Victoria no quiere casarse

PARTE 03

 

VICTORIA

 

—Este vestido es horrible, no me gusta.

 

—Victoria, mi cielo, te queda hermoso—Me dice mi abuela y yo solo sonrió de manera sínica hasta que mi madre dice algo que me da rabia.

 

—Victoria, es el quinto vestido que te pruebas, no podemos perder más tiempo, además debemos llevarlo a que lo ajusten en las caderas. Las mujeres como tú tienden ya bien, tú sabes.

 

Me quedo callada y mi abuela se da cuenta. Decido no cansar más a todo el mundo, solo por mi abuela. Le digo que ese llevaremos y mi madre pone las manos como agradeciendo al cielo. Mi abuela acaricia mi cabellera, ella sabe el sacrificio que estoy haciendo.

 

—¿Qué hacemos aquí? — Hemos conducido como una hora y estamos en un restaurante todo lujoso, de esos con velas de centro de mesa, vi algunos en las revistas que me dio mi madre, dizque para estudiar.

 

—Necesitas aprender etiqueta, no puedes andar por la vida como un animal salvaje, te vas a casar con un Wilson, por lo tanto, es indispensable.

 

—No sabía, que los Wilson era de la realeza, seré como Tiana entonces.

 

—No es juego, niña.

 

—Abuela, por favor, habla con ella, como que no vamos a llegar a un acuerdo, puedo poner de mi parte, sacrificar mi vida, por qué eso estoy haciendo, pero tampoco voy a ser una payasita, además no soy un animal salvaje, no soy un capibara o un tunche, comía con las manos sí, pero de chiquita, sé diferenciar entre tenedor y cuchara, para que son cada uno.

 

Le respondo tratando de que vean y validan mi punto, pero es en vano.

 

—´ ¿Tenedor y cuchara? No seas tonta Victoria, estamos hablando de tenedor para ensaladas, pastas, mariscos, entradas, postres. Si vas a hacer algo, hazlo bien.

 

No lo soporto más, lanzo la servilleta sobre la mesa y salgo de ese lugar, siento que me ahogo, que el aire me falta, es que esa mujer con el tono que me habla es insoportable, bueno fuera una hija entiende, mira se hace así, pero no, al contrario, me trata como si fuera un objeto, como una pieza de cambio.

 

—Déjame en paz, por favor, dame espacio para respirar.

 

—Hija, lo siento, solo quería que aprendieras para que los Wilson no se burlen de ti o te vean feo, solo por eso hija.

 

Decido no hacer nada y regresar, a regañadientes trato de entender cada cosa que dice hasta nota tomó, al final lo busco todo en internet.  Mi abuela luce contenta y eso es ganancia para mí, aunque mi madre digo, se supone que está enferma, debería lucir no sé así o eso creo, la veo normal, el color de su piel es un rosado, come como una persona sin ninguna enfermedad mortal haría, no la veo tocarse el pecho y decir mi corazón, mi corazón, como hacen en las películas, tal vez estoy siendo demasiado ingenua y creándome historias en mi cabeza.

 

DOS SEMANAS DESPUÉS

 

—Vic, no sé si haces bien, tu casada es algo fuera de este mundo, vestida de blanco con tus zapatillas de cristal.

 

—¿De cristal? Jamás, me conoces Virginia, llevo mis converts negras, las rojas no porque son mis favoritas, pero las negras para la ocasión, es un suicido, estaré de luto porque voy a matar mi libertad, mi vida entera, solo porque esa mujer está necesitando ese dinero y si algo le pasa, la abuela se muere y eso sí que no puedo permitir.

 

—Te voy a extrañar —Me abraza como si no nos volviéramos a ver, a  decir verdad, es mi única y mejor amiga—. Pero ahora que me pongo a pensar, estás lista para la noche de bodas, tú sabes.

 

Me levanté de golpe, había olvidado esa parte. ¡Santa cachucha! Sí, me toca un tipo viejo y horrible o del tipo todo misógino y nardenteal, puedo estar casándome, pero mi tesorito no está a la venta.

 

—lo siento amiga, tengo que correr a casa, había olvidado hablar con mi madre de algo.

 

Corro lo más que puedo, necesito un acuerdo prematrimonial o prenupcial, no sé cómo se dice, no me voy a someter a ningún hombre a que haga conmigo lo que le da la gana, me voy a casar con un desconocido, pero eso no quiere decir que seré la sumisa que seguro está pensando, qué tonta fui que no lo pensé antes.

 

Me acerco despacio a la casa de mi madre, la que está detrás de la casa de la abuela, lo hago muy sigilosa, no quiero que su esposo esté rondando como mosca, ese tipo y su pansota me tiene fastidiada, quien lo viera no pensaría que es un empresario en la miseria, al contrario, pero que voy a saber yo de esas cosas.

 

—Tu hijita no puede retractarse, tiene que pararse en ese altar y decir ACEPTO.

 

—Ella ya sabe.

 

—Tu corazón, tu débil corazón— Mientras se sirve un trago, es imposible. — ¿Quieres uno?

 

—Claro que sí, esa muchachita me exaspera, llevo todo este tiempo conteniendo el estómago de no vomitar al hacerla de mami— Debe ser una broma, mi madre no se expresaría así, si eso es una broma.  Vamos Victoria, es tu madre, jamás se jugaría con una enfermedad, no cuando mi abuela tiene el alma en un hilo y me lo pidió de manera encarecida.

 

Esa mujer es un monstruo, me tapo la boca para evitar que mi llanto se escuche, no quiero llorar, no debería darle ese privilegio, pero en el fondo, tenía la esperanza que de verdad haya venido arrepentida, que su enfermedad, la haya hecho darse cuenta del mal que me hizo, abandonándome como lo hizo, en cambio, ahora veo su verdadera cara, fui una estúpida.

 

—Menos mal que es una ignorante que a la justa acabó la primaria, porque, de lo contrario, hubiera pensado el contrato prenupcial.

 

—Mis padres son de bajos recursos, sabía que no le alcanzaría para más. Es dinero fácil, cariño. Sin ese contrato de por medio, con el dinero que nos dará el viejo, nos podemos largar lejos, muy lejos, para verla la cara de primate que tiene.



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En el texto hay: comedia, venganza, amor

Editado: 18.06.2024

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