Volver a amarnos

Parte 11

Pamela

La tranquilidad que me había dado descubrir aquella información me permitió regresar a la cama y darme el lujo de cerrar los ojos con mucha más calma de la que habría esperado sentir después de todo lo ocurrido. Por primera vez sentía que tenía algo a mi favor y que quizá no estaba completamente indefensa ante Kyle.

No sabía todavía cómo utilizaría aquello, pero tener una posibilidad me bastaba para poder descansar. Sin embargo, no había pasado demasiado tiempo cuando un pequeño ruido me despertó de golpe.

—Hijo... ¿Qué hora es? —pregunté todavía somnolienta—. Me quedé dormida. ¿Dónde está mami Flor? —inquirí al no verla, pero sí a Lyan despierto, mirando hacia la salida con cierta ansiedad.

Se encogió de hombros y miró hacia donde yo también dirigí la vista.

—Mami, tengo frío y el frío me hace sentir hambre.

Comprobé la hora y no pude evitar reír al descubrir que eran las ocho de la mañana. La explicación de mi hijo me había parecido tan graciosa que, por unos segundos, consiguió borrar todas mis preocupaciones. Lo jalé suavemente hacia mí, haciendo que cayera sobre mi vientre, y lo abracé con fuerza.

—Duchémonos antes de ir a comprar algo, mi vida.

—¿Te sientes mejor, mami?

—Mucho mejor, hijo. Y muy feliz de despertar contigo y con mami Flor a mi lado. Te amo. Ahora ve a ducharte primero.

Mientras Lyan se duchaba, decidí hacer la cama; al terminar, quise salir de la habitación para comprobar dónde estaba mami Flor. No tuve que buscar demasiado, porque me la encontré regresando.

—Te ves radiante, hija.

Quise responderle, pero en ese momento Lyan salió ya vestido y corrió a abrazarla. Ella aprovechó para peinarle el cabello, algo que a él le encantaba, y yo observé la escena con una sonrisa. Después le dejé un beso en la mejilla, entré a la ducha y, cuando salí, sin saber de qué habían hablado mientras estaba allí, tomé mi cartera con la intención de sacar el dinero que necesitaría. Procuré que no se notara mi preocupación por la cantidad que nos quedaba. Seleccioné algunos billetes y guardé el resto con cuidado.

Estaba a punto de salir de la habitación cuando escuché a mami Flor.

—¿Te sientes segura para salir, hija?

—Bastante. Además, Lyan tiene hambre y me da vergüenza buscar qué darle sin haber comprado nada. Si Zayra todavía está durmiendo, sería muy incómodo despertarla con el ruido. Comprar algo preparado para todos será lo mejor.

—Ya nos bebimos el primer café. Al igual que yo, ella se levanta temprano, así que seguramente ya tiene el desayuno listo. Permíteme organizarme para ir con ustedes. Y no te preocupes por el dinero, hija. Le di algo para los gastos. Ya sabes que no soy desconsiderada; no iba a aprovecharme de su amabilidad.

Asentí, aliviada de saber que mami Flor había pensado en aquello. Mientras ella se organizaba, me senté con Lyan y aproveché para observarlo. Parecía mucho más tranquilo que el día anterior, aunque sus preguntas no tardaron en regresar.

—Me gusta cuando estás feliz, mami. Te ves muy hermosa. ¿Podemos conocer más lugares ahora que estás feliz?

—Sí, hijo. Como encontramos a mami Flor, posiblemente pueda llevarte a conocer algunos lugares. Pero no es una promesa, ¿de acuerdo? Solo es una posibilidad.

Él asintió con una sonrisa, me abrazó y dejé un beso sobre su coronilla.

—Mami, ¿le puedo pedir a Kyle que me lleve a conocer a mi papá? Sabes que él me dijo que tenía muchos lugares para llevarme porque somos mejores amigos —dijo emocionado, con una ilusión que me resultaba difícil ignorar—. Mami, Kyle dijo que conoce a mi papá, que es un secreto entre nosotros. ¿Es verdad que son amigos? ¿Crees que mi papá lo mandó para llevarme?

La rabia me subió en caliente hasta las mejillas, pero decidí mantener la calma. Ahora sabía algo que podía utilizar a mi favor y no iba a permitir que mi enojo me hiciera perder el control frente a mi hijo.

—¿Qué más te dijo Kyle?

Lyan se quedó pensativo durante unos segundos, tratando de recordar cada palabra.

—Que a mi papá también le gusta jugar fútbol, que me quiere mucho y que pronto lo conoceré. Dijo que no me ha llamado porque está muy lejos, que se fue a otro país. Quiero visitarlo. ¿Kyle puede llevarme? Te prometo que me portaré bien si dices que sí.

Suspiré profundamente.

¿Cómo se atrevía a decirle semejantes mentiras a mi hijo? ¿Cómo podía ser tan inconsciente? No solo estaba jugando con mis sentimientos; estaba confundiendo a un niño de seis años que confiaba en él.

—Ya eres un buen niño, mi amor. En cuanto a tu padre, lo conocerás cuando Dios lo permita. No sé cuánto te quiere tu padre, pero yo te amo desde esta vida hasta todas las que puedan existir. Eres mi pequeño príncipe.

—No, mami. No quiero ser un príncipe. Quiero ser futbolista. Me gusta mucho el fútbol, como a Kyle.

Se puso de pie y comenzó a mostrarme algunos de los pases que Kyle le había enseñado. Lo hacía con tanta emoción que no pude evitar recordar que, sin saberlo, estaba imitando a su propio padre.

Me contuve y mantuve un tono neutro.

—Está bien, cielo. Serás lo que quieras ser, pero también eres mi príncipe. Lyan, amaneciste con muchas preguntas hoy.

—Mira, mami, ya mami Flor está lista. ¿Podemos ir a comer? Tengo hambre.

Lo abracé y agradecí que mami Flor saliera en ese momento. No me gustaba mentirle a mi hijo, pero tampoco pretendía seguirle el juego a Kyle. Aun así, una parte de mí no dejaba de preguntarse si estaba haciendo lo correcto. Si le estaba ocultando la verdad para protegerlo o simplemente intentando protegerme a mí misma de enfrentar lo que significaría decirle que aquel hombre al que admiraba era el padre que lo había abandonado.

Salimos de la habitación. Zayra estaba viendo las noticias y, justo en ese momento, volvieron a hablar del escándalo de Kyle. Lyan lo escuchó y comenzó a tirar de mi mano con entusiasmo.




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