Virginia Colt, Investigadora Privada

Cap. 4 El diario de Francis

Dan estaba tenso y sabía que ahora estaban en riesgo, llamó a la jefatura para informar sobre el asunto, Francis iba más allá, se lanzó a las calles a investigar, iba por las escuelas y veía si había alguien que correspondiera al patrón que buscaba.

Miró la foto de la muñeca con atención, nunca variaba, era la misma muñeca de siempre, solo tenía que saber si alguien daba esa muñeca a alguna niña.

 

Nidia veía a su esposo bastante tenso desde que habló con su hermano y eso no le gustó, entonces lo encaró:

—¿Me dirás qué sucede?

—No pasa nada, cariño.

—Hablaste con Francis la otra noche y ahora te veo preocupado.

Entonces le dijo a su esposa:

—Me informó de un caso y estoy pendiente de eso.

Ella se acercó preocupada y le preguntó:

—¿Qué caso?

—Es del asesino de niñas.

Ella se quedó impresionada:

—Desconocía que tu hermano vivió una pérdida como esa en su niñez, lo cierto es que ese sujeto está activo y todo indica que atacará en San Paul.

Ella solo pudo musitar:

—¿Aquí?

—Estoy preocupado, nuestra hija entra en el rango del asesino.

—Espera… ¿Virginia puede estar en peligro?

Estaba pálida.

—Cariño, no dejaré que nada malo le pase a nuestra hija—la abrazó—calma.

Esa noche Dan entró a ver a su pequeña loca, como le decía, ella peinaba su cabello. Sonrió de verla tan llena de vida:

—¿Cómo está mi reina?

—Mis pies me huelen a queso suizo y eso no es alentador en una niña como yo.

—Lo siento, ¿has hablado con tu mamá sobre eso?

—Parece que no lo suficiente…

Entonces le indicó que prestara atención:

—Virginia, siempre te digo que hay gente mala afuera, ahora más que nunca debes ser prudente.

—Lo soy.

—Me refiero a nada de andar separada del grupo, ni apartarte de lugares visibles, si algún desconocido se acerca preferiblemente corre y pide ayuda.

—Hablas como el tío Francis.

—Solo deseo cuidarte, no aceptes nada de extraños, te daré esto…—sacó un gas pimienta.

La niña lo miró fascinada:

—Esta rechulo.

—Si alguien intenta hacerte algo, lo usas, tienes mi permiso.

—Papá, eres el mejor papá del mundo—lo abrazó—siempre quise uno de estos.

—Virginia no es un juego, es para defensa.

—Defensa y ataque.

—Espero nunca tengas que utilizarlo.

Virginia pensaba lo contrario, deseaba emplearlo contra alguien, deseaba ver como sus ojos picaban y ardían.

 

Nidia daba vueltas en la sala cuando vio llegar a Francis:

—Hola.

—Francis, ¿cómo es eso de que ese sujeto atacará en nuestro pueblo?

No deseaba alarmarla, pero le debía sinceridad:

—Eso me temo.

—Virginia es tan solo una niña, no la quiero en medio de una persecución—lloraba.

—Hermana, hago de todo para proteger a Virginia y a todas las niñas del pueblo.

Ella meneó la cabeza:

—¿Nunca te detuviste?

—Nunca lo haré, hasta que lo detenga.

Ella asintió y fue a la habitación de su hija y la miró con miedo, no deseaba perder a su hija por nada del mundo.

 

Vigilados

Desde ese momento se dio una alerta y ahora las escuelas de San Paul estaban siendo vigiladas por policías que daban vueltas por la zona.

Francis sabía que ese sujeto no se daría por vencido y que haría de todo por cumplir su cometido y decidió darle otra clase a su sobrina:

—Virginia, te voy a enseñar algo más es sobre el lenguaje corporal, a veces con solo ver cómo actúa una persona, puedes saber si miente o no.

—Eso sería súper.
—Atenta entonces…—le hizo una seña—cuando tienes miedo al ver una película de terror qué haces.

Virginia no solía ver películas de terror porque terminaba cubriéndose con la colcha.

—En las escenas del miedo me tapo los ojos.

—Esa es una señal de miedo, pero cuando estés hablando con alguien fíjate, si se coge el rostro de alguna manera, principalmente la boca, sabemos que oculta algo.

Eso le sorprendió y se dio cuenta cómo su madre sabía que mentía.

—Rayos… Lo he estado haciendo todo mal.




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