Pamela
Por un momento, el estrés comenzó a ganarme. Seguramente, al no encontrarnos, Kyle pensaría que había escapado con Lyan y, conociendo a su familia y las amenazas que me había hecho, temía lo peor. Aunque ahora tenía una ventaja, antes necesitaba descubrir cómo utilizarla. Sabía que, para cubrir su mentira y mantener la imagen que había construido, estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario, incluso mover sus influencias para intentar quitarme a mi hijo.
—Mami, tenemos que darnos prisa —le susurré a mami Flor, recordando de repente que Kyle pasaría aquel día para conocer mi respuesta y también sus amenazas.
—Es cierto, hija. Vayan a recoger sus cosas. Yo me encargaré de ayudar a organizar la cocina.
Dejé un beso en la frente de mi madre y le sonreí a su amiga antes de pedirle a Lyan que me acompañara a la habitación. La preocupación me llevó a meter nuestras cosas con prisa, sin preocuparme demasiado por el orden. Solo quería salir de allí cuanto antes.
—Mami, ¿por qué estás apurada?
—Porque no quiero que lleguemos tarde, hijo. Tenemos que estar en el pueblo.
Él no dijo nada y comenzó a ayudarme a organizar la cama. Una vez que terminamos, salimos de la habitación. Mami Flor ya había terminado de ordenar y esperaba con su amiga. Se despidió de Zayra, quien pidió un taxi y nos acompañó hasta la puerta.
Nos despedimos una vez más de ella, agradeciéndole su hospitalidad. Por suerte, el taxi llegó poco después. Durante el trayecto, Lyan permaneció en silencio. Me dolía verlo triste, sobre todo porque sabía que parte de aquello se debía a que había tenido que decirle que regresaríamos al pueblo.
Llegamos a la estación y compramos los boletos, pero no había ninguna salida disponible hasta las tres de la tarde. Me desesperé al escuchar la hora. Caminaba de un lado a otro mientras mami Flor intentaba tranquilizarme y hasta se disculpó, pensando que todo aquello era culpa suya.
—No tienes nada que ver —le dije al verla asumir nuevamente una responsabilidad que no le correspondía—. No podíamos saber que ocurriría todo esto.
Ella asintió y nos sentamos a esperar. Lyan quería salir a pasear, pero el temor de que alguien pudiera reconocerlo, compararlo con Kyle o acercarse a nosotros hizo que prefiriera mantenernos dentro de la estación. No quería correr ningún riesgo cuando ni siquiera sabía cuál sería el siguiente movimiento de Kyle.
Los minutos pasaban con una lentitud desesperante. Aquellas cuatro horas de espera parecían no terminar nunca.
Finalmente llegó la hora. Subimos al autobús y decidí hacerle caso a mami Flor cuando intentó devolverme un poco de calma.
—No puedes hacer nada, hija. Nos toca esperar. Además, recuerda que ya tienes una ventaja.
Reí ligeramente al darme cuenta de que nos turnábamos para caer en la negatividad y luego intentar sacarnos una a la otra de ella.
—Tienes razón.
No podía cambiar lo que estaba ocurriendo por mucho que me desesperara. Solo debía esperar y pensar con claridad. Ahora sabía que, más que querer realmente a mi hijo, Kyle buscaba algo que tenía mucho más que ver con él y con la imagen que necesitaba mantener. Y, por primera vez, yo tenía en mis manos la decisión de cómo avanzaría su carrera y hasta qué punto estaba dispuesta a colaborar con aquella mentira.
—Por primera vez tienes la ventaja —continuó mami Flor—. Además, recuerda que prometiste no volver a ser aquella mujer a la que pisotearon. Cuentas conmigo.
—¿De qué hablan? —preguntó Lyan, que había dejado de mirar por la ventana para buscar mi rostro.
—Cosas de adultas, hijo.
Mami tenía razón. Cuando una persona se siente acorralada, es fácil concentrarse únicamente en lo negativo y dejar que el desespero haga que las soluciones parezcan insignificantes. Yo no podía permitirme caer nuevamente en eso. Había pasado demasiados años sintiendo que no tenía opciones. Esta vez sí tenía una.
Lyan se recostó sobre mis piernas y terminó quedándose dormido. Ya habían pasado dos horas de trayecto y mami Flor también se había quedado dormida. Yo, en cambio, no podía dejar de pensar.
De repente, volvió a mi mente todo lo que me había contado Marlene. Si realmente le habían mentido a Kyle, ¿por qué seguía actuando como un cobarde? ¿Por qué había regresado ahora, después de seis años, en lugar de buscarme cuando tuvo la oportunidad? Si durante tanto tiempo había creído que Lyan no era suyo, ¿por qué de repente quería hacerle creer al mundo que éramos una familia unida?
Intenté encontrar una explicación, pero ninguna terminaba de convencerme. No conseguí dormir y tampoco pude distraerme mirando por la ventana. La oscuridad había cubierto el paisaje y apenas podía distinguirse algo en el exterior. Todavía nos faltaban unas dos horas para llegar y mami Flor ya se había despertado.
Comenzamos a hablar en voz baja sobre todo lo que estaba ocurriendo y sobre las posibilidades que teníamos. No llegamos a una conclusión definitiva, pero ambas coincidimos en algo: no podíamos actuar impulsivamente. Si quería enfrentar a Kyle, debía hacerlo con inteligencia.
Después de un rato decidí despertar a Lyan. Si seguía durmiendo, sería mucho más difícil conseguir que descansara durante la noche. Le di algo de beber y, apenas abrió los ojos, comenzaron nuevamente sus preguntas sobre su padre. Me ponía nerviosa cada vez que mencionaba el tema, pero respondí con cuidado, procurando no decir nada que pudiera revelar una verdad para la que todavía no estaba preparada.
Finalmente, llegamos al pueblo y buscamos transporte para regresar a casa.
—Qué alivio estar de regreso, hija. Ya no me acostumbro a la ciudad. Hay demasiado ruido y parece que la gente siempre se levanta de mal humor. Es mucho más relajante volver.
—Sí, madre. La vida aquí es mucho más tranquila. Se puede respirar mejor y nadie está pendiente de la vida de los demás. En la ciudad todo parece más acelerado.