronto el tío Sebastián desde la punta, agarrando una servilleta.

Giré la cabeza, no pudiendo creerlo.

—¿Tú también, tío?

—Soy el padre. Tengo que apoyarlo —se justificó encogiéndose de hombros.

—No cuando está equivocado.

—Sobre todo cuando está equivocado.

Greta soltó una risita a mi lado.

—Papá, eso no tiene ningún sentido.

—No necesita tener sentido —dijo el tío Seba guiñándole un ojo a Manuel—. Necesito que este chico gane algo este verano para que vuelva contento a Madrid.

—Gracias por la confianza, papá —se rio Manuel, negando con la cabeza.

—No dije que fueras a ganar. Dije que te apoyo.

La mesa volvió al barullo de siempre entre risas y charlas cruzadas. Miré a Manuel y me di cuenta de que él me estaba mirando a mí. Fue solo un segundo, un instante tonto, pero alcanzó para que la imagen del muelle me cruzara por la cabeza como un chispazo y me dejara la garganta seca.

Miré para otro lado antes de que notara nada.

—Como sea —dije, buscando rápido cualquier tema para salir de ahí—, el kayak no demuestra nada.

Manuel levantó una ceja.

—¿Ah, no?

—No.

—¿Y qué lo demuestra según tú?

Le sonreí con ganas de guerra.

—La natación.

—¿Quieres competir nadando?

—¿O tienes miedo?

La sonrisa que le salió en la cara fue la de siempre. Esa sonrisa torcida que significaba problemas seguros.

—Nunca tengo miedo de competir contigo, Rojita.

—Eso dices porque todavía no perdiste este año.

—Dame una semana.

—Te doy una hora.

—¿Una hora?

—Sí. Después de comer.

Manuel se inclinó un poco más hacia mi lado.

—¿Y qué apostamos?

—Lo que quieras.

—Eso suena peligroso.

—¿Tienes miedo?

—De ti, jamás.

Volví a sentir esa sacudida extraña en el estómago. Me convencí de que era solo la adrenalina de la apuesta, nada más.

—Entonces quedamos así.

—¿En qué quedamos? —interrumpió la voz de mi mamá desde la galería. Estaba apoyada contra una columna, tomando té y mirándonos con una sonrisa rara.

—Olivia y Manuel van a competir —anunció Fermín.

—Qué novedad —dijo ella.

—En natación —aclaré.

Mi mamá nos miró. Primero a mí, después a Manuel. Y sonrió de esa forma que a mí me daba mala espina.

—¿Qué? —le pregunté.

—Nada.

—Mamá.

—Nada, Olivia.

Manuel se levantó a llevar su plato para adentro y yo me levanté atrás de él. Un error, porque terminamos caminando pegados por el pasillo hacia la cocina.




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