Victoria no quiere casarse

PARTE 01

 

ANDREW

 

TRES AÑOS ANTES

 

—No lo voy a hacer, ¡Estas crazy! Solo tengo veinticinco años, estoy en la flor de mi juventud.

 

—¿Flor de tu juventud? Mira, muchachito insolente, a tu edad, te tenía a ti, estaba casado y esperando ansioso la llegada de tu hermana, negocios sobre mis hombros, y estaba en la flor de mi adultez, siendo un hombre; en cambio, tú solo eres un niño mimado, bueno para nada, que ya me tiene cansado.

 

—Si, papá, como sea, ahora déjame solo que tengo que salir con mis amigos. —Era verdad, siempre con la misma candaleta de siempre, que me porto como un niño y que importa, tengo el dinero suficiente para darme el gusto, disfrutar de mi vida y hacer lo que me venga en gana, por algo soy su primogénito.

 

—Si pudieras ser un poco como tu hermana.

 

—¿Terminaste? — He ahí el otro asunto, siempre comparándome con la princesa Wilson, no es que odie a mi hermana, es que Leonora es una vieja en cuerpo de veinteañera, hasta el nombre lo tiene, es todo lo que según mi padre dice que yo como su primogénito debería ser, si ya la tiene a ella, no sé por qué me friega.

 

Recibo en mi teléfono un mensaje de texto: es Santiago. Ya me están esperando, no me preocupe. Mi audio ruge y hace que lo que para los simples mortales sean una hora, para mí son quince minutos.  Me miro al espejo, acomodo el cuello de mi camisa blanca, tomo mi mentón y ¡Por Dios! ¡Sí que soy un bombón caído del cielo!

 

Estoy llegando al lugar donde acordamos, le doy llave al valet parking.

 

—Cuídalo con —Lo miro de arriba a abajo—Mejor cuídalo bien—De pronto viene otro chiquillo medio paliducho.

 

—Señor, lo siento, soy el valet parking, estaba terminando de estacionar un auto.

 

Otra vez me equivoqué, es cuando ves a un hombre de su color, vestido así. No tengo la culpa de haberme equivocado, todos lucen iguales.

 

—Andrew, lo hiciste otra vez, dime la verdad ¿Lo haces agrede o te sale natural?

 

—¿Qué cosa? —Le respondo, mientras nos abren el cintillo y escucho que somos pifiados por los simples mortales que no tienen lo que yo, una tarjeta dorada y otro platino, como mi tarjeta de presentación.

 

—Olvídalo, así eres tú, pero estoy seguro de que un día de estos la vida te dará una lección. Bueno, aquí estamos en el paraíso, escoge la que quieras; por cierto, más tarde viene Valeria. Le escribiré a Karina que ya llegamos,  me dijo que estaba en el baño.

 

La hermosa Valeria, su prima es como una diosa de chocolate blanco, su caballera rubia hasta la cintura, esas caderas preciosas, ese trasero respingado producto del gimnasio al que yo también claro que sí, esa mujer me vuelve loco, solo recordar nuestros cuerpos unidos y sus gemidos, mi amiguito ya la quiere de vuelta.

 

—Qué bueno —Mientras nos adentramos en unas de las mesas y con un chasquido de los dedos, pido la botella de whisky etiqueta negra, por supuesto.

 

—¿A qué hora viene ella? —Digo tratando de no mostrarme tan interesado, mientras otros amigos se unen a la mesa. Santiago no me hace caso, porque justo ahí una voluptuosa mujer, se sienta en sus piernas y devora su boca, la reconozco es Karina su eterna novia, creo que llevan juntos como nueve años o algo por ahí, el idiota no se da cuenta, pero ella a la vez, toca mi cuello y me guiña un ojo, bueno no tengo la culpa de que se lo haga mejor que Santiago mi mejor amigo.

 

De pronto mi vida se concentra en una sola mujer, una viene como esa caminar que te da los cielos. Los dioses, esos que le dieron las alas a este ángel, pero luego una ira recorre todo mi cuerpo, una rabia que nunca he sentido, está de la mano de un idiota, de un vejestorio que podría ser su padre. ¡Está loca! ¿Por qué lo trae?

 

—Hola a todos.

 

—¡Prima!— empieza a con su aguda voz a gritar Karina — Déjame verlo, es magnífico y Wow!, de cuantos quilates.

 

Es una broma, no puede ser lo que estoy pensando. Un zumbido dentro de mi cabeza empieza a hacer que mi visión se forme borrosa, no tengo que quedarme a ver esta estupidez. Pero cuando estoy cruzando por su lado, ella me tomó del brazo y me dice.

 

—Quédate Andrew, viene para hacerles un anuncio, primero presentarles a Benedict, mi prometido.

 

Lo que tanto temía, lo que mi maldito corazón me decía, era verdad, cierro los ojos un momento, hago puños mis manos y trato de controlarme, apretó los labios y siento un ardor en mis ojos extraño, no voy a dejar que las emociones me ganen.

 

—Non parlo molto spagnolo, ma proverò a farlo per te

 

—Que no habla mucho español, pero lo hará por ustedes—El hijo de ¡Carajo! Un vejestorio italiano es lo que es.

 

Han pasado algunas horas y mi rabia no deja de ser tan intensa, se muestran tan a gusto uno con el otro, cuando hace unas semanas, la tenía a mi Merced, dándole sin parar, ella encima de mí o yo encima de ella.

 

—Señor, lo siento, su tarjeta no pasa.

 

—Estás loco, bueno, no quiero hacerme problemas, prueba con esta —mientras no dejo de ver a la pareja y bebo un trago de solo golpe.

 

—Señor, lo siento, tampoco pasa.

 

—¿Qué? Debe haber un error con tu máquina, haz bien tu trabajo y pásala otra vez.

 

—Tranquilo bambino, tome esta mia tarjeta —la de diamantes, una que mi padre se negó a darme, claro, el viejo se debe pudrir en plata.

 

—Como sea—respondí de muy mala gana. Cuando veo a Valeria irse a los servicios sola, no pierdo tiempo y digo que me tengo que ir. Ya es tarde y no me gusta conducir mi Audi, eso lo resalto para que lo escuche el imbécil ese que sonríe como si fuera un ¡Maldito comercial!



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En el texto hay: comedia, venganza, amor

Editado: 18.06.2024

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